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	<title>FOGONEROS&#187; Formación</title>
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	<description>ORGANIZACIÓN DE LIBERACIÓN NACIONAL Y SOCIAL</description>
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		<title>Boletín 19 de Julio &#8211; Homenaje a los combatientes del PRT-ERP</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Jul 2010 02:37:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fogonero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Formación]]></category>

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		<description><![CDATA[Descargá el Boletín presionando sobre la imagen]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">Descargá el Boletín presionando sobre la imagen<a href="http://www.scribd.com:80/doc/34922766/Boletin-19-de-Julio-PRT-ERP" target="_blank"><img class="aligncenter size-full wp-image-1112" title="19 de julio" src="http://www.fogoneros.org/wp-content/uploads/2010/07/19-de-julio.jpg" alt="" width="350" height="496" /></a></p>
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		<title>&#8220;Che&#8221; Guevara Discurso en la ONU 1964</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Sep 2009 16:52:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fogonero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Formación]]></category>

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		<description><![CDATA[]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.fogoneros.org/2009/09/26/che-guevara-discurso-en-la-onu-1964/"><em>Pinche aquí para ver el vídeo</em></a></p>
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		<title>Las Resoluciones del Cuarto Congreso (PRT)</title>
		<link>http://www.fogoneros.org/2009/08/03/las-resoluciones-del-cuarto-congreso-prt/</link>
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		<pubDate>Mon, 03 Aug 2009 23:27:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fogonero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Formación]]></category>

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		<description><![CDATA[[25 y 26 de febrero de 1968] Partido Revolucionario de los Trabajadores   EL ÚNICO CAMINO HASTA EL PODER OBRERO Y EL SOCIALISMO Carlos Ramírez [Mario Roberto Santucho] Sergio Domecg [Oscar Demetrio Prada] Juan Candela [Félix Helio Prieto]   Documento del IV Congreso Capítulo I: El Marxismo y la cuestión del poder Capítulo IV: Nuestra [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><a href="http://www.fogoneros.org/wp-content/uploads/2009/08/Santucho_merlo_molina.gif" rel="lightbox[414]"><img class="alignleft size-medium wp-image-417" title="Santucho_merlo_molina" src="http://www.fogoneros.org/wp-content/uploads/2009/08/Santucho_merlo_molina-300x203.gif" alt="Santucho_merlo_molina" width="300" height="203" /></a>[25 y 26 de febrero de 1968]</p>
<p style="text-align: right;">Partido Revolucionario de los Trabajadores</p>
<p style="text-align: right;"> </p>
<p style="text-align: right;">EL ÚNICO CAMINO HASTA EL PODER OBRERO Y EL SOCIALISMO</p>
<p style="text-align: right;">Carlos Ramírez [Mario Roberto Santucho]</p>
<p style="text-align: right;">Sergio Domecg [Oscar Demetrio Prada]</p>
<p style="text-align: right;">Juan Candela [Félix Helio Prieto]</p>
<p style="text-align: right;"> </p>
<p style="text-align: right;">Documento del IV Congreso</p>
<p style="text-align: right;">Capítulo I: El Marxismo y la cuestión del poder</p>
<p style="text-align: right;">Capítulo IV: Nuestra estrategia y tácticas nacionales deben partir de las características de nuestra revolución</p>
<p style="text-align: right;"> </p>
<p><strong>EL MARXISMO Y LA CUESTIÓN DEL PODER</strong></p>
<p> </p>
<p>A) ALGUNAS TESIS GENERALES SOBRE EL PROBLEMA DE PODER Y LUCHA ARMADA</p>
<p> </p>
<p>Comencemos por el principio: ¿cuáles son los requisitos generales que todo marxista revolucionario debe exigir cuando se consideran los problemas de la estrategia de poder y de lucha armada?</p>
<p> </p>
<p>1) En primer lugar debemos hacer un análisis de la situación económica capitalista mundial y de la lucha revolucionaria internacional, teniendo en cuenta que la revolución socialista es internacional por su contenido y nacional por su forma.</p>
<p>Debemos pasar luego a efectuar un análisis de la situación económica y de la lucha revolucionaria en la región y el país, tomando en cuenta el desarrollo de las fuerzas productivas que nos permitirá tener un primer criterio para establecer las posibilidades de una “verdadera” revolución (si el capitalismo aún puede desarrollar o no las fuerzas productivas), la existencia o no de clases revolucionarias, la relación entre la superestructura política y la estructura social, el desarrollo desigual de la economía y las fuerzas revolucionarias país a país, región a región, etc; y las posibles combinaciones concretas de factores tanto económicos como políticos, etc.</p>
<p>Este análisis nos permite establecer: a) las posibilidades de desarrollo de la revolución y su ritmo desigual en las distintas regiones del mundo y en el país, b) cuál es la clase revolucionaria y sus posibles aliados, c) cuál es la combinación específica de tareas y consignas de la revolución en sus distintas etapas (tareas democráticas, socialistas, nacionalistas, etc. ) para cada región y país.</p>
<p>2) En segundo lugar debemos hacer un análisis de la relación de fuerzas entre las clases. Debemos ver el grado de organización y cohesión de las fuerzas sociales contrarrevolucionarias, la complejidad y nivel de su Estado, el desarrollo de la técnica militar y el ejército, sus contradicciones internas, tanto en el orden nacional como internacional. Debemos ver también el grado de organización y fuerza de las clases revolucionarias, su experiencia y conciencia revolucionaria, si han logrado construir un sólido partido revolucionario, si han logrado desarrollar una fuerza militar y las características de esta fuerza (si es poderosa o débil, etc.). Este segundo aspecto, -respecto al cual en general hemos tenido una actitud superficial-, en combinación con el primero nos permitirá establecer: a) la dinámica futura de la lucha revolucionaria (si será corta o prolongada, si será una guerra nacional o civil o una combinación de ambas, las características que adquirirá la lucha en cada período de acuerdo a las formas específicas de lucha de cada clase y a la relación de fuerzas existente). Es muy importante este análisis ya que de él dependen las tareas y la política que nos demos en cada etapa y nos permite establecer las características de ésta y su estrategia (defensiva u ofensiva, de lucha armada parcial o generalizada, etc.) teniendo en cuenta no sólo las necesidades de la etapa actual, sino la preparación de nuestras fuerzas para la que le sigue; b) las condiciones concretas para la victoria de la revolución que varían de país a país y difieren en cada época histórica.</p>
<p>Resumiendo: para establecer las bases de una estrategia de poder debemos considerar las condiciones que abarcan la situación económica, política y militar de conjunto: en el mundo, en el continente, en la región y en el país. Del estudio de la situación de conjunto podemos formarnos una idea clara de las etapas y faces de la guerra revolucionaria, de las tareas principales y secundarias en cada etapa, de su duración aproximada, de sus características políticas y militares y de la forma y condiciones en que se producirá la toma del poder por la revolución. Todo este conjunto es lo que denominamos estrategia de poder político y militar.</p>
<p>Sin una apreciación justa de la situación de conjunto, -estratégica-, y de las varias fases o etapas que la componen, el partido procederá a ciegas y no podrá dirigir a las masas a la victoria de la revolución. Permanecerá atado a la empiria de lo inmediato, en la convicción de el éxito estratégico de la revolución es la mera suma aritmética de éxitos parciales tácticos; sin tener en cuenta el factor determinante del resultado de la guerra revolucionaria: la atención que se debe prestar al conjunto de la situación, incluyendo las diversas etapas. Por que la comprensión del conjunto nos facilita el manejo de las partes integrantes del todo, siendo la única posibilidad de no perderse en la visión meramente táctica de las etapas y caer en el aventurerismo o en el oportunismo.</p>
<p>Pasemos ahora al segundo punto de la cuestión: una vez establecida nuestra estrategia, nuestra visión del conjunto de la situación y de las distintas etapas y fases, parciales, se nos planteará el problem a de las distintas formas de lucha y de la táctica militar, adecuadas a cada etapa y vinculadas con la estrategia.</p>
<p>Veamos también algunas tesis generales del marxismo para encarar estos problemas:</p>
<p>a) el marxismo revolucionario, a diferencia de todas las otras tendencias políticas, toma en consideración todas las formas de lucha de clases revolucionarias, sin desechar a ninguna. (Los sindicalistas toman solamente la huelga económica aún con la aplicación de “métodos contundentes”, los reformistas la lucha legal y parlamentaria, los anarquistas -por lo menos en la época en que existían, el terrorismo, etc.). No las “inventa”, las toma del curso general de la lucha revolucionaria “generalizando, organizando e infundiendo conciencia” (Lenin: “La guerra de guerrillas”); b) el marxismo exige que enfoquemos las formas de lucha de acuerdo a las condiciones históricas concretas de la etapa en que vive la revolución y de acuerdo a esas condiciones, determina cuales son las fundamentales y cuales las accesorias (por ej.; en un sentido general: en épocas de auge y estabilidad del régimen burgués pueden considerarse como formas fundamentales el parlamentarismo y el sindicalismo; en épocas de crisis del régimen burgués, la lucha armada y la insurrección etc.), correspondiendo al partido revolucionario orientar y dirigir a las masas a las formas de lucha más convenientes de acuerdo a la estrategia general del poder y a las características de la etapa; c) el marxismo no se limita a las formas de lucha posibles y existentes en un momento dado, ya que reconoce la inevitable necesidad de formas nuevas de lucha al cambiar las condiciones históricas.</p>
<p>Y tomando en cuenta el desarrollo desigual y combinado de la revolución, reconoce que en muchas ocasiones, las formas de lucha necesarias para enfrentar un nuevo período, son tomadas con cierto retraso por las masas debido al peso de inercia de la etapa anterior. La misión del revolucionario entonces, es tratar de difundir y organizar a las masas en las formas de lucha mas adecuadas a cada etapa de la revolución.</p>
<p>Sin olvidar, ni por un instante, todos los aspectos mencionados, debemos señalar otro aspecto, que se supedita a la estrategia de poder y a las formas de lucha más convenientes para cada período y que tanto Lenin como Engels “se cansaron de repetir, esforzándose en llevarlo a la comprensión de los marxistas”: “La táctica militar depende del nivel de la técnica militar”. Lenin nos explica prácticamente la aplicación de este principio al señalar: “La técnica militar no es hoy la misma que a mediados del siglo XIX. Sería una necedad oponer la muchedumbre a la artillería y defender las barricadas a tiro de revolver” (todas estas citas son de “Enseñanzas de la insurrección de Moscú”). El partido entonces, también debe desempeñar un papel dirigente para desarrollar las modernas tácticas militares, derivadas del nivel de la técnica militar.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong>B) EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA ESTRATEGIA DE PODER Y LUCHA ARMADA EN EL MARXISMO REVOLUCIONARIO</strong></p>
<p> </p>
<p>Enunciados ya los principios generales a tener en cuenta para encarar el estudio de la estrategia de poder y de lucha armada, intentemos hacer una reseña histórica que nos permita ver como resolvieron estos problemas, en las condiciones concretas de su tiempo y sus países, los grandes dirigentes y teóricos del marxismo revolucionario.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong>MARX Y ENGELS</strong></p>
<p> </p>
<p>Establecieron una estrategia para la toma del poder por la clase obrera, basada en las condiciones de desarrollo de las fuerzas productivas y de la técnica militar propia de la Europa del siglo pasado. Debemos distinguir dos períodos: sus concepciones hasta 1895 y a la concepción de Engels a partir de 1895. Hasta 1895, para Marx y Engels el problema consistía en que el proletariado, en una acción insurreccional, rápida y violenta, en la que arrastrara tras de sí a las capas intermedias de las grandes ciudades se adueñara de las calles mediante la lucha de barricadas. El fin que se perseguía mediante esta lucha, no era una “victoria como el combate entre dos ejércitos”, lo que sería, según Engels “una de las mayores rarezas” (del “Prologo a la Lucha de clases en Francia de 1848 a 1850”. Engels, 1895) sino hacer “flaquear a las tropas mediante factores morales, que en la lucha entre los ejércitos entre dos países beligerantes no entran nunca en juego, o entran en un grado mucho menor. Si se consigue este objetivo, la tropa no responde, o los que la mandan pierden la cabeza; y la insurrección vence. Si no se consigue, incluso cuando las tropas sean inferiores en número, se impone la ventaja del mejor armamento y de la instrucción, de la unidad de la dirección, del empleo de las fuerzas con arreglo a un plan y de la disciplina”.</p>
<p>Ellos habían estructurado esta estrategia tomando en cuenta las siguientes consideraciones: 1) el carácter casi exclusivamente obrero y urbano de la revolución, 2) la agrupación de la totalidad de las capas intermedias en torno al proletariado y la juventud y pujanza del socialismo que era identificado con los más románticos ideales del liberalismo, 3) la debilidad de las fuerzas militares y el armamento de la burguesía. (En su época no existía el imperialismo).</p>
<p>Cuando en 1895, Engels hace el balance de las grandes revoluciones obreras habidas en el siglo, hace un replanteo de esta estrategia a la luz de los siguientes cambios producidos -desde que él y Marx la elaboraron hasta este momento-: 1) ya en 1849 “la burguesía se había colocado en todas partes al lado de los gobiernos”; además “una insurrección con la que simpaticen todas las capas del pueblo se da ya difícilmente; en la lucha de clases, probablemente ya nunca se agruparan la capas medias en torno al proletariado de un modo tan exclusivo que el partido de la reacción que se congrega en torno a la burguesía, constituya, en comparación con aquellas, una minoría insignificante. El “pueblo” aparecerá, pues, siempre dividido, con lo que faltará una formidable palanca, que en 1848 fue de una eficacia extrema”; por último “la barricada había perdido su encanto; el soldado ya no veía detrás de ella al pueblo, sino a rebeldes, a agitadores, a saqueadores, a partidarios del reparto, la hez de la sociedad”. 2) el crecimiento de los ejércitos y la preparación especial para la lucha contrarrevolucionaria. 3) el desarrollo de los ferrocarriles que otorgaban capacidad de grandes concentraciones militares en poco tiempo. 4) la aparición del fusil a repetición muy superior a las escopetas de caza, incluso “a las carabinas de lujo de las armerías” y el nuevo trazado de las calles, “largas, rectas y anchas, como de encargo para la eficacia de los nuevos cañones y fusiles”. La conclusión que saca Engels de su propio análisis es la siguiente: “La época de los ataques por sorpresa, de las revoluciones hechas por pequeñas minorías conscientes a la cabeza de las masas inconscientes, ha pasado. Allí donde se trate de una transformación completa de la organización social, tienen que intervenir directamente las masas, tienen que haber comprendido ya por sí mismas de que se trata, porque dan su sangre y su vida”. “Por tanto, una futura lucha de calles sólo podrá vencer si la desventaja de la situación (se refiere a los puntos más arriba enumerados) se compensa por otros factores. Por eso se producirá con menos frecuencia en los comienzos de una gran revolución, que en el transcurso ulterior de ésta y deberá emprenderse con fuerzas más considerables y estas deberán, indudablemente (&#8230;), preferir el ataque abierto a la táctica pasiva de barricadas” (los subrayados son nuestros).</p>
<p>Consecuente con este análisis, Engels preconiza la importancia de que la social-democracia europea aproveche la posibilidad de crecimiento que le otorga la legalidad, “la utilización del sufragio universal”, ya que “los socialistas van dándose cada vez más cuenta de que no hay para ellos victoria duradera posible a menos que ganen de antemano a la gran masa del pueblo lo que aquí equivale a decir, los campesinos. El trabajo lento de propaganda y la actuación parlamentaria se han reconocido también aquí (en Francia) como la tarea inmediata del partido”.</p>
<p>La dirección oportunista de la social-democracia alemana, aprovecho este trabajo de Engels, al que incluso publicó en forma fragmentaria y desfigurada, “escogiendo todo lo que podía servirle para defender una táctica de paz a ultranza y contraria a la violencia”, (carta de Engels a P. Lafargue, del 3 de abril de 1895). No decimos que el trabajo de Engels haya provocado la degeneración reformista de la social-democracia europea; esta degeneración se produjo por causas sociales, pero apoyándose entre otras cosas en él, la social-democracia alemana desarrolló toda su concepción parlamentaria y reformista.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong>LENIN</strong></p>
<p> </p>
<p>Contra el reformismo de la social-democracia, elaboró para las condiciones concretas de Rusia una nueva estrategia de poder, que si bien tomaba elementos de la concepción clásica, difería fundamentalmente de ésta en varios aspectos. Continúa la concepción clásica de poder al considerar que en condiciones concretas de Rusia, la toma de poder se produciría mediante una insurrección general, de carácter obrero y urbano, en la cual la clase obrera acaudillaría al campesino que se encontraba desarrollando su propia revolución agraria, y en forma similar a las grandes revoluciones europeas del siglo anterior, ganaría sectores amplios del ejército zarista y con las armas y soldados ganados a éste, instauraría el poder revolucionario.</p>
<p>Pero Lenin introduce varios elementos nuevos en la concepción de la insurrección:</p>
<p>1) La victoria de la Revolución no se producirá como consecuencia de una acción insurreccional rápida, sino que será el resultado de una guerra civil prolongada. Ante la apreciación de Kautsky: “la futura revolución&#8230;se parecerá menos a una insurrección por sorpresa contra el gobierno que una guerra civil prolongada”, Lenin responde: “En efecto, así sucedió ¡Así sucederá también en la futura revolución europea! (Lenin: Informe sobre la Revolución de 1905, 9-1-17).</p>
<p>¿Que característica tendría para Lenin esta guerra civil prolongada? En su trabajo “La guerra de guerrillas” escrito en 1906 lo explica del siguiente modo: “Las formas de lucha de la revolución rusa se distinguen por su gigantesca variedad, en comparación con de las revoluciones burguesas de Europa. Esto ya lo había previsto en parte Kautsky, cuando dijo en 1902, que la futura revolución (a lo que añadía: tal vez con excepción de Rusia) sería no tanto la lucha del pueblo contra el gobierno, como la lucha entre dos partes del pueblo. No cabe duda de que en Rusia nos encontramos con un desarrollo más extenso de esta segunda lucha que en las revoluciones burguesas occidentales&#8230;”. “Es completamente natural e inevitable que la insurrección revista las formas más altas y complicadas de una larga guerra civil extensiva a todo el país, es decir, de una lucha armada entre dos partes del pueblo. Esta guerra no podemos concebirla más que como una larga serie de grandes batallas separadas unas de otras por períodos de tiempo relativamente largos, y una gran cantidad de pequeños encuentros librados a lo largo de estos intervalos. Y siendo esto así, -como así es, indudablemente- la social-democracia debe indefectiblemente plantearse como tarea la creación de organizaciones capaces de dirigir en el mayor grado posible a las masas, tanto en las grandes batallas como, dentro de lo posible, en los pequeños encuentros”.</p>
<p>Lenin consideraba que la insurrección triunfaría después de una guerra civil prolongada, porque sostenía que el proletariado partía de una situación de debilidad, frente a un poder estatal fuerte y poderosamente organizado. Que en el curso de la guerra civil prolongada el proletariado iría adquiriendo fuerza y experiencia, iría formando un partido fuerte, templado en la acción, clandestino y centralizado, y a la vez, un ejército revolucionario templado tanto en las “grandes batallas” de las épocas de auge revolucionario, como en la “gran cantidad de pequeños encuentros” (guerra de guerrillas) librados en los largos períodos de retroceso revolucionario.</p>
<p>Cuando el proletariado hubiera adquirido la suficiente experiencia, creado su partido fuerte y templado y su ejército revolucionario; cuando la burguesía se hubiera descompuesto suficientemente, principalmente su ejército y se hubiera enajenado el apoyo de las capas intermedias; recién entonces la insurrección triunfaría.</p>
<p>Para Lenin, entonces la revolución era una espiral ascendente, con ascensos revolucionarios, descensos provocados por los fracasos, pero en los cuales las clases revolucionarias conservaban un nivel superior de experiencia y organización que las colocaba en un escalón superior para el nuevo ascenso. Esta espiral sólo podía cortarse si la burguesía lo graba resolver los problemas de desarrollo de las fuerzas productivas.</p>
<p>2) Lenin, juntamente con Trotsky determinan las condiciones generales para el triunfo de la revolución en Rusia (extensibles en general, a la Europa de su tiempo).</p>
<p>Estas eran las siguientes. Primera: “La incapacidad del régimen social existente para resolver los problemas fundamentales del desarrollo de un país (Trotsky. Historia de la Rev. Rusa. T. II). Segunda: La existencia de “una clase capaz de tomar las riendas de la nación para resolver los problemas planteados por la historia” (Idem). Esta clase, el proletariado, sería “capaz” de tomar las riendas de la nación cuando tuviera una “nueva consciencia política” (revolucionaria), hubiera creado un partido y un ejército revolucionario y organismos de poder dual. Tercera: “el descontento de las capas intermedias” y “su inclinación a sostener la iniciativa audazmente revolucionaria del proletariado” (Idem). Cuarta: “el partido revolucionario, como vanguardia sólidamente unida y templada de la clase” (Idem). Quinta: “la combinación del partido con los soviets o con otras organizaciones de masas que de un modo u otro los equivalgan” (Idem); y Sexta: la existencia de un ejército revolucionario ya que, “sin ese ejército la victoria de la insurrección es imposible” (Lenin: “La última palabra de la táctica Iskrista”).</p>
<p>3) Podemos decir que los elementos tácticos de fundamental importancia que Lenin agrega a la concepción clásica (tácticos porque son subordinados a la estrategia de guerra civil prolongada) son los siguientes: a) el ya conocido planteo de la necesidad de un fuerte partido centralizado, clandestino y dirigido por profesionales, b) que la lucha armada se libra en todas las etapas, tanto en las “grandes batallas”, como en las épocas de retroceso bajo la forma de “una gran cantidad de pequeños encuentros” (denominados por Lenin, guerra de guerrillas), c) la necesidad para la victoria de la revolución, de un ejército revolucionario, organizado a partir de la preparación militar del propio partido y la creación de destacamentos armados del proletariado (para lo cual el partido debía llevar una incasable tarea de propaganda, agitación y organización), que irían haciendo su experiencia militar en múltiples “acciones guerrilleras”, en el “proceso difícil, complejo y largo de la guerra civil prolongada” y que en el alza insurreccional lograrían el armamento del proletariado y el paso a su bando de sectores del ejército reaccionario. Estos destacamentos actuarían bajo la orientación del partido y sus acciones tenderían no sólo a su desarrollo militar, sino al aseguramiento de la actividad partidaria mediante la eliminación física de sus enemigos y el apoyo financiero mediante las expropiaciones, d) el llamado a la insurrección general sólo debía hacerse cuando hallan “madurado las condiciones generales de la revolución”, cuando se “hallan revelado en formas definidas el estímulo y la disposición de las masas a la acción”, cuando “las circunstancias exteriores (objetivas) hayan desembocado en una crisis evidente” y cuando existiera “un ejército revolucionario fuerte y preparado”.</p>
<p>4) Desde el punto de vista estrictamente militar, Lenin hace un extraordinario aporte táctico. Vimos que Engels había demostrado la imposibilidad de defender posiciones militares, al menos en las primeras etapas de la revolución, cuando el ejército burgués aún no había entrado en una crisis total. Pero Engels no dio una solución militar a este problema. Lenin parte de la conclusión fundamental alcanzada por Engels: “La táctica militar depende del nivel de la técnica militar” y lo desarrolla así: “la técnica militar no es hoy que a mediados del siglo XIX. Sería una necedad oponer la muchedumbre a la artillería y defender las barricadas a tiro de revolver.</p>
<p>Kautsky tenía razón al escribir que ya es hora, después de Moscú de revisar las conclusiones de Engels y que Moscú ha hecho surgir “una nueva táctica de barricadas”. Esta táctica era la de la guerra de guerrillas. La organización que dicha táctica imponía eran los destacamentos móviles y extraordinariamente pequeños: grupos de diez, de tres e incluso de dos hombres”. (Enseñanzas de la insurrección de Moscú 29-8-05). Como vemos Lenin es el descubridor y propulsor de la guerrilla urbana, reemplazando con ella la guerra de posiciones que había tratado de sostener hasta entonces el proletariado contra ejércitos superiores en armamento y organización.</p>
<p>Cuando se dan el cúmulo de condiciones y situaciones previstas por Lenin, la revolución triunfa. Posteriormente a ese triunfo se organiza el Ejército rojo y su columna vertebral pasa a ser constituida por el viejo ejército revolucionario (o Guardia Roja) construido por los bolcheviques en el curso de la revolución. La guerra civil y antiimperialista, se produce después de la toma del poder, para responder a la agresión combinada de sectores de la burguesía rusa y el imperialismo.</p>
<p>Toda la concepción estratégica y táctica del leninismo condujo a la clase obrera y al campesino ruso al triunfo, se reveló correcta en la práctica, último criterio de verdad para el marxismo, porque partía de una caracterización justa de la dinámica de la revolución y del nivel de la técnica militar de su época.</p>
<p>Lenin estableció con precisión cuál era la clase de vanguardia en la sociedad rusa: el proletariado industrial y cuál era su sector de vanguardia: el proletariado de Petrogrado, Riga y Varsovia; cuál su aliado fundamental: el campesino y cuál la forma de destruir el ejército de la burguesía: el trabajo político sobre su amplia base de soldados obreros y campesinos, combinados con enfrentamientos directos, con una “guerra de guerrillas” llevada a cabo por los destacamentos armados del proletariado, en el curso de la cual se construyó el ejército revolucionario que fue la “fuerza material” que aseguró la victorias de la revolución.</p>
<p>Toda esta concepción se ajustaba como un guante a las condiciones de Rusia, país agrario de desarrollo capitalista, con un gobierno autocrático que arrojaba amplios sectores de las clases medias en brazos del proletariado, con un ejército desgastado en años de guerra inter-imperialistas, cuya base estaba constituida por soldados obreros y campesinos sedientos de “pan, paz y tierra” y en una época en que la revolución tenía que vérselas fundamentalmente con sus enemigos nacionales y con su ejército, cuyo armamento y técnica eran acordes con el desarrollo de las fuerzas productivas nacionales, ya que las contradicciones inter imperialistas impedían la existencia de un gendarme de la contra revolución mundial.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong>TROTSKYSMO</strong></p>
<p> </p>
<p>Nuestro movimiento surge luchando por mantener vivas las concepciones revolucionarias del marxismo-leninismo, en la etapa de degeneración del marxismo bajo la égida del stalinismo y de aplastamiento de la revolución europea.</p>
<p>Su programa para esta última, y para la lucha contra el fascismo fue esencialmente correcto; pero la liquidación física de sus mejores cuadros por la represión fascista y stalinista, debilitó hasta la agonía las posibilidades de vinculación del programa correcto con las masas: la organización revolucionaria.</p>
<p>Nuestro Programa de Transición es muy cauto en el desarrollo de los problemas estratégicos de poder, y los resuelve planteando que “es imposible prever cuáles serán las etapas concretas de la movilización revolucionaria de las masas” por un lado y desarrollando del modo más perfecto logrado hasta el presente por el marxismo, las tareas transitorias del proletariado, entre ellas la creación de destacamentos armados y milicias obreras, como embriones del futuro ejército proletario.</p>
<p>En donde se torna evidente la ausencia de una clara estrategia de poder de nuestro movimiento, es en los países atrasados; donde la revolución tiene un carácter agrario y antiimperialista. Nuestro Programa Transitorio resuelve el problema dando las consignas esencialmente correctas: revolución agraria, independencia nacional, asamblea nacional; pero yerra en la apreciación de cuáles son las formas de lucha adecuadas y las etapas futuras de la revolución. Es decir: subestima el papel del campesinado, ignora el papel de la guerra de guerrillas como método de construcción del ejército revolucionario en el campo, y no plantea el carácter de guerra revolucionaria civil y nacional -de carácter prolongado- que tendría la revolución en los países agrarios, coloniales o semicoloniales.</p>
<p>Lo que es fundamental es que nuestro movimiento reivindicó siempre la lucha armada, la necesidad de armar al proletariado y de crear nuevos organismos armados de la clase obrera; a diferencia de algunos de sus actuales epígonos que consideran ultraizquierdista todo intento de organizar y preparar nuevos organismos armados en el seno de la clase obrera con lo cual se colocan varios pasos atrás de la vieja concepción social-demócrata. Veamos pues cómo se plantea el armamento del proletariado y la creación de los organismos armados en el programa de transición: “los demócratas pequeñoburgueses -incluso los socialdemócratas, los socialistas y los anarquistas- gritan más estentóreamente acerca de la lucha contra el fascismo cuanto más cobardemente capitulan ante el mismo. Las bandas fascistas sólo pueden ser contrarrestadas victoriosamente por los destacamentos de obreros armados que sientan tras de sí el apoyo de millones de trabajadores. La lucha contra el fascismo no se inicia en la redacción de una hoja liberal, sino en la fábrica y termina en la calle. Los elementos amarillos y los gendarmes privados en las fábricas son las células fundamentales del ejército del fascismo. Los piquetes de huelga son las células fundamentales del ejército del proletariado. Por allí es necesario empezar. Es preciso inscribir esta consigna en el programa del ala revolucionaria de los sindicatos”.</p>
<p>“En todas partes donde sea posible, empezando por las organizaciones juveniles, es preciso constituir prácticamente milicias de autodefensa, adiestrándolas en el manejo de armas”. “La nueva ola del movimiento de masas no sólo debe servir para aumentar el número de esas milicias, sino también para unificarlas por barrios, ciudades o regiones. Es preciso dar una expresión organizada al legítimo odio de los obreros en contra de los elementos rompehuelgas, las bandas de los pistoleros y fascistas. Es preciso lanzar la consigan de la milicia obrera, como única garantía seria de la inviolabilidad de las organizaciones, de las reuniones y de la prensa obreras”.</p>
<p>“Sólo gracias a un trabajo sistemático, constante, incansable, valiente en la agitación y la propaganda, siempre en relación con la experiencia de la masa misma, pueden extirparse de su conciencia las tradiciones de docilidad y pasividad; educar destacamentos de heroicos combatientes, capaces de dar el ejemplo a todos los trabajadores; infligir una serie de derrotas tácticas a las bandas de la contrarrevolución; aumentar la confianza en si mismos de los explotados; desacreditar el fascismo a los ojos de la pequeña burguesía y despejar el camino para la conquista del poder para el proletariado”. (los subrayados son nuestros).</p>
<p>Como vemos, si bien nuestro movimiento no tuvo una estrategia de poder clara y precisa; es un hecho irrefutable que el Programa de Transición plantea la exigencia, con fines de autodefensa y como embriones del futuro ejército del proletariado, de creación de los destacamentos armados del proletariado.</p>
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<p><strong>MAOÍSMO</strong></p>
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<p>Mao elabora su estrategia de poder a partir de una caracterización de la revolución china y de su vanguardia. Señala las siguientes características de su revolución: 1) China es “un vasto país semicolonial, desigualmente desarrollado en lo político y en lo económico y que ha pasado por una gran revolución”. 2) “La revolución agraria”. De estas dos características, Mao extrae la conclusión siguiente:</p>
<p>luego de la derrota de la revolución obrera y urbana y de resultas de la cual surgió el Ejército Rojo, producto de una división del Ejército nacional revolucionario (Ejército del Kuomintang, partido de la burguesía antifeudal china); el partido y el ejército rojo, deben aprovechar el desarrollo desigual de China y la vastedad de su territorio, dedicándose a establecer “bases” revolucionarias en los territorios más alejados, sin vías de comunicación, más inaccesibles para los ejércitos reaccionarios. Desde estas “bases” organizar el poder revolucionario apoyándose en la revolución agraria y desarrollar el ejército rojo hasta que este fuera lo suficientemente fuerte como para “cercar a las ciudades con las fuerzas del campo”. Según Mao esto era posible, porque “China ha pasado por una gran revolución (1925-27) que ha echado las bases del Ejército Rojo, del partido comunista chino que dirige al Ejército Rojo y de las masas que han participado en la revolución”. 3) La tercera característica es “el gran poderío del enemigo”. 4) La cuarta es que el. ejército rojo es débil y pequeño. De estas dos características Mao sacaba la conclusión de Lenin: la revolución será una guerra prolongada. La forma concreta sería la de “contra campaña a las campañas de cerco y aniquilamiento del enemigo”. “Las contracampañas también tendrían las características de cercar y aniquilar a las fuerzas del enemigo”. (Las citas son de “Problemas estratégicos de la guerra de guerrillas”).</p>
<p>Así Mao toma los elementos fundamentales de la estrategia de poder leninista: lucha armada permanente dirigida por el partido, guerra civil prolongada y guerra de guerrillas. Y basado en consideraciones geográfico-sociales (existencia en China de regiones inaccesibles para el ejército reaccionario y carácter agrario de la revolución), y técnico-militares (imposibilidad de enfrentar un ejército fuerte, poderosamente armado, en las ciudades y en la guerra de posiciones), traslada el eje de estas concepciones, -la revolución obrera y urbana- a la revolución agraria y campesina.</p>
<p>Su concepción de la “guerra prolongada”, que en Lenin era una espiral ascendente, con alzas del proletariado urbano, retrocesos que lo colocan en un escalón superior para una nueva alza, puede representarse con una línea zigzagueante y quebrada, también ascendente. El Ejército Rojo iría creciendo cuantitativamente en “mil batallas tácticas”, libradas contra el enemigo, avanzaría en forma zigzagueante para ir directamente a su objetivo, su crecimiento se daría en forma relativamente independiente a la alzas y bajas del proletariado y el campesinado (aunque estas influyeran en su fortificación). Durante la primera etapa de la guerra civil revolucionaria, que se extiende de 1928 hasta 1936, año en que se produce la intervención del imperialismo japonés Mao da gran importancia a las luchas del proletariado urbano, aunque siempre, claro está, subordinadas a la estrategia de construcción del Ejército Rojo en la guerra civil prolongada, de guerrillas y campesinas; luego, al producirse la intervención del imperialismo japonés, Mao da menor importancia a las posibilidades de un levantamiento armado del proletariado urbano, -controlado y diezmado por la ocupación japonesa en las grandes ciudades- y las subordina a que el ejército campesino tenga suficiente fuerza como para cercar las ciudades.</p>
<p>Para Mao las condiciones generales de la victoria de la revolución, analizadas por Lenin y Trotsky para Rusia, varían fundamentalmente para China. Por empezar, la revolución china se encuentra en una situación distinta: 1) debe luchar contra un ejército imperialista de ocupación (el japonés), antes de que la revolución haya tomado el poder; 2) el ejército revolucionario tiene un carácter distinto de la Guardia Roja de Rusia, tanto en su aspecto organizativo técnico como en su forma de combatir (guerra de movimientos y guerrilla campesina) aunque también se apoyó en soviets obreros y campesinos; 4) las características de clase de la revolución son distintas.</p>
<p>De allí que Mao estime necesario otras condiciones para la expulsión del ejército japonés y el triunfo de la revolución, a saber: Primera: la creación de un frente único antijaponés en China. Segunda: la formación de un frente único antijaponés internacional. Tercera: el ascenso del movimiento revolucionario del pueblo japonés y de los pueblos de las colonias japonesas. Cuarta: crecimiento de las bases revolucionarias y del ejército rojo hasta que sea posible de derrotar al ejército japonés y al ejército de la gran burguesía china y después, rodear a las ciudades con el ejército campesino y tomarlas, llamando a la insurrección. (Mao: “La guerra prolongada”).</p>
<p>Tanto Mao como los vietnamitas distinguen cuidadosamente como lo hiciera Lenin lucha armada de insurrección general. El PC vietnamita y el Viet Minh, por ejemplo, se opusieron durante los seis años que duró la guerra de guerrillas antijaponesa (1939-1945), a las tendencias que urgían a un llamado a la insurrección general del pueblo por considerarla una posición aventurera. Recién en Agosto de 1945, cuando se había desarrollado un poderoso ejército revolucionario después de 6 años de guerra, los japoneses se habían retirado y los ejércitos de Chiang amenazaban con pasar las fronteras en alianza con las débiles fuerzas expedicionarias del imperialismo francés; recién entonces, Ho Chi Min hace el llamado a la Insurrección general y insurrección triunfa.</p>
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<p><strong>VALORACIÓN DEL TROTSKYSMO Y MAOÍSMO</strong></p>
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<p>Aunque no contamos con el tiempo suficiente para la exposición ordenada y fundamentada que es necesaria y que desde ya prometemos, nos resulta imprescindible adelantar nuestra valoración del trotskysmo y el maoísmo -que es</p>
<p>notoriamente a la sostenida por Trotsky y todo el trotskysmo, como así a la valoración de Mao- para hacer comprensible una cantidad de referencias contenidas en este trabajo.</p>
<p>Para nosotros desde la muerte de Lenin y posterior consolidación del stalinismo, no hubo una sola corriente que mantuvo viva las tradiciones y concepciones marxistas-leninistas, sino dos. No fue sólo Trotsky y el trotskysmo quien conservó y desarrolló el marxismo revolucionario frente a la degeneración stalinista, como tradicionalmente se ha afirmado en nuestro partido y en nuestra internacional. Similar rol jugó Mao Tsé Tung y el maoísmo. Con una particularidad; ninguno de los dos se elevó a una comprensión, aplicación y desarrollo del conjunto del leninismo, sino que cada uno lo hizo con respecto a una parte, en forma parcial, incompleta.</p>
<p>Trotsky y el trotskysmo, desarrollaron la teoría de la revolución permanente llegando a una comprensión más acabada de la complejidad y dinámica de los procesos sociales, entendiéndolos siempre como proceso de conjunto y analizándolos desde un punto de vista general.</p>
<p>No es casual que todo el trotskysmo, desde el punto de vista de una perspectiva general de la lucha de clases de conjunto, a nivel mundial y continental, ha llegado a importantes aciertos y conclusiones, ampliando de esa forma la visión de los revolucionarios.</p>
<p>Trotsky y el trotskysmo aportaron también al marxismo -creadoramente- su análisis de la burocracia soviética y a partir de él una ajustada teoría del carácter y rol de los aparatos burocráticos.</p>
<p>Mao y el maoísmo continuaron el leninismo en la teoría y la práctica de la toma del poder, que no es otra cosa que la aplicación del marxismo revolucionario a la situación de un determinado país en la perspectiva del poder obrero; el “análisis concreto de situaciones concretas” que Lenin definió como “el alma viva del marxismo”, la aplicación creadora de la teoría revolucionaria a la realidad concreta de una revolución ampliamente estudiada, conocida y protagonizada. Como dice el propio Mao “la fusión de la verdad general del marxismo con la práctica concreta de la revolución china”.</p>
<p>Mao y el maoísmo continuaron y desarrollaron el marxismo-leninismo, creadoramente, con la teoría de la guerra revolucionaria popular, de la necesidad de una ejército revolucionario para derrotar al ejército contrarrevolucionario, de la construcción de ese ejército en el campo, en un proceso prolongado, donde las fuerzas revolucionarias parten de lo pequeño hacia lo grande, de lo débil hacia lo fuerte, mientras las fuerzas reaccionarias van de lo grande a lo pequeño, de lo fuerte a lo débil, y donde se produce el salto cualitativo de la insurrección general, cuando las fuerzas revolucionarias han pasado a ser más fuertes.</p>
<p>Ambos, el trotskysmo y el maoísmo se ignoraron mutuamente. Es más, algunos trotskystas siguen considerando al maoísmo parte del stalinismo y en consecuencia como corriente contrarrevolucionaria; y el maoísmo a su vez, sigue considerando al trotskysmo como una corriente provocadora agente del capitalismo y del imperialismo. Hoy, la tarea teórica principal de los marxistas revolucionarios, es fusionar los aportes del trotskysmo y el maoísmo en una unidad superior que significará un retorno pleno al leninismo. El desarrollo de la revolución mundial lleva inevitablemente a ese logro, como lo indican los avances unilaterales del maoísmo hacia la asimilación del trotskysmo (ruptura con la burocracia soviética, revolución cultural); los avances del trotskysmo hacia una incorporación de los aportes maoístas (teoría de la guerra revolucionaria) y sobre todo los esfuerzos de la dirección cubana por llegar a esa unidad superior.</p>
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<p><strong>CASTRISMO</strong></p>
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<p>En los últimos tiempos, anda muy en boga en nuestro partido, la afirmación, -que tiene un fuerte tufito a demagogia u oportunismo- de “nuestro acuerdo estratégico con el castrismo”. Pero ocurre que aún no hemos precisado con claridad cuál es la “estrategia del castrismo”, más bien se ha hecho un lindo embrollo considerando aspectos tácticos como si fueran los fundamentales (nuestras “críticas” a la teoría del foco) y pretendiendo demostrar -sin el menor análisis serio y con una pedantería propia de intelectuales pequeño burgueses- que el “castrismo” era un “movimiento empírico” que se está “elevando” a nuestras concepciones.</p>
<p>En realidad, el castrismo, sin la claridad teórica y la pureza de “método” de los grandes marxistas revolucionarios del pasado -pero con muchísima más que nuestros teóricos- desde hace años ha venido desarrollando una clara estrategia mundial y continental para la lucha revolucionaria, que aún no ha sido discutida y asimilada seriamente por nuestro partido. En forma de breves tesis trataremos de resumir sus aspectos fundamentales estratégicos y tácticos.</p>
<p>1) Para el castrismo (no hacemos distinción alguna entre castrismo y guevarismo, por que la distinción es falsa), la revolución ha entrado en su “etapa final de lucha contra el imperialismo”. El castrismo parte de un análisis mundial de conjunto y responde con una estrategia mundial revolucionaria: “Hay que tener en cuenta que el imperialismo es un sistema mundial, última etapa del capitalismo y que hay que batirlo en una gran confrontación mundial. La finalidad estratégica de esa lucha debe ser la destrucción del imperialismo” (Che Guevara: Mensaje a la Tricontinental).</p>
<p>Así, el castrismo parte del hecho verdaderamente nuevo que se produce en la posguerra: las contradicciones inter imperialistas se han tornado secundarias. Hoy, los revolucionarios no podemos contar ya con las guerras inter imperialistas como importante factor para la victoria de la revolución que tanto favoreciera a las revoluciones chinas, rusa y de Europa oriental. Por lo tanto se ha tornado muy difícil el triunfo de la revolución en un país por separado: hoy el imperialismo “hay que batirlo en una gran confrontación mundial”.</p>
<p>2) La táctica que responde a esta estrategia mundial es la creación de “dos, tres, muchos Vietnam”. Esta consigna es tan clara como el agua y sin embargo no ha sido aún asimilada medianamente.</p>
<p>¿Porqué el Che dice dos, tres, muchos Vietnam, y no dos, tres, muchas Cubas?</p>
<p>Por que reconoce la excepcionalidad de la revolución cubana que no volverá a repetirse. Porque del análisis estratégico, de conjunto de la revolución mundial prevé la inevitable intervención del imperialismo antes de la toma del poder por la revolución; y la transformación de ésta en guerra prolongada antiimperialista, de una o varias naciones ocupadas por el ejercito yanqui: “si los focos de guerra se llevan con suficiente destreza política y militar, se harán prácticamente imbatibles y exigirán nuevos envíos de tropas de los yanquis. . . ” “Poco a poco, las armas obsoletas que bastan para la represión de pequeñas bandas armadas, irán convirtiéndose en armas modernas y los grupos de asesores en combatientes norteamericanos, hasta que, en un momento dado, se vean obligados a enviar cantidades crecientes de tropas regulares para asegurar la relativa estabilidad de un poder cuyo ejercito nacional títere se desintegra ante los combates de las guerrillas.</p>
<p>Es el camino del Vietnam; es el camino que deben seguir los pueblos; es el camino que seguirá América, con la característica especial de que los grupos en armas pudieran formar algo así como juntas de coordinación para hacer más difícil la tarea represiva del imperialismo yanqui y facilitar la propia causa”. “América. . . tendrá una tarea de mucho mayor relieve: la de la creación del segundo o tercer Vietnam o del segundo y tercer Vietnam del mundo”. (Che ídem).</p>
<p>“Sinteticemos así nuestra aspiración de victoria: destrucción del imperialismo mediante la eliminación de su baluarte más fuerte: el dominio imperialista de los EE. UU. de Norteamérica. Tomar como función táctica la liberación gradual de los pueblos, uno por uno o por grupos, llevando al enemigo a una lucha difícil fuera de su terreno, liquidándole sus bases de sustentación, que son sus territorios dependientes”.</p>
<p>“Eso significa una guerra larga. Y, lo repetimos una vez más, una guerra cruel.</p>
<p>Que nadie se engañe cuando la vaya a iniciar y que nadie vacile en iniciarla por temor a los resultados que pueda traer para su pueblo. Es casi la única esperanza de victoria”. (Che ídem).</p>
<p>En esta estrategia mundial de lucha revolucionaria, lo fundamental es la revolución socialista y antiimperialista en “los territorios dependientes”, siendo todavía secundario el papel que puedan jugar las masas de las metrópolis imperialistas que, aún no han producido movimientos revolucionarios de significación y que gozan de la relativa estabilidad interior de las metrópolis.</p>
<p>Pero de modo alguno el castrismo ignora el papel que en los próximos años pueden comenzar a jugar los pueblos de las metrópolis imperialistas, en especial Europa. “La tarea de liberación espera aún a países de la vieja Europa suficientemente desarrollados para sentir las contradicciones del capitalismo, pero tan débiles que no pueden ya seguir el rumbo del imperialismo o iniciar su ruta. Allí las contradicciones alcanzarán en los próximos años carácter explosivo para sus problemas, y por ende la solución de los mismos, es diferente a la de nuestros pueblos dependientes y atrasados económicamente”. (Che ídem).</p>
<p>El castrismo también ha comenzado a prestar atención al movimiento negro de los EE. UU., pero sin sobrestimar sus posibilidades, por que esas sobrestimaciones introduciría un elemento de confusión respecto a las características de la actual etapa de la revolución mundial, que es aún fundamentalmente socialista y antiimperialista en los países dependientes, y lo será por un largo período, a menos que se produzca una catástrofe en la economía capitalista, catástrofe que hoy no está a la vista, o un desarrollo abruptamente acelerado de la revolución colonial. Aún más cautelosa es la posición del castrismo hacia el movimiento pro-paz en EE. UU. Si bien lo alienta permanentemente, no sobrestima sus posibilidades revolucionarias porque introduciría, como toda sobreestimación, otro elemento de confusión en su concepción estratégica.</p>
<p>3) En relación con esta estrategia mundial, el castrismo distingue tres continentes, en los cuales la lucha revolucionaria es una parte táctica de ese todo que es la revolución mundial. Los continentes son Asia, África y América Latina. Para cada uno de ellos, el castrismo define a su vez, una estrategia continental de lucha revolucionaria, pero lo hace en especial para América Latina.</p>
<p>“El campo fundamental de explotación del imperialismo abarca los tres continentes atrasados, Asia, América y África. Cada país tiene características propias, pero los continentes en su conjunto, también las presentan.</p>
<p>América constituye un conjunto más o menos homogéneo y en la casi totalidad de sus territorios los capitales monopolistas norteamericanos mantienen una primacía absoluta”. (Che ídem).</p>
<p>En primer lugar el castrismo determina el carácter de la revolución latinoamericana: socialista y antiimperialista.</p>
<p>En segundo lugar determina su carácter de clase: campesino, obrero y popular.</p>
<p>“Las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo -si alguna vez la tuvieron- y sólo forman su furgón de cola”. (Che ídem).</p>
<p>En tercer lugar determina el carácter continental de la lucha, pero señalando claramente que dentro de esa estrategia continental, debe partirse del desarrollo de las revoluciones nacionales y regionales que si bien son tácticas en relación con la estrategia, constituyen la forma adecuada de comenzar la lucha. Así, cada país y cada región del continente, si bien son partes tácticas del todo, que es la estrategia continental, requieren a su vez una estrategia específica regional y nacional, cuya determinación es propia también de los revolucionarios de cada país y región, aunque por supuesto, en el marco de una organización revolucionaria continental que es la Olas.</p>
<p>Tener una estrategia continental, no significa para el castrismo que la lucha ya haya adquirido dimensiones continentales; eso se logrará cuando la lucha revolucionaria en los países y regiones se desarrolle suficientemente: “Hemos sostenido desde hace tiempo que, dadas sus características similares, la lucha en América, adquirirá en su momento, dimensiones continentales. Será escenario de muchas grandes batallas dadas por la humanidad por su liberación”.</p>
<p>“En el marco de esa lucha de alcance continental, las que actualmente se sostienen en forma activa son sólo episodios” (Che ídem). Así responde el Che por anticipado a las febriscentes interpretaciones de quienes hoy, un poco tarde y bastantes confundidos, descubren que en América Latina se vive “una guerra civil continental”, “apocalíptica”, etc. ; cuando en realidad lo que existen son procesos revolucionarios nacionales, que se inscriben en una estrategia revolucionaria continental, posible gracias a la existencia de una dirección revolucionaria continental.</p>
<p>4) La táctica del castrismo para la estrategia continental, es la misma que para su estrategia mundial: “la creación del segundo o tercer Vietnam o del segundo y tercer Vietnam del mundo”.</p>
<p>Esta, repetimos, es la tarea esencial de los revolucionarios en cada país y región. “Para la mayoría de los países del continente el problema de organizar, iniciar, desarrollar y culminar la lucha armada constituye hoy la tarea inmediata y fundamental del movimiento revolucionario”. (punto 7 del programa de la Olas). “A los pueblos de cada país y a sus vanguardias revolucionarias corresponderá la responsabilidad histórica de echar hacia adelante la revolución en cada uno de ellos”.</p>
<p>(punto 9). Y, por fin, “la solidaridad más efectiva que pueden prestarse los movimientos revolucionarios entre sí, la constituye el desarrollo y la culminación de la propia lucha en el seno de cada país”. (punto 12).</p>
<p>La forma concreta, política y militar, que adquirirá esa táctica revolucionaria continental, es la de una guerra prolongada cuyo principal pilar está constituido por los ejércitos guerrilleros, que deben construirse respetando las condiciones particulares de cada país y región. (“el desarrollo y organización de la lucha dependen de la justa selección del escenario donde librarla y del medio organizativo más idóneo”. Declaración de la Olas).</p>
<p>Esta concepción se opone expresamente a las tendencias espontaneístas, que esperan un “reanimamiento espontáneo” de las clases revolucionarias y el triunfo de la insurrección en un período breve de tiempo.</p>
<p>El Che lo dice expresamente así: “Los combates no serán meras luchas callejeras de piedras contra gases lacrimógenos ni huelgas generales pacíficas; ni será la lucha de un pueblo enfurecido que destruye en dos o tres días el andamiaje represivo de las oligarquías gobernantes; será una lucha larga, cruenta, donde su frente estará en los refugios guerrilleros, en las ciudades, en las casas de los combatientes”.</p>
<p>Por otra parte, la dirección castrista ha avalado los siguientes párrafos de una carta del destacamento “Edgar Ibarra” al CC del PC Guatemalteco y al M-13 de Yon Sosa, donde se critica la concepción espontaneísta de la insurrección rápida del siguiente modo: “Toda esta posición, lleva, mediante una hábil maniobra, a quitarle el contenido revolucionario a la guerrilla; a negar su desarrollo hasta convertirse en el ejército del pueblo; a negar el papel del campesinado en la guerra revolucionaria de nuestros países; a negar la necesidad de la derrota militar del imperialismo y sus lacayos para arrebatarles el poder; a negar el carácter de guerra prolongada de la lucha armada y presentar ilusoriamente la perspectiva insurreccional a corto plazo”.</p>
<p>Para el Castrismo, entonces, el método, la táctica fundamental de la lucha, es la construcción del ejercito revolucionario, a partir de la guerrilla. “La guerrilla como embrión de los ejércitos de liberación constituye el método más eficaz para iniciar y desarrollar la lucha revolucionaria en la mayoría de los países”. Pero sin desconocer otras formas de lucha armada, que si bien aún no están especificadas en su programa -quizás por que la realidad aún no nos indica cuáles son-, están implícitamente reconocidas al mencionarse la guerrilla campesina como una de las formas de lucha armada, aunque [no] la principal.</p>
<p>En sus últimas declaraciones y planteos, el castrismo menciona la guerrilla en un sentido más general, que el que le asignaba anteriormente. (Teoría del foco).</p>
<p>Deja así las puertas abiertas al surgimiento de otras formas de guerra de guerrillas, sin limitarse exclusivamente a la teoría del foco. La discusión alrededor de la teoría del foco, se torna entonces, cada día más secundaria, quedando librado a los revolucionarios de cada país y cada región establecer la forma más conveniente de iniciar la lucha armada y la guerra de guerrillas, siempre, claro está, que se dispongan a iniciarla.</p>
<p>5) Una cuestión que debe señalarse como parte integrante de la concepción revolucionaria del castrismo, es el planteo de la unidad político-militar de la dirección revolucionaria.</p>
<p>Esta, si bien no puede ubicarse como una cuestión integrante de la táctica o estrategia del castrismo, es una cuestión de principios muy importante y que también es bastante confundida por algunos “teóricos”.</p>
<p>No se refiere específicamente al viejo problema planteado por el leninismotrotskysmo y luego por el Maoísmo, de la relación entre el partido y el ejército. Esa discusión, en las condiciones actuales de América Latina es tan inútil como la vieja discusión del huevo y la gallina. El castrismo se encontró, como dirección revolucionaria ante una realidad objetiva que se la imponía: en América Latina no existen partidos revolucionarios fuertes; crearlos es una tarea que exige, en la época del gendarme mundial del imperialismo, una estrategia política y militar desde el inicio mismo de toda actividad revolucionaria.</p>
<p>La tarea de construcción del partido y construcción de la fuerza militar para los verdaderos revolucionarios, van indisolublemente ligadas. Donde no existen partidos revolucionarios habrá que crearlos como fuerzas militares desde el comienzo. Donde existen y son débiles, habrá que desarrollarlos, pero transformándolos en fuerzas militares de inmediato, para que puedan responder a las exigencias que plantea una estrategia político-militar de poder en esta época.</p>
<p>Para responder a esta necesidad es que el castrismo plantea la unidad político militar de la dirección revolucionaria ya que, en nuestra época la política y el fusil, no pueden ir separados. Otra cosa distinta es determinar quienes combaten con las armas en la mano en el seno de una organización revolucionaria y quienes cumplen otro tipo de funciones. Aún los foquistas más ortodoxos tienen organizaciones donde una mitad combate, y la otra cumple otro tipo de tareas. Este es un problema que debe ser resuelto de acuerdo a la estrategia y la táctica de la lucha que se den los revolucionarios en las condiciones de su país.</p>
<p>Pero la unidad político militar de la dirección, es un principio general aplicable a todas las situaciones y no impone nada más que la exigencia de que la dirección del ejército y la del partido (suponiendo que existan ambos separados) sean una misma cosa. Quienes se oponen a esta concepción, lo hacen por que sostienen ideas reformistas sobre la construcción del partido revolucionario. Tal fue por ejemplo el planteo de la dirección del PC Venezolano, que con tanto entusiasmo apoya Moreno en sus “tesis” publicadas en Estrategia Nº 1. Los resultados a que llevó esta concepción están a la vista y pertenecen al dominio de toda la vanguardia revolucionaria Latinoamericana.</p>
<p>6) Una última cuestión merece señalarse. Si bien el castrismo considera que el lugar y método fundamental de construcción del ejército revolucionario es el campo y la guerra de guerrillas, y que sin la existencia de ese ejército es imposible la victoria de la revolución; otorga mayor importancia que el maoísmo a la lucha urbana. En Cuba y en todos los países en donde influye en la dirección de la guerra revolucionaria (Guatemala y Venezuela por ejemplo), el castrismo desarrolló fuertes aparatos armados en las ciudades que combaten tanto como la guerrilla en el campo. En Cuba, además, el castrismo llamó en dos oportunidades al proletariado a la huelga insurreccional, la primera en abril de 1958 con la oposición de Fidel que consideraba prematuro el llamado (y la huelga resultó un fracaso), y la segunda en diciembre de 1958, cuando ya el ejército de Batista se tambaleaba y el ejército rebelde marchaba sobre La Habana (en esta oportunidad la huelga coadyuvó a la caída del régimen).</p>
<p>Tal es, en rasgos generales la estrategia y la táctica mundial, continental y regional del castrismo. De todos sus elementos, el menos importante, el que tiene carácter más táctico, es la teoría de la construcción del ejército a partir del foco. Esta teoría fue desarrollada por el castrismo a partir de su experiencia empírica como  método más rápido y práctico de construir el ejército revolucionario. El partido ha perdido años polemizando contra las lagunas y deficiencias de esta teoría, tan secundarias en la concepción general, estratégica y táctica del castrismo.</p>
<p>Enredados en esta polémica mezquina, nosotros, los supergenios del marxismo revolucionario, nos hemos relamido con nuestros triunfos teóricos, ante ese “sectario” y “mecanicista”, “pequeño-burgués” de Guevara (adjetivos utilizados por el Sr. Moreno en sus trabajos de crítica al Guevarismo) pero hasta ahora no hemos indicado prácticamente cuál es el método para suplir esa teoría, cuál es la forma adecuada de iniciar la lucha armada y de comenzar la construcción del ejército revolucionario, que los verdaderos teóricos prácticos del marxismo revolucionario (Lenin, Trotsky, Fidel, Mao y el Che) supieron crear, hacer combatir y llevar al triunfo.</p>
<p>Y lo que es más grave, hemos mascullado con un bisbiseo confuso nuestro “acuerdo estratégico” con el castrismo, pero sin definir de un modo claro, preciso, tajante, nuestra posición ante las verdaderas concepciones estratégicas y tácticas del castrismo. Toda esa demagogia vergonzante debe terminar. Sólo tienen derecho a decir que tienen un “acuerdo estratégico” con el castrismo quienes comparten su estrategia y táctica de la revolución mundial y continental, resumidas en los 6 puntos anteriores, y demuestran con su praxis que lo hacen.</p>
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<p><strong>NUESTRA ESTRATEGIA Y TÁCTICAS NACIONALES DEBEN PARTIR DE LAS CARACTERÍSTICAS DE NUESTRA REVOLUCIÓN</strong></p>
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<p>Si bien la revolución socialista argentina, es una parte táctica de la estrategia continental y mundial, tiene una estrategia propia, en el marco nacional y relacionada</p>
<p>con la estrategia regional, continental y mundial, como la parte al todo.</p>
<p>Quienes disuelven la necesidad de una estrategia y una táctica para la toma del poder en la Argentina, en la necesidad de una estrategia continental, o bien no comprenden la vinculación de la parte con el todo, o bien son oportunistas que no quieren desarrollar la lucha armada en su país.</p>
<p>Toda estrategia de poder y de lucha armada en la Argentina, debe partir de un análisis de la revolución mundial y continental, análisis que efectuamos en capítulos anteriores y de un análisis de las características generales de la revolución en nuestro país. Luego, debemos precisar las tareas apropiadas para cada etapa de la revolución, partiendo de las inmediatas adecuadas a la situación actual y al nivel de conciencia y experiencia de la clase revolucionaria.</p>
<p>1) Argentina es una semicolonia del imperialismo yanqui, en la “etapa final de la lucha contra el imperialismo”, ubicada en un continente que vive un proceso de revolución permanente antiimperialista y socialista; con desarrollo capitalista desigual, una economía en crisis crónica que se acerca a una nueva crisis coyuntural; y desarrollo político relativamente uniforme en todo el país.</p>
<p>Del carácter de semicolonia del imperialismo, en la etapa final de lucha contra el mismo, se desprende que nuestra lucha revolucionaria, aún cuando se inicie como guerra civil, desembocará en una segunda etapa, en una guerra nacional antiimperialista, en la cual es previsible que se alineen del lado de la revolución sectores de la burguesía media, por lo cual tienen importancia las consignas y tareas antiimperialistas y democráticas. La intervención del imperialismo volverá a desequilibrar a favor de la reacción la relación revolución-contrarrevolución.</p>
<p>Esta es la primera razón por la cual, la guerra revolucionaria tendrá carácter prolongado.</p>
<p>De la ubicación de argentina en un continente que vive un proceso de revolución permanente antiimperialista y socialista, en la “etapa final del imperialismo”, deviene el carácter continental de la revolución y la necesidad de coordinar nuestros esfuerzos, en el curso de la guerra revolucionaria, con los movimientos revolucionarios de los países hermanos. La intervención de las fuerzas imperialistas se producirá en todos los países del continente, en los que la guerra civil revolucionaria haga entrar en crisis a los gobiernos y ejércitos títeres, siendo muy difícil, a menos que haya un cambio total en la situación mundial (guerra mundial, por ej.), que triunfe la revolución en un país por separado. Esta es la segunda razón por la cual nuestra guerra revolucionaria tendrá carácter prolongado y no hay posibilidades de una victoria rápida.</p>
<p>Del carácter desigual del desarrollo capitalista en la Argentina, de la crisis orgánica de su economía y de las perspectivas de una crisis coyuntural a corto plazo; deviene que haya regiones en las cuales la crisis sea más aguda, las posibilidades de iniciar la lucha armada más inmediatas y necesarias; el apoyo del campesinado pobre para la guerra de guerrillas pueda ser considerado como seguro; la posibilidad de organizar ya mismo grupos armados que encaren acciones armadas en los sectores de vanguardia de la clase obrera y el pueblo, inmediata; que todas estas perspectivas se acrecienten por el desarrollo de la crisis coyuntural; mientras que las regiones en las que la estabilidad económica es mayor, el apoyo del campesinado acomodado debe ser considerado imposible, haya menos posibilidades de que la lucha armada encuentre de inmediato el apoyo de la población, aunque el desarrollo de la crisis coyuntural provoque movilizaciones de masas.</p>
<p>Del desarrollo político relativamente uniforme en todo el país, deviene la posibilidad de que un movimiento revolucionario tenga características nacionales al poco tiempo de iniciarse la lucha en la clase y región de vanguardia; aunque en las regiones económicamente estables el apoyo a la lucha armada tenga durante un largo tiempo el carácter de una difusa simpatía, de contribución económica, humana y logística y sólo de acción armada directa en sectores reducidos de la vanguardia obrera y popular. De la uniformidad del desarrollo político, deviene también la unidad de las clases y partidos reaccionarios a escala nacional, en contra de la revolución, siendo este un rasgo que nos diferencia nítidamente de la revolución china, donde el desigual desarrollo político hizo imposible que los distintos sectores de la burguesía contrarrevolucionaria, los “múltiples señores feudales de la guerra” se unificaran en una sólida acción común contrarrevolucionaria. Esta es la tercera razón del carácter prolongado de nuestra guerra revolucionaria.</p>
<p>2) La clase más revolucionaria en la Argentina es el proletariado industrial y sus aliados potenciales, la pequeño-burguesía urbana y el campesinado pobre en el norte. La clase obrera está organizada sindicalmente a escala nacional y tiene una tradición de luchas económicas-reformistas bajo la dirección peronista. Hay síntomas serios de que la clase obrera está agotando su experiencia peronista y se torna permeable al socialismo revolucionario. Sectores importantes de la vanguardia obrera han pasado por la experiencia del terrorismo peronista. El sector de vanguardia de la clase obrera lo constituye el proletariado azucarero y el proletariado rural del Norte.</p>
<p>Del hecho de que la clase obrera más revolucionaria sea la clase obrera industrial, deviene la importancia que tiene para un partido revolucionario desarrollar todas las formas de lucha propias de esta clase, procurando mediante la agitación, la propaganda y la acción armada, que las distintas formas de lucha se eleven a planteos políticos, socialistas y revolucionarios, sin estancarse en las reivindicaciones exclusivamente económicas.</p>
<p>El hecho contradictorio de que la clase obrera esté organizada sindicalmente a escala nacional y tenga una tradición de luchas económicas-reformistas, es un factorde unión que posibilita que toda lucha revolucionaria emprendida por un sector de vanguardia obrera de importancia se extienda al plano nacional; pero por otra parte, el control de la burocracia que ha surgido como producto de esta tradición, es un factor que impide en forma inmediata, la extensión de la lucha a los sectores del proletariado que aún controla.</p>
<p>La crisis de la concepción peronista en la clase obrera (su “revolución ideológica”), y la experiencia de métodos revolucionarios-terroristas realizada por sectores de vanguardia (sobre todo en el interior del país) de 1956 a 1961, a la par de tornar más permeable a la clase obrera para nuestra propaganda socialista y revolucionaria, posibilita que nos apoyemos en la tradición revolucionaria de sectores de vanguardia, para combatir la tradición economista-reformista del conjunto.</p>
<p>El hecho de que el sector de vanguardia indiscutido de la clase obrera sea el proletariado azucarero tucumano y sus aliados del proletariado industrial y rural y el campesinado pobre, combinado con el hecho de que una de las zonas que vive una crisis económica más aguda sea Tucumán, determina la necesidad de elevar las luchas de la clase obrera tucumana y sus aliados.</p>
<p>3) Las fuerzas de la reacción son grandes y están unidas alrededor de la dictadura bonapartista, de un poderoso y moderno ejército, de los monopolios y el imperialismo, independientemente de sus contradicciones que en tanto no se desarrolle un proceso revolucionario de importancia, o una catástrofe económica, -perspectivas que no son en modo alguno inmediatas- revestirán carácter secundario en relación a la contradicción principal que es la del imperialismo y burguesía nacional por un lado y la clase obrera, sectores empobrecidos de las capas intermedias y campesinado pobre por el otro.</p>
<p>4) Las fuerzas de la revolución son muy débiles, sólo existe un pequeño partido revolucionario sin mayor influencia de masas, el conjunto de la clase está en retroceso, no existe siquiera un embrión de ejército revolucionario.</p>
<p>De estas dos características, la fuerza de nuestro enemigo y nuestra debilidad, se desprende la cuarta razón por la que nuestra guerra revolucionaria será prolongada, siendo imposible una rápida victoria de la revolución.</p>
<p>De estas características se desprende también que la lucha armada y la formación de nuestro ejército revolucionario debe ir de lo pequeño a lo grande, de las acciones más simples a las complejas, procurando que estén ligadas a las necesidades y simpatías de las masas, templando lentamente nuestras fuerzas y educando en mil pequeñas acciones nuestros destacamentos armados.</p>
<p>De las características de nuestro país, de sus condiciones económicas y sociales, de su tradición política hemos extraído algunas características generales que tendrá la lucha armada y la lucha por el poder en la Argentina.</p>
<p>Podemos resumir todas estas características de la revolución en la Argentina, relacionadas con la revolución mundial y continental, del siguiente modo: 1) la revolución argentina es socialista y antiimperialista, es decir permanente.</p>
<p>2) la revolución argentina es táctica en relación a la estrategia de la revolución continental, pero tiene una estrategia propia, consistente en que la clase obrera y el pueblo deberán librar una guerra prolongada para derrotar a la burguesía y al imperialismo, e instaurar un gobierno revolucionario, obrero y popular.</p>
<p>3) la revolución es obrera y popular por su contenido de clase, por ser el proletariado industrial su vanguardia, y por ser sus aliados la pequeño burguesía urbana en todo el país y el proletariado rural y el campesinado pobre en el norte.</p>
<p>4) dado el carácter de clase y el carácter armado de la revolución, esta requiere ser dirigida por un partido y un ejército revolucionarios.</p>
<p>5) en su primera etapa la lucha armada será esencialmente guerra civil y se irá transformando paulatinamente en guerra nacional antiimperialista.</p>
<p>6) por varios motivos la guerra revolucionaria tendrá carácter prolongado y será estratégicamente defensiva por que la librarán los revolucionarios, la clase obrera y el pueblo, con minoría de fuerzas ante un enemigo común mucho más poderoso que actuará a la ofensiva; aunque todas las operaciones tácticas serán ofensivas y libradas, dentro de lo posible, con mayoría de fuerzas.</p>
<p>7) a medida que se desarrolle, la guerra revolucionaria tomará un carácter cada vez más regional y continental, llegando a no respetar fronteras.</p>
<p>8) en esta etapa de la revolución mundial y continental, para el triunfo de la revolución en la Argentina se requerirán un fuerte partido y ejército revolucionario, la incorporación masiva de la clase obrera y el pueblo a la lucha revolucionaria, la extensión continental de la revolución y una crisis total del imperialismo a escala mundial.</p>
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<p><strong>LA SITUACIÓN ACTUAL DE NUESTRO PAÍS, CLASE Y REGIÓN REVOLUCIONARIA</strong></p>
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<p>Consideradas la estrategia mundial y continental de lucha contra el imperialismo, establecida la estrategia para la región sur del continente, estudiadas las características generales de nuestra estrategia política y militar y las etapas que deberá recorrer la lucha revolucionaria: ¿cómo, cuándo, donde comenzar la lucha armada? ¿cuáles son las tareas fundamentales de los revolucionarios en la presente etapa?</p>
<p>Permaneciendo fieles al marxismo nosotros no podemos ni debemos eludir, mediante frases generales, el análisis de las condiciones objetivas y subjetivas, actuales, vivientes que son en última instancia, las que deciden esos problemas, de la solución de los cuales dependerá toda la táctica.</p>
<p>Un ejemplo de tratamiento indigno de estos problemas, indigno para un marxista serio es el documento de Moreno. En el cual mediante generalidades y ambigüedades trata de desembarazarse de estos problemas. Son frases generales y ambiguas, por ej. : “Ninguna de las condiciones objetivas básicas se dan, aunque hay síntomas de que esta situación puede llegar a producirse”, “Paraguay y nuestro país van a la zaga, son actualmente los países actualmente más estables (de Latinoamérica)”, “la situación de nuestro país es de relativa estabilización con un deterioro tremendo de la economía nacional (¡?) y de las condiciones de los trabajadores industriales y de pequeños sectores de la pequeño burguesía”, “situación relativamente estable de la burguesía y de grandes sectores de la clase media nacional y de retroceso del movimiento obrero”, etc.</p>
<p>Nosotros, en cambio, estudiaremos la situación del régimen, el estado del movimiento obrero, la influencia de la primera sobre el segundo y trataremos de dar respuesta a las preguntas que encabezan este capítulo, tomando en cuenta ese estudio concreto de las condiciones objetivas y subjetivas.</p>
<p>¿Qué elementos objetivos debemos tener en cuenta para responder los interrogantes planteados? En favor de la tesis derrotista, hablan una serie de hechos que están “a la vista”. La dictadura no ha tropezado aún con una oposición abierta desde su instauración. La oposición burguesa ha sido débil y superestructural (hasta ahora llevada a cabo solamente por los “políticos” sin apoyo de sectores burgueses  iimportantes). Desde la derrota del plan de lucha la burocracia sindical se ha sometido más o menos dócilmente y la clase obrera se ha hundido aún más en el “retroceso”.</p>
<p>Todo parece indicar como predica muestro “pájaro agorero” “la estabilización por varios años en el cono sud” (luego de la derrota de la lucha armada boliviana).</p>
<p>Pero llegados a este punto, debemos aclarar un problema teórico de suma importancia que ha sido permanentemente confundido en nuestro partido por obra y gracia de nuestro buen reformista: ¿Qué condiciones exige el marxismo revolucionario para iniciar la lucha armada? ¿En qué momento, en un país o en una región un grupo o un partido revolucionario debe considerar que están dadas las condiciones para el desarrollo de la lucha revolucionaria?</p>
<p>El teórico del reformismo en nuestro partido, presenta el problema del siguiente modo: ¿“cuándo comenzamos la lucha armada para conquistar el poder?”.</p>
<p>O formulada de otra forma: ¿cuándo podemos decir que hay una situación prerrevolucionaria que nos posibilite la lucha armada por el poder? Y acto seguido cita un párrafo textual del programa de transición que comienza diciendo: “Las condiciones básicas para la victoria de la revolución proletaria han sido establecidas por la experiencia histórica” y acto seguido reproduce las cuatro condiciones conocidas por todo el partido “para la victoria de la revolución proletaria”.</p>
<p>Lenin y Trotsky establecieron estas condiciones para el triunfo de la insurrección para la época y los países que estudiaban. Esas condiciones, según como se agrupen, pueden ser consideradas cuatro o seis, digamos que a las cuatro mencionadas por Moreno, en distintos escritos de Lenin y Trotsky se le agregan otras dos: a) “una nueva conciencia política en la clase revolucionaria que se manifiesta en una colérica hostilidad hacia el orden constituido y la determinación de empeñar los esfuerzos más dolorosos de sufrir inmolaciones dolorosísimas para sacar al país del marasmo en que se debate”, (L. T. Historia de la Rev. Rusa Tomo II pág. 575) y b) “la existencia de un ‘ejército revolucionario’, sin el cual la victoria de la insurrección es imposible” (Lenin Obras Completas Tomo IX pág. 356).</p>
<p>Nuestro partido se movió siempre por este esquema extraído de los clásicos y presentado parcialmente por Moreno, para determinar si había o no condiciones para iniciar la lucha armada. Esta es otra de las trampas teóricas de nuestro reformista.</p>
<p>Veamos: en primer lugar, Lenin y Trotsky jamás pretendieron que este esquema de exigencias fuera aplicable en todo tiempo y lugar; eran, más bien, las condiciones que ellos estimaban necesarias para el triunfo de la insurrección en Rusia o a lo sumo en Europa, en el tiempo en que vivían.</p>
<p>En segundo lugar, estas condiciones se establecían para la victoria de la insurrección, no para el inicio de la lucha armada, ni para determinar una situación pre-revolucionaria ya que desde Lenin a nuestros días, todos los grandes revolucionarios distinguieron con claridad lucha armada de insurrección y condiciones revolucionarias de condiciones insurreccionales.</p>
<p>En la concepción estratégica de Lenin, las clases revolucionarias podían tomar el poder cuando satisfacían esas exigencias.</p>
<p>Pero todos los factores subjetivos, se construían en el curso de la lucha revolucionaria, en el curso de la guerra civil prolongada, que era política pero también armada.</p>
<p>Siguiendo la concepción leninista, a la cuál debemos agregarle hoy otras exigencias superiores determinadas por la etapa que vivimos (expansión continental de la lucha y crisis del imperialismo), nosotros debemos responder que las clases revolucionarias en la Argentina no están en condiciones de hacer la revolución, de tomar el poder; que la fuerza necesaria para realizarla la adquirirán en el curso de la lucha revolucionaria, que se desarrollará en los marcos estratégicos que hemos analizado en los capítulos anteriores.</p>
<p>Solamente en el curso de esa lucha revolucionaria, de esa guerra civil y antiimperialista prolongada, la clase revolucionaria adquirirá “la nueva conciencia política necesaria”, construirá su partido y ejército revolucionario y desarrollará los organismos o regiones de poder dual, necesarios para derrocar el régimen. La responsabilidad de los revolucionarios es, precisamente, iniciar la lucha revolucionaria cuando las condiciones objetivas han madurado, colocarse a la vanguardia de la clase revolucionaria y orientarla por el “largo, difícil y duro” camino de la revolución.</p>
<p>¿Qué elementos deben tomarse en cuenta para caracterizar una situación como pre-revolucionaria?</p>
<p>Lenin nos dice: “Marx resuelve el difícil problema sin escudarse en el ‘estado’ de ‘depresión’ y cansancio de éstas o de aquellas capas del proletariado (como lo hacen a menudo los socialdemócratas que caen en el seguidismo). No, mientras no poseía otros datos fuera del estado de ánimo de depresión (en marzo de 1850), continuaba exhortando a armarse y a prepararse para la insurrección, sin tratar de deprimir con su escepticismo y su desorientación el estado de ánimo de los obreros”.</p>
<p>Para Lenin y Marx, las condiciones para el desarrollo de la revolución se establecen a partir del estudio de las condiciones objetivas. Estas condiciones objetivas son: 1°) el estado de las fuerzas productivas (si se desarrollan, si están estancadas, o en retroceso). 2°) la existencia objetivas de clases revolucionarias. 3°) si las capas intermedias tienen o no salida dentro del régimen imperante.</p>
<p>Según Lenin, Marx, pese al aplastamiento de la revolución alemana en 1849, y al evidente estado de “depresión” de las masas, continúa exhortando a éstas a armarse, a prepararse para la lucha revolucionaria. Recién cuando Marx y Engels llegan a la conclusión de que la crisis industrial del año 1847 ha pasado, recién entonces, plantean la cuestión de manera tajante y precisa; “en el otoño de 1850 declara categóricamente que ahora, en momento de tan exuberante desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad burguesa no cabe ni siquiera hablar de una revolución verdadera” (Lenin Tomo X-133).</p>
<p>Este ejemplo de Marx fue el procedimiento que siguió permanentemente Lenin en todos sus análisis, incluso en 1906, fecha de la que provienen estas citas, polemizó contra los mencheviques y contra Trotsky que del retroceso evidente de las masas posterior a la derrota de 1905, deducían la necesidad de adoptar toda una política reformista, parlamentaria, legalista, no-bolchevique. Los pedantes unidos del club Moreno &amp; Cía. han tergiversado totalmente esta polémica pretendiendo afirmar que Trotsky y los mencheviques tuvieron razón en 1906. Nada más falso. El método y la política de Lenin que, independientemente del “retroceso” de las masas, a partir del análisis de las condiciones objetivas, dedujo la necesidad de mantener la organización clandestina del partido, los métodos revolucionarios de trabajo, la preparación de los destacamentos armados, fue el método que permitió construir el partido bolchevique, contra el espontaneísmo de los mencheviques que todo lo reducían al estado de ánimo de las masas y a los factores subjetivos.</p>
<p>En resumen: debe distinguirse condiciones insurreccionales de condiciones revolucionarias. Las primeras son el conjunto de condiciones objetivas y subjetivas, que posibilitan la victoria de la insurrección general. Estas condiciones confluyen por breve tiempo luego de un largo proceso revolucionario, de una guerra civil prolongada. “Entre el momento en que la tentativa insurreccional por ser prematura conduciría a un aborto revolucionario, y aquel otro en que la situación favorable se ha desvanecido sin remedio, transcurre una etapa de la revolución -puede medírsela en semanas cuando no en algunos meses- durante la cual el alzamiento tiene probabilidades más o menos serias de triunfo” (Trotsky. Historia T II-574). Es para establecer ese “momento”, en las condiciones de su época y sus países, en el cuál la dirección revolucionaria llama a las masas al asalto del poder, que los clásicos utilizaban el esquema de las condiciones insurreccionales.</p>
<p>Las condiciones revolucionarias deben establecerse a partir de las condiciones objetivas.</p>
<p>Aclarada esta cuestión hagamos el análisis de esas condiciones en nuestro país.</p>
<p>El proceso de colonización imperialista en nuestro país ha culminado con la instauración de la dictadura bonapartista, apoyada por los grandes monopolios y la gran burguesía. Nuestro país es hoy más dependiente que nunca de la economía mundial capitalista y del imperialismo. Como ya hemos visto el déficit de la balanza de pagos del imperialismo repercutirá agudamente en las semicolonias. A esto debemos agregar que la polarización entre los países imperialistas y los dependientes se acrecienta año a año, por ejemplo la exportación de productos primarios, uno de los índices del desarrollo de las fuerzas productivas de los países dependientes, ha bajado a 96, si se toma como índice el año 1953.</p>
<p>Nuestro país vivió, a costa de enajenar los sectores fundamentales de su economía, un período de equipamiento industrial, de ligero desarrollo de las fuerzas productivas, durante el Frondizismo. Durante el gobierno de Illia ese desarrollo se estancó. La dictadura bonapartista anunció que, previa una etapa de “estabilización” y “reordenamiento”, iniciaría una etapa de desarrollo de las fuerzas productivas; mucha gente lo creyó, entre ellas nuestro impresionista compañero Moreno que predijo hace un año:..un reanimamiento a un año de la economía nacional.</p>
<p>Lo cierto es que los planes de la dictadura se han venido abajo: su ministro de economía ha anunciado, ya abiertamente, sin tapujos, cuales son sus planes futuros: colocar aún más la economía nacional en situación de “interdependencia” con el imperialismo, no “sustituir importaciones” mediante el desarrollo de sectores de la industria nacional que resultan “onerosos” al país en su conjunto, estimular la elaboración de productos primarios, etc. Este plan anti-desarrollista de la dictadura, se basa en la situación real de la economía capitalista para 1968: falta de financiación exterior a las obras de infraestructura debido a la crisis del capitalismo mundial, cierre de mercados para los productos de exportación argentinos con la consiguiente reducción de ingresos de divisas, comienzos notorios de una recesión industrial para este año, descenso del producto bruto “per cápita” del 2 % en 1967, cerca de un millón de desocupados, etc.</p>
<p>A esto debe agregarse la perspectiva de una crisis coyuntural de la economía argentina, que de producirse acelerará todas las contradicciones sociales, comenzando por las inter-burguesas, siguiendo por las de la burocracia sindical y la burguesía y las de clase obrera con las de la burocracia y la burguesía. Esta es la perspectiva real, concreta, expresada sin rodeos, sin frases generales vacías de contenido, abierta para el año que se inicia, aún cuando no estemos en condiciones de predecir cuando se concretará.</p>
<p>No hay a la vista elementos que permitan suponer una recuperación o reanimamiento de la economía argentina; de producirse ésta más adelante, se alejarían las posibilidades de una “verdadera” política revolucionaria para amplios sectores de masas, aún cuando se produjera fomentada por la reactivación económica una “reactivación del movimiento obrero y la vanguardia como consecuencia de una demanda de mano de obra”. Tal como señalara Moreno en su famosa tesis económica en la que, una vez más, confunde reanimamiento de las luchas económicas, con posibilidades de un reanimamiento de las luchas económicas y político revolucionarias de la clase obrera, con posibilidades de desarrollo de la “verdadera” revolución, que sólo existe en épocas de estancamiento de las fuerzas productivas y no de desarrollo de éstas.</p>
<p>La primera condición establecida por los clásicos, dentro de los marcos nacionales, para considerar una situación revolucionaria es: “la incapacidad del régimen social existente para resolver los problemas fundamentales de desarrollo del país” (L. Trotsky, H. de la Rev. Rusa, T. II, pág. 575). Expresión mucho más precisa y menos exigente que la interpretación que ha contrabandeado en el partido Moreno: “que las clases burguesas no encontrasen salida a una situación crítica”, ya que es evidente que, por ejemplo, ya hoy en la Argentina el régimen se muestra “incapaz de resolver los problemas fundamentales del país”, pero nadie puede decir que “las clases burguesas no encuentran salida a una situación crítica” (incluso porque habría que definir qué quiere decir Moreno con una “situación crítica”). Esa condición existe en el país desde hace varios años y en la casi totalidad del Norte, con una agudeza crónica similar a la de los países más atrasados.</p>
<p>Dentro de este marco, las capas intermedias no tienen perspectiva de desarrollo, de allí su descontento, su desilusión ante la política de la clase dirigente, su oposición a la dictadura, que a la vez de ser un estado de ánimo palpable, comienza a manifestarse en algunos síntomas como la reciente huelga de los médicos, de los estatales en La Plata, las amenazas de los maestros, la izquierdización de la dirección del movimiento estudiantil manifestada en el congreso de la FUA, y que no debemos adjudicar solamente a la influencia superestructural de la OLAS. Este descontento no puede, no podrá concretarse en grandes acciones contra la dictadura, porque la clase media es incapaz de llevar a cabo por sí misma, en los países con una industria desarrollada, una acción política sostenida. Sólo puede actuar apoyando a un sector de la burguesía como lo hizo en 1955, o sosteniendo la iniciativa revolucionaria del proletariado, siempre que éste se de una política correcta para acaudillar al pueblo en su conjunto. En los tiempos de crisis nacional “la pequeña burguesía sigue a la clase capaz de inspirarle confianza, no sólo por sus palabras sino por sus hechos. Es capaz de impulsos y hasta de delirios revolucionarios, pero carece de resistencia, los fracasos la deprimen fácilmente y sus fogosas esperanzas pronto se cambian en desilusión” (Trotsky Idem, 577). Esa clase “capaz de inspirarle confianza por sus hechos”, “capaz de tomar las riendas de la nación para resolver los problemas planteados por la historia aún no ha hecho su entrada como clase revolucionaria, con una política independiente, en la historia de nuestro país. Corresponde que intentemos responder al interrogante: ¿su calma actual es el preludio de su entrada en la historia del país como clase revolucionaria independiente? O, por el contrario ¿es el inicio de un largo retroceso y su integración al régimen tal como se produjo en las metrópolis imperialistas? O, finalmente, ¿es un período de retroceso entre períodos de luchas económicas, dirigidas por sectores burocráticos y burgueses, con objetivos reformistas, no revolucionarios ni</p>
<p>socialistas?</p>
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<p><strong>QUE SENTIDO TIENE EL &#8220;RETROCESO&#8221; DE NUESTRA CLASE OBRERA</strong></p>
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<p>Hemos establecido, mediante un análisis concreto, actual, que las condiciones objetivas para el desarrollo de la revolución verdadera están dadas. Hemos señalado que las dos primeras condiciones objetivas establecidas por los clásicos para el desarrollo de la revolución, incapacidad de la burguesía de resolver los problemas de desarrollo económico y falta de perspectivas de las capas intermedias, existen en nuestro país desarrolladas desigualmente en distintas regiones y todos los hechos concretos indican que se agudizarán en el futuro.</p>
<p>Ahora bien: ¿existe en nuestro país &#8220;la clase capaz de tomar las riendas de la nación&#8221;, de aprovechar las condiciones objetivas favorables para la revolución socialista, de crear las condiciones subjetivas y de arrastrar a las clases intermedias tras su política?. Sí, existe. En nuestro país el capitalismo ha desarrollado una numerosa clase obrera con tradición de lucha económica, organizada sindicalmente, que ha pasado por la experiencia del peronismo y que constituye la fuerza social potencialmente revolucionaria, más importante de Latinoamérica. Así se complementan las condiciones objetivas revolucionarias.</p>
<p>Esa clase, ¿tiene en estos momentos fuerza y experiencia suficientes como para hacer la revolución?. Como señalan Lenin y Trotsky: &#8220;La revolución puede haber madurado, y los creadores revolucionarios de esta revolución pueden carecer de fuerzas suficientes para realizarla, entonces la sociedad entra en descomposición y esta descomposición se prolonga a veces hasta por decenios&#8221;. Se trata entonces de saber &#8220;si las clases revolucionarias tienen bastante fuerza para realizarla&#8221;.</p>
<p>Vamos ahora a estudiar el estado de la clase obrera, para ver de qué punto debemos partir para iniciar la lucha armada revolucionaria, en el curso de la cual se desarrollarán las fuerzas subjetivas necesarias para su futuro y lejano triunfo.</p>
<p>Frecuentemente en nuestro Partido se ha utilizado la descripción del estado de la clase como explicación de todos los males del país y partidarios, el &#8220;retroceso&#8221; es la fatalidad que nos deja sin perspectivas, a la espera de reanimamientos, “los males del retroceso sólo los cura el ascenso”.</p>
<p>Dentro de ese esquema tan simple y superficial como oportunista, el partido y la situación objetiva no son nada, el estado de ánimo de la clase obrera lo es todo.</p>
<p>Lenin, a quien por suerte todavía nadie llama “putchista” en nuestro Partido, repudió siempre ese método de análisis, señalando que la política del partido no debía determinarse en base al estado de la clase, sino de las posibilidades objetivas de desarrollo de la “verdadera” revolución. Ya hemos citado sus ejemplos recientemente.</p>
<p>Nosotros vamos a analizar el estado de la clase en el sentido leninista, no para explicar todos los males del partido o determinar las posibilidades de desarrollo de la revolución. Nosotros, como Lenin, creemos que las posibilidades de desarrollo de la revolución, se basan fundamentalmente en el análisis de las condiciones objetivas.</p>
<p>Ese análisis ya lo hemos hecho precedentemente y nos permite afirmar la existencia de condiciones revolucionarias en todo el país y en especial en el Norte.</p>
<p>Tratemos ahora de penetrar en el sentido del actual “retroceso” de la clase obrera, para tener un elemento más a tomar en cuenta, acerca de la forma mejor de luchar para movilizar a la clase obrera contra la dictadura y el imperialismo.</p>
<p>Nuestra clase obrera industrial, desde el surgimiento del peronismo hasta hoy, apoyó la política y las concepciones de la dirección peronista y la burocracia sindical. En esta etapa vivió ascensos y descensos, períodos de luchas y períodos de retroceso, pero el común denominador de todos ellos fue que la dirección burguesa y la burocracia sindical siguieran contando con el apoyo de la clase obrera, que sus concepciones, sus objetivos políticos, tanto en las épocas de auge de las luchas económicas como en las de retroceso, fueron tomados por la clase obrera como suyos.</p>
<p>Hoy la situación ha cambiado, la clase obrera vive una en intensa revolución deológica. Las concepciones pequeño burguesas que le inculcó el peronismo, la confianza en las direcciones sindicales burocráticas, se encuentran profundamente corroídas por las duras derrotas sufridas en los últimos 12 años y por el ejemplo que significa la existencia de una dirección revolucionaria continental: el castrismo. La orientación futura e inmediata de la clase obrera y el pueblo, estará determinada cada vez más, 1) por las condiciones objetivas de descomposición del capitalismo semicolonial y las subjetivas de existencia de un proceso de revolución latinoamericana y una dirección revolucionaria continental (a la que debemos agregar la existencia en la Argentina, por primera vez en 25 años, de un Partido revolucionario nacional, aunque pequeño y con poca influencia de masas) y; 2) por la política de traición de su vieja dirección (el peronismo y la burocracia sindical).</p>
<p>De estos dos factores el decisivo es el primero. Por un lado las leyes de la historia son más fuertes que los aparatos burocráticos que no podrán ya adormecer por mucho tiempo el natural impulso revolucionario de la clase obrera y el pueblo en situaciones de crisis social. Por el otro, el desarrollo de la revolución latinoamericana y de nuestro Partido dotarán a las masas de la dirección que necesitan para superar su actual retroceso.</p>
<p>Nuestra tarea fundamental en todo este período que va de la actual etapa de retroceso hasta el próximo reanimamiento de la lucha de clases, consiste en superar la contradicción existente entre:</p>
<p>1) la madurez de las condiciones objetivas para la revolución en la Argentina, y el desarrollo avanzado de la lucha de clases en el continente, por un lado; y, 2) la falta de madurez revolucionaria de la clase obrera y el pueblo (confusión y desánimo en el viejo proletariado, falta de experiencia revolucionaria en el joven, falta de conciencia socialista en general) y el retroceso de la lucha revolucionaria en nuestra patria en relación al resto del continente, por el otro.</p>
<p>No están dadas las condiciones objetivas para que ese retroceso desemboque en la integración al régimen como ocurriera en los países metropolitanos, (laborismo, ALF-CIO). Por primera vez en 25 años comienzan a darse las condiciones para que un reanimamiento de la clase obrera desemboque en un auge &#8220;verdaderamente&#8221; revolucionario. En la preparación y en el curso de ese auge, se fortalecerá, desarrollará y adquirirá influencia en grandes sectores de masas, nuestro Partido; en la preparación armada y en el curso de ese auge, nuestro Partido fortalecerá el ejército revolucionario, sin el cual, desde Lenin hasta el presente, todos los revolucionarios sabemos que la victoria es imposible, y al cual debemos comenzar a crear ya mismo, con la preparación e iniciación de la lucha armada.</p>
<p>La única posibilidad de que las fuerzas que templa nuestra clase, en el caldero de sus sufrimientos cotidianos, y que inevitablemente llevarán a un reanimamiento de sus luchas, desemboquen en un auge revolucionario, residen en nuestro Partido.</p>
<p>Es la única fuerza revolucionaria existente en el país, de su audacia y decisión, de su capacidad de indicar a los más amplios sectores de la clase -mediante una vigorosa campaña de propaganda y agitación- la salida política a la actual situación, de su capacidad para preparar, iniciar y desarrollar -estrechamente ligado a las clases revolucionarias- la lucha armada contra el régimen y el imperialismo, depende la suerte de la revolución en los próximos años. La clase obrera tensa sus fuerzas para un reanimamiento de contenido distinto a todos los anteriores, desorientada y a la espera de un polo revolucionario que le indique el camino a seguir. Ella, que aún bajo las más podridas direcciones reformistas supo dar muestras de heroísmo, sabrá cumplir con su cometido. Somos nosotros los revolucionarios conscientes quienes debemos cumplir con el nuestro.</p>
<p>(Por razones de seguridad hemos suprimido el análisis de las relaciones entre la vanguardia revolucionaria y región revolucionaria y la respuesta a la pregunta cómo, dónde y cuándo, debe iniciarse la lucha armada).</p>
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<p><strong>RELACIÓN MILITAR ENTRE EL CAMPO Y LA CIUDAD EN LA PRIMERA ETAPA DE GUERRA REVOLUCIONARIA</strong></p>
<p> </p>
<p>Dentro de nuestra estrategia de guerra civil prolongada, la creación de una fuerza militar revolucionaria es nuestro objetivo táctico principal.</p>
<p>Dentro de nuestra estrategia de poder, que el proletariado industrial de las ciudades y sus aliados inicien un auge revolucionario contra la dictadura bonapartista y el imperialismo es otro objetivo estratégico que debe ser subordinado tácticamente a la estrategia de guerra civil prolongada. La experiencia de todas las revoluciones enseña que el proletariado no obtiene el poder en su primer alzamiento revolucionario. Lo más probable es que en sus primeros intentos sea derrotado, hasta que atesore la suficiente experiencia de lucha y organice un ejército revolucionario capaz de derrotar al ejército del régimen; el partido revolucionario debe trabajar tesoneramente en la preparación de ese auge pero sabiendo que es muy difícil que en su primer intento “verdaderamente” revolucionario la clase obrera tome el poder, y que desde el comienzo mismo del auge el partido debe preparar su posible repliegue.</p>
<p>Por eso decimos que el auge revolucionario del proletariado es táctico en relación a la estrategia de guerra civil prolongada.</p>
<p>Ahora bien: ¿qué es táctico en relación a nuestro objetivo estratégico de formación de una fuerza militar revolucionaria?. Desde ese ángulo el levantamiento del conjunto del proletariado debe también ser considerado táctico, durante un primer período. Es táctico en relación al objetivo estratégico de construir un ejército revolucionario; objetivo que se logra estratégicamente en el campo.</p>
<p>“Es fundamental en nuestro país la lucha del proletariado urbano”. Los compañeros que dicen eso tienen razón, pero señalan una verdad a medias. La lucha del proletariado urbano es fundamental, por ser la clase motor de la revolución, pero en la etapa actual de lucha contra el imperialismo no tiene posibilidad alguna de triunfar si no es respaldada por un ejército revolucionario estratégicamente construido en el campo. Y esto es así por varias razones. Ya Engels y Lenin habían señalado la imposibilidad de llevar a cabo una guerra de posiciones, o una guerra de movimientos de grandes unidades combatientes del proletariado en las ciudades.</p>
<p>Lenin resolvió el problema aconsejando al proletariado organizarse en grupos reducidos de tres a cinco, que libraran una guerra de guerrillas de gran movilidad, sin defender posiciones.</p>
<p>En nuestra época la situación ha variado totalmente. Como hemos visto en detalle, si bien como perspectiva histórica las crisis del imperialismo es inevitable, el levantamiento de las masas oprimidas de las metrópolis seguro, y la derrota del imperialismo en manos de esas masas no menos segura; eso está muy lejos de producirse, tendrá que avanzar mucho más aún la revolución de los países coloniales y semicoloniales para que ocurra.</p>
<p>Hasta tanto suceda, el imperialismo es una fuerza militar muy poderosa, con una gran cohesión y poder técnicos de destrucción, su intervención para aplastar la revolución se produce siempre que los gobiernos y ejércitos títeres tambalean, por lo tanto es imposible resistir en una guerra de posiciones en las ciudades, al ejército imperialista. La Revolución en la Rep. Dominicana es un ejemplo de lo que decimos.</p>
<p>En todos los países dependientes la tendencia es a eliminar los gobiernos de características democrático-burguesas para reemplazarlos por dictaduras militares que, ya en una primera etapa, le plantean al movimiento obrero la imposibilidad de desarrollar movilizaciones de masas y, menos que menos, defender posiciones ocupadas, ya sean fábricas o barrios. A lo máximo que puede llegarse en las ciudades, es la formación de pequeñas unidades de combate que lleven a cabo acciones de guerrillas urbanas. Algunas estarán combinadas y otras no con movilizaciones de masas. Solamente en zonas geográficamente favorables y contando con el apoyo de la población, es posible la formación de columnas móviles numerosas que lleven a cabo una guerra de movimientos. Sin la formación de estas columnas móviles es imposible hablar de ejército revolucionario, a menos que se quiera confundir el problema llamando ejército revolucionario a los desperdigados destacamentos de combate que operan en las ciudades y que nunca, por sí solos, ni aún contando con la movilización masiva del proletariado, podrán derrotar a los modernos ejércitos del imperialismo.</p>
<p>Todo esto debe tenerse en cuenta al combatir las tendencias aventureras que formulan llamados prematuros a la insurrección.</p>
<p>Por todos estos motivos, por una etapa de varios años, la formación de un ejército en el campo es nuestra estrategia para la creación del ejército revolucionario; y la creación de centenares de destacamentos armados obreros y populares que actúen en las ciudades; 1) apoyando las movilizaciones de masas, y 2) llevando a cabo una acción militar independiente; es nuestra táctica fundamental que debe estar subordinada a aquella estrategia.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong>CARÁCTER ESTRATEGICAMENTE DEFENSIVO Y TÁCTICAMENTE OFENSIVO DE NUESTRA GUERRA REVOLUCIONARIA EN UNA LARGA PRIMERA ETAPA, SUS FORMAS ESPECÍFICAS EN LA CIUDAD Y EL CAMPO.</strong></p>
<p> </p>
<p>La lucha armada revolucionaria, tendrá un carácter estratégicamente defensivo en todo el país y en toda la región Sur.</p>
<p>El carácter ofensivo o defensivo de una estrategia debe establecerse tomando el conjunto de las relaciones de fuerzas políticas y militares que actúan en el continente, la región, el país y dentro de una zona del país.</p>
<p>Iniciada la lucha armada revolucionaria con minoría de fuerzas en el continente, en la región, el país y la zona del país; el partido y el ejército durante una larga primera etapa que llevará muchos años, se verá obligado, si no quiere sufrir y hacer sufrir a las masas serios reveses, a darse una estrategia defensiva.</p>
<p>Esto quiere decir que el Partido tomará en cuenta que las fuerzas de la revolución son más débiles que las de la contrarrevolución; que si bien las oligarquías y el imperialismo defienden sus privilegios de explotadores ante la perspectiva histórica de que le sean arrebatados por las clases revolucionarias: en el terreno militar y político, en la presente etapa, tienen una fuerza abrumadoramente superior a la de la revolución y, apenas esta desarrolle la lucha armada, se colocarán a la ofensiva en todos los frentes tratando de reprimirla.</p>
<p>En todo momento debemos tener en cuenta esta relación de fuerzas del conjunto de la situación, porque si nos dejamos guiar por la situación parcial en una breve etapa de tiempo o en una estrecha región podemos sobrestimar nuestras propias fuerzas y subestimar las del enemigo, y sufrir duras derrotas.</p>
<p>Esto implica que debemos combatir teniendo en cuenta nuestra debilidad y siendo conscientes de que la superaremos con el correr del tiempo si combatimos bien y con una política justa.</p>
<p>El error que cometen los oportunistas es que se dejan impresionar por aspectos parciales, y de allí sacan conclusiones generales sin tomar en cuenta el conjunto de la situación, o bien que confunden las perspectivas históricas a largo plazo, con la realidad de la presente etapa de nuestra revolución. Su método ha sido definido en el marxismo como método metafísico y consiste en juzgar los aspectos parciales por separado, sin tomar en cuenta su relación con el todo y con la realidad; es el método que guía en muchas oportunidades el pensamiento de Moreno y que puede llevar al partido a errores fatales.</p>
<p>El carácter estratégico defensivo de una larga primera etapa de la revolución, debe tomarse en cuenta para combatir a las tendencias, como la de Moreno, que por seguir un método metafísico de pensamiento, se dejan impresionar por cualquier aspecto parcial de la situación -como ha ocurrido con la guerrilla boliviana que, según él cambia la etapa en Bolivia de defensiva en ofensiva- y adoptan posiciones aventuras que, sí por un milagro, llegan a tener influencia en las masas, pueden provocar duras derrotas o en el mejor de los casos, dan perspectivas falsas que desorientan al Partido.</p>
<p>Por otra parte, debe tenerse en cuenta que, por razones políticas y militares, toda operación táctica de lucha armada debe prepararse y librarse con un criterio ofensivo, procurando mantener la iniciativa y concentrar la mayoría de fuerzas contra el enemigo.</p>
<p>Debemos tener en cuenta que esto es posible y necesario, para combatir a los aventureros que quieran hacernos librar batallas innecesarias en inferioridad de condiciones, y para combatir a los seguidistas que partiendo del estado de retroceso de la clase obrera, consideran que es imposible librar exitosamente acciones armadas.</p>
<p>La primera conclusión importante que debemos sacar de nuestra estrategia defensiva para la primera etapa, es la necesidad de un fuerte aparato ilegal del conjunto del partido antes de emprender acciones militares. Si no lo hacemos, si nos dejamos guiar por las irresponsables caracterizaciones de Moreno que considera que la lucha armada en el Norte y Bolivia no modificará para nada la situación de Centro y Litoral, que no toma en cuenta que deberemos colocarnos a la defensiva en el conjunto del país, seremos liquidados en cuatro días.</p>
<p>El desarrollo del ejército revolucionario en el campo depende más de la corrección de su mando, que de las fluctuaciones en las condiciones económicosociales y del estado de ánimo de la clase obrera. Aunque si se produce un cambio cualitativo en el régimen burgués, y éste, logra superar su crisis crónica para iniciar un pujante desarrollo de su economía, este cambio afectará grandemente el curso de la guerra revolucionaria. Lo que es necesario tener en cuenta es que la economía argentina no puede resolver el estado de miseria del campesinado y la crisis aguda de la economía en el Norte. Manteniéndose esas bases el desarrollo del ejército revolucionario dependerá fundamentalmente de la corrección de su mando. Si tenemos un mando decidido, audaz e inteligente, dispuesto a los mayores sacrificios; y un partido y una estrategia nacional y continental, el crecimiento de nuestra fuerza militar será constante y ascendente, independientemente de las marchas y contramarchas, avances y retrocesos que necesariamente habrá de efectuar; y estará vinculado tanto a la lucha en el resto del país, como a toda la Región Sur.</p>
<p>El desarrollo de la lucha armada revolucionaria en los grandes centros industriales, en cambio, seguirá pautas y una dinámica distinta. Dentro de la primera etapa estratégicamente defensiva, habrá épocas en que la clase obrera se movilizará colocándose a la ofensiva táctica contra el régimen, se librarán grandes batallas que inicialmente serán ganadas por el enemigo y desde el comienzo de las cuales es necesario preparar el redespliegue y se abrirán largos períodos de retroceso en los cuales la clase obrera en su conjunto no participará en la lucha de guerrillas en el campo y la ciudad, y nuestro Partido y los destacamentos armados deberán librar mil pequeños encuentros tácticos, algunos subordinados a la estrategia del ejército revolucionario, otros ligados a las necesidades inmediatas de la lucha de clases y tendientes a provocar un nuevo reanimamiento de la lucha de la clase obrera; otros por fin, tendientes al financiamiento del partido y los combatientes.</p>
<p>No debe olvidarse, en fin, que toda lucha revolucionaria recorre ineluctablemente tres etapas: en la primera la revolución está poco desarrollada, en inferioridad de condiciones y tiene una estrategia defensiva; en la segunda, gracias a la lucha revolucionaria se produce un equilibrio de fuerzas en el cual la revolución prepara sus fuerzas para pasar a la ofensiva; en la tercera, la revolución pasa a la ofensiva y el enemigo se defiende. Esta dinámica inevitable casi seguramente provocará la intervención del imperialismo y transformará la guerra civil revolucionaria en guerra nacional antiimperialista. Pero en esa etapa, el desarrollo continental de la revolución colonial y de la revolución socialista provocará el derrumbe final del imperialismo y el triunfo de nuestra revolución será inevitable!</p>
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		<title>BOLETÍN: CONTRA EL LIBERALISMO (Mao Tse-tung)</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Aug 2009 22:18:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fogonero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Formación]]></category>
		<category><![CDATA[contra el liberalismo]]></category>
		<category><![CDATA[formación política]]></category>
		<category><![CDATA[Mao Tse-Tung]]></category>

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		<description><![CDATA[Desacargá el boletín presionando sobre la imágen   De las Obras Escogidas de Mao Tse-tung   EDICIONES EN LENGUAS EXTRANJERAS PEKIN 1976   7 de septiembre de 1937       Estamos por la lucha ideológica activa, pues ella es el arma con que se logra la unidad interna del Partido y demás colectividades revolucionarias en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">Desacargá el boletín presionando sobre la imágen</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.scribd.com:80/doc/34730416/Contra-El-Liberalismo-Mao-Tse-Tung" target="_blank"><img class="aligncenter size-full wp-image-1096" title="Contra el liberalismo" src="http://www.fogoneros.org/wp-content/uploads/2009/08/Contra-el-liberalismo.jpg" alt="" width="350" height="495" /></a></p>
<p style="text-align: right;"> </p>
<p style="text-align: right;">De las Obras Escogidas de Mao Tse-tung</p>
<p style="text-align: right;"> </p>
<p style="text-align: right;">EDICIONES EN LENGUAS EXTRANJERAS</p>
<p style="text-align: right;">PEKIN 1976</p>
<p style="text-align: right;"> </p>
<p style="text-align: right;">7 de septiembre de 1937</p>
<p> </p>
<p>    Estamos por la lucha ideológica activa, pues ella es el arma con que se logra la unidad interna del Partido y demás colectividades revolucionarias en beneficio del combate. Todos los comunistas y revolucionarios deben empuñar esta arma.</p>
<p>    Pero el liberalismo rechaza la lucha ideológica y propugna una paz sin principios, dando origen a un estilo decadente y vulgar, que conduce a la degeneración política a algunas organizaciones y miembros del Partido y demás colectividades revolucionarias.</p>
<p>    <strong>El liberalismo se manifiesta en diferentes formas:</strong></p>
<p>    A sabiendas de que una persona está en un error, no sostener una discusión de principio con ella y dejar pasar las cosas para preservar la paz y la amistad, porque se trata de un conocido, paisano, condiscípulo, amigo íntimo, ser querido, viejo colega o viejo subordinado. O bien buscando mantenerse en buenos términos con esa persona, rozar apenas! el asunto en lugar de ir hasta el fondo. Así, tanto la colectividad como el individuo resultan perjudicados. Este es el primer tipo de liberalismo.</p>
<p>    Hacer críticas irresponsables en privado en vez de plantear activamente sugerencias a la organización. No decir nada a los demás en su presencia, sino andar con chismes a sus espaldas; o callarse en las reuniones, pero murmurar después. No considerar para nada los principios de la vida colectiva, sino dejarse llevar por las inclinaciones personales. Este es el segundo tipo.</p>
<p>    Dejar pasar cuanto no le afecte a uno personalmente; decir lo menos posible aunque se tenga perfecta conciencia de que algo es incorrecto; ser hábil en mantenerse a cubierto y preocuparse únicamente de evitar reproches. Este es el tercer tipo.</p>
<p>    Desobedecer las órdenes y colocar las opiniones personales en primer lugar; exigir consideraciones especiales de la organización, pero rechazar su disciplina. Este es el cuarto tipo.</p>
<p>    Entregarse a ataques personales, armar líos, desahogar rencores personales o buscar venganza, en vez de debatir los puntos de vista erróneos y luchar contra ellos en bien de la unidad, el progreso y el buen cumplimiento del trabajo. Este es el quinto tipo. Escuchar opiniones incorrectas y no refutarlas, e incluso escuchar expresiones contrarrevolucionarias y no informar sobre ellas, tomándolas tranquilamente como si nada hubiera pasado. Este es el sexto tipo.</p>
<p>    Al hallarse entre las masas, no hacer propaganda ni agitación, no hablar en sus reuniones, no investigar ni hacerles preguntas, sino permanecer indiferente a ellas, sin mostrar la menor preocupación por su bienestar, olvidando que se es comunista y comportándose como una persona cualquiera. Este es el séptimo tipo.</p>
<p>    No indignarse al ver que alguien perjudica los intereses de las masas, ni disuadirlo, ni impedir su acción, ni razonar con él, sino dejarle hacer. Este es el octavo tipo.</p>
<p>    Trabajar descuidadamente, sin plan ni orientación definidos; cumplir sólo con las formalidades y pasar los días vegetando: &#8220;mientras sea monje, tocaré la campana&#8221;. Este es el noveno tipo.</p>
<p>    Considerar que se ha rendido grandes servicios a la revolución y darse aires de veterano; desdeñar las tareas pequeñas pero no estar a la altura de las grandes; ser negligente en el trabajo y flojo en el estudio. Este es el décimo tipo.</p>
<p>    Tener conciencia de los propios errores pero no intentar corregirlos, tomando una actitud liberal para consigo mismo. Este es el undécimo tipo.</p>
<p>    Podrían citarse otros tipos más, pero los once descritos son los principales.</p>
<p>    Todas éstas son manifestaciones de liberalismo.</p>
<p>    En una colectividad revolucionaria, el liberalismo es extremadamente perjudicial. Es una especie de corrosivo, que deshace la unidad, debilita la cohesión, causa apatía y crea disensiones. Priva a las filas revolucionarias de su organización compacta y de su estricta disciplina, impide la aplicación cabal de su política y aleja a las organizaciones del Partido de las masas que éste dirige. Se trata de una tendencia sumamente perniciosa.</p>
<p>    El liberalismo proviene del egoísmo de la pequeña burguesía; éste coloca los intereses personales en primer plano y relega los intereses de la revolución al segundo, engendrando así el liberalismo en los terrenos ideológico, político y organizativo.</p>
<p>    Los adictos al liberalismo consideran los principios del marxismo como dogmas abstractos. Aprueban el marxismo, pero no están dispuestos a practicarlo o a practicarlo cabalmente; no están dispuestos a sustituir su liberalismo por el marxismo Tienen su marxismo y también su liberalismo hablan del marxismo pero practican el liberalismo el marxismo es para los demás y el liberalismo para ellos, mismos. Llevan ambos en su bagaje y encuentran aplicación para uno y otro. Así es como funciona el cerebro de cierta gente.</p>
<p>    El liberalismo constituye una manifestación de oportunismo y es radicalmente opuesto al marxismo. Es negativo y, objetivamente, hace el juego al enemigo. De ahí que éste se alegre si en nuestras filas persiste el liberalismo. Por ser tal su naturaleza, no debe haber lugar para el liberalismo en las filas revolucionarias.</p>
<p>    Debemos emplear el espíritu marxista, que es positivo, para superar el liberalismo, que es negativo. El comunista debe ser sincero y franco leal y activo, poner los intereses de la revolución por encima de su propia vida y subordinar sus intereses personales a los de 1a revolución; en todo momento y lugar ha de adherirse a los principios justos y luchar infatigablemente contra todas las ideas y acciones incorrectas, a fin de consolidar la vida colectiva del Partido y la ligazón de éste con las masas ha de preocuparse más por el Partido y las masas que por ningún individuo, y más por los demás que por sí mismo. Sólo una persona así es digna de llamarse comunista.</p>
<p>    Todos los comunistas leales, francos, activos y honrados deben unirse para combatir las tendencias liberales, que cierta gente tiene, y encauzar a ésta por el camino correcto. He aquí una de nuestras tareas en el frente ideológico.</p>
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		<title>La Formación Multilateral de los Cuadros [1]</title>
		<link>http://www.fogoneros.org/2009/07/22/la-formacion-multilateral-de-los-cuadros-1/</link>
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		<pubDate>Thu, 23 Jul 2009 01:39:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fogonero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Formación]]></category>

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		<description><![CDATA[Benito Jorge Urteaga   Siguiendo las orientaciones del Comité Ejecutivo de diciembre de 1974, que señala la importancia actual de la formación de cuadros, para estar en condiciones óptimas de pasar a dirigir el movimiento de masas en la etapa que se avecina de generalización de la guerra revolucionaria, el camarada Benito Urteaga, miembro del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.fogoneros.org/wp-content/uploads/2009/07/santucho-urteaga.bmp" rel="lightbox[387]"><img class="alignleft size-full wp-image-386" title="santucho urteaga" src="http://www.fogoneros.org/wp-content/uploads/2009/07/santucho-urteaga.bmp" alt="santucho urteaga" /></a></p>
<p style="text-align: right;">Benito Jorge Urteaga</p>
<p> </p>
<p>Siguiendo las orientaciones del Comité Ejecutivo de diciembre de 1974, que señala la importancia actual de la formación de cuadros, para estar en condiciones óptimas de pasar a dirigir el movimiento de masas en la etapa que se avecina de generalización de la guerra revolucionaria, el camarada Benito Urteaga, miembro del Buró Político del Partido, dio una conferencia sobre formación de cuadros ante un grupo de compañeros responsables políticos de diversas zonas de una regional.</p>
<p>Resumiremos brevemente los aspectos principales reseñados en el curso, a los fines que el mismo sea ampliamente difundido entre los compañeros del Partido, dirigentes, militantes, simpatizantes y allegados, especialmente entre la periferia obrera.</p>
<p>Se partió señalando la importancia que el conjunto de la militancia partidaria tenga un profundo conocimiento de la línea partidaria, su estrategia, sus principios tácticos, sus criterios de clase.</p>
<p><em>“Los problemas de organización están subordinados al problema de clase y a la estrategia”, </em>señaló el camarada Urteaga. De acuerdo a cada clase y a cada estrategia hay un tipo determinado de organización, hay que tener en cuenta la relación entre el provenir y lo inmediato. Esto significa que sin sacrificar el porvenir debemos garantizar lo inmediato.</p>
<p>Para tener bien claro el provenir, la estrategia, es imprescindible que los cuadros manejen profundamente la línea del Partido; se debe conocer las resoluciones del IV Congreso que analiza científicamente una estrategia de poder para nuestro país; se debe profundizar en el estudio del V Congreso del Partido que orienta en los principales principios tácticos leninistas; y finalmente, se debe estudiar el folleto “Poder Burgués y Poder Revolucionario”, que señala las orientaciones fundamentales hacia la etapa a la cual nos dirigimos.</p>
<p>El conocimiento amplio y profundo de estos materiales, que son la estructura de la línea partidaria, permite la aplicación eficiente de la misma, y ello es así, porque numerosos problemas que hoy se presentan a la militancia partidaria están resueltos en estos documentos, en la línea del Partido y un insuficiente conocimiento de la misma, retrasa el cumplimiento de los planes trazados.</p>
<p>La estructura de los cuadros es lo que garantiza la aplicación eficiente de la línea partidaria. Es de acuerdo al papel de los cuadros, a su comportamiento; como las masas reconocen la calidad y la actividad del Partido. Es en la estructura de los cuadros, donde las masas observan el vívido reflejo del Partido.</p>
<p> </p>
<p><strong>EL ARTE Y LA DIALÉCTICA DE LA CONSTRUCCIÓN DEL PARTIDO</strong></p>
<p> </p>
<p>La construcción del Partido tiene dos aspectos; tiene una dialéctica y tiene un arte.</p>
<p>La dialéctica en la construcción del partido consiste en que todos los aspectos de la actividad del mismo se presentan en forma contradictoria, es decir tienen un doble carácter. Por un lado, por ejemplo, es un partido de masas, porque tiene que estar fundido en las masas, sus miembros tienen que provenir de las masas; y a su vez es un partido de vanguardia, por su organización independiente, por su actividad independiente, por su estructura en la cual participan los mejores y más claros elementos de la clase obrera y el pueblo. Por un lado el Partido hace actividad de masas, por el otro hace actividad de vanguardia. Cada actividad que emprende el Partido tiene su contradicción, tiene su dialéctica: existe contradicción entre trabajo militar y trabajo de masas; existe contradicción entre el trabajo político y el trabajo económico; existe la contradicción entre el trabajo legal y el ilegal; entre la actividad armada y la actividad no armada. Resolver estas contradicciones es el arte.</p>
<p>Se presenta habitualmente que el déficit fundamental es desarrollar unilateralmente las tareas en determinado momento. Así, por ejemplo, cada tarea lleva implícita una presión unilateral. El hombre de la célula militar dice que no puede atender contactos porque tiene una operación militar; el dirigente sindical dice que no puede estudiar porque tiene que hacer actividad sindical; el compañero de propaganda dice que no puede atender la actividad de atención de contactos porque su tarea lo absorbe. Saber comprender, saber analizar, reflexionar sobre el aspecto contradictorio de las tareas del Partido es saber comprender la dialéctica en la construcción del Partido, y saber aplicar los métodos, los principios de acción para resolver esta contradicción es un arte.</p>
<p>Este es el problema de la construcción de la dirección, de la estructura de  cuadros y de los miembros organizados del Partido. El Partido, en su conjunto a distintos niveles, debe resolver este acomplejo problema para poder colocarse al frente de la lucha de clases del proletariado.</p>
<p> </p>
<p><strong>FORMACIÓN DE CUADROS DIRIGENTES Y RESPONSABLES DE CÉLULAS</strong></p>
<p> </p>
<p>A partir del Comité Ejecutivo de diciembre de 1974 la formación de cuadros dirigentes y responsables de células se convierte en el eslabón principal de la política de construcción del Partido.</p>
<p>En dicho CE se vio que el Partido había previsto la posibilidad del desencadenamiento de una situación revolucionaria, había valorado la situación objetiva nacional e internacional ampliamente favorables, había valorado correctamente el espíritu y estado de ánimo de las masas, y había dado una serie de orientaciones para prepararnos para una nueva etapa de la lucha de clases.</p>
<p>Dicho CE comprobó y valoró que en ese sentido hubo déficit en la formación de los cuadros dirigentes responsables de células; de ahí que se tomó este problema como una de las tareas primordiales y para estar en condiciones de asumir la dirección del proceso en los próximos acontecimientos que se desencadenarán en el desarrollo de la situación revolucionaria que se prevé.</p>
<p>Ello nos lleva a definir las características del cuadro. En primer lugar, debemos tomar el carácter de clase.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>a) Carácter de Clase</strong></p>
<p> </p>
<p>Necesitamos un conjunto de dirigentes, responsables de células y cuadros del Partido que provengan principalmente de la clase obrera. Debemos esforzarnos en la formación de nuevos cuadros que vengan de la clase obrera; se debe tener en cuanta que el compañero proveniente de la clase obrera posee características, métodos, hábitos, formas de vida, que facilita su desarrollo como militante revolucionario. Su espíritu de sacrificio, abnegación, la disciplina, son cualidad que la propia vida en las fábricas, la producción social, el sacrificio a que se ven obligados a hacer para subsistir, los lleva en su más acelerado desarrollo como revolucionarios. Sus puntos de vista, orientados e imbuidos en el marxismo-leninismo, expresan los intereses históricos del proletariado.</p>
<p>Las características de la vida en las fábricas, la necesidad del cumplimiento estricto de horarios, la existencia de supervisores, capataces, el ritmo de producción y la forma de producción social, ayuda a la comprensión inmediata de la necesidad de la disciplina en la actividad revolucionaria. Los compañeros militantes que provienen de otras clases no proletarias deben asumir y preocuparse por desarrollar las características, los hábitos y los puntos de vista del proletariado revolucionario.</p>
<p>Dentro de la clase obrera, los camaradas que provienen del proletariado fabril, son generalmente los más aptos para el desarrollo de sus cualidades como revolucionarios. Por ello, el Partido debe centrar su actividad política sobre el proletariado fabril de las fábricas, y en especial sobre las grandes fábricas.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>b) Ligazón con Las Masas</strong></p>
<p> </p>
<p>El cuadro debe estar ligado y participar de todos los problemas que hacen a la lucha de las masas, debe conocer sus aspiraciones, saber interpretar su estado de ánimo, y cada cuadro debe ser un fiel intérprete de las necesidades<strong> </strong>de las masas.</p>
<p> </p>
<p><strong>c) Responsabilidad para Cumplir las Tareas</strong></p>
<p> </p>
<p>La estructura de cuadros y militantes es el factor fundamental que nos permitirá incorporar a la gran cantera de cuadros que nos ofrecerán las movilizaciones de masas. Este contingente debe comprender cuadros sólidos, aptos para las distintas tareas revolucionarias con el fin de satisfacer todas las necesidades y de llevar la lucha en todos los terrenos. Le Duan explica claramente que “La calidad del cuadro se expresa por los resultados obtenidos en el cumplimiento de las tareas en cada etapa”. Esto significa la lucha contra la justificación; los cuadros dirigentes no deben permitirse ni deben permitir a otros cuadros ningún tipo de justificación para el incumplimiento de alguna tarea. En este sentido Le Duan agrega: “Lo que permite medir la calidad y el nivel de conocimiento de cada cuadro es si lleva a cabo o no las tareas revolucionarias, si aplica correctamente y a fondo o no, la línea y la política del Partido”<strong>.</strong><strong>[2]</strong></p>
<p>El punto de referencia, entonces, para conocer la calidad de un cuadro, es saber cómo cumple teniendo en cuenta el medio y las condiciones en que se mueve. Porque no es lo mismo el resultado que se puede obtener en una fábrica en clima de alza y entusiasmo, por ejemplo, que los resultados a lograr en una fábrica cuyo proletariado viene de sufrir una derrota y se encuentra desanimado, aplastado, aquietado.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong>d) Espíritu Revolucionario</strong></p>
<p> </p>
<p>El cuadro debe poseer un elevado espíritu revolucionario, lo debe animar un inagotable entusiasmo por las tareas revolucionarias; es necesario alentar en los cuadros el espíritu revolucionario, levantar el ejemplo de nuestros mártires, el heroísmo de los caídos en Trelew, en las diversas regionales, en quienes los militantes deben encontrar el ejemplo de sus mejores cualidades revolucionarias. El ejemplo perenne del Negrito Fernández debe guiar a nuestros cuadros.</p>
<p>El Negrito Fernández, caído valerosamente en Catamarca, fue un ejemplo de revolucionario proletario marxista-leninista, por su inagotable espíritu revolucionario, por su amor a sus hermanos de clase, y su odio a los enemigos del pueblo trabajador. En este sentido, el Negrito poseía todas las cualidades que señalaba Le Duan: “Un cuadro debe ante todo ser absolutamente fiel a la causa de su clase y a la de su nación; fiel al ideal comunista; un cuadro debe estar profundamente ligado a las masas, animado de un fervor revolucionario puro, no teme a las privaciones y no retrocede ante los sacrificios, supera valientemente todas las dificultades. Si carece de fervor revolucionario y entusiasmo será imposible comprender correctamente el marxismoleninismo y el fondo de la política del Partido; carecerá igualmente de entusiasmo para cumplir las tareas”.<strong>[3]</strong></p>
<p>El Negrito era un ejemplo de espíritu revolucionario. El compañero Arteaga recordando al Negrito señaló: “Llegaba a una regional, y si estaba por ejemplo una semana, el primer día se iba a la casa de un obrero del Partido, salía junto con él a visitar todos los contactos, a las fábricas, a los barrios obreros, visitaba los hogares de los camaradas obreros, conversaba con la gente, iba a visitar a la familia, se formaba así la imagen de la situación y recién después iba a la reunión de equipo con una idea formada del estado de ánimo y de la situación de las masas. Y cuando asumió funciones dirigentes en el Partido, cuando lo representó en el exterior, se lo puede considerar prácticamente como el pilar fundamental que traía al Partido el aire de las masas”.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>e) Dedicación al Estudio</strong></p>
<p> </p>
<p>Pero no basta con el espíritu revolucionario: la revolución exige también del profundo conocimiento científico, del estudio del marxismo-leninismo, del estudio de la realidad sobre la base del marxismo-leninismo.</p>
<p>Es importante la dedicación al estudio de todos los cuadros y militantes del Partido.</p>
<p>No solamente debe ser estudiada la realidad política, social y económica, sino también, debe estudiarse y profundizarse el conocimiento de los clásicos del marxismo-leninismo, el repaso y la lectura sistemática de Lenin, Ho Chi Minh, Le Duan, Vo Nguyen Giap, Marx y Engels, y todos los clásicos del marxismo. Asimismo es importante la compenetración y profunda comprensión de la línea política del Partido.</p>
<p>Sobre la base de los puntos señalados anteriormente entra a jugar otro factor de meridiana importancia para la construcción del Partido. Ello, es la capacidad del cuadro para orientarse creadoramente en la aplicación de la línea del Partido.</p>
<p> </p>
<p><strong>f) Capacidad del Cuadro para Orientarse Creadoramente en la Aplicación de la Línea del Partido</strong></p>
<p> </p>
<p>El Partido en su conjunto tiene una línea general, una táctica general: cada regional traza sus planes dentro de esta táctica general y aplica la línea del Partido; dentro de cada regional, en cada célula, en cada equipo, el cuadro, el militante debe saber orientarse creadoramente en la aplicación de esta táctica general del Partido. El cuadro debe tener una amplia flexibilidad para la aplicación de la línea, a par que una estricta firmeza para no desviarse de los principios esenciales de la misma. No debemos olvidar que los éxitos logrados por un cuadro del Partido, por cada militante, es un aporte al conjunto del mismo.</p>
<p>Ha habido etapas anteriores en el desarrollo de la actividad y ejemplos de desviaciones como consecuencia de una visión unilateral, desviaciones sindicalistas o espontaneístas, errores cometidos principalmente en las primeras etapas de la construcción del Partido y que han acarreado serios daños al mismo. Tenemos el ejemplo de los serios daños que se acarreó al Partido en la primera etapa de formación del mismo, durante la cual una camarilla pequeño-burguesa, al timón de la dirección partidaria, llevó al conjunto de la militancia a formarse en la práctica del sindicalismo. Tenemos la experiencia de la etapa militarista del Partido, en la cual se desarrolló un sólo aspecto de la construcción del Partido, es decir, la actividad militar. Se deben conocer profundamente los errores cometidos, y compararlos permanentemente con los éxitos obtenidos por las nuevas camadas, los grandes avances que se han logrado. Debemos tener en consideración la experiencia de la construcción de la dirección, en la cual hubo una determinada etapa en que algunos cuadros, debido a las exigencias y las necesidades de la lucha de las masas se vieron obligados a asumir funciones dirigentes sin haber completado una profunda experiencia en el seno del movimiento revolucionario. De ahí, que es de vital importancia el completar la experiencia no desarrollada en aquellos cuadros de dirección que se han visto obligados a asumir funciones dirigentes y responsabilidades sin haber hecho una gran experiencia de masas.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>ASPECTOS CORRECTOS DE LA FORMACIÓN DE UN CUADRO</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>a) De Donde Sacar los Mejores Cuadros</strong></p>
<p> </p>
<p>Los mejores cuadros deben provenir de la clase obrera, la más revolucionaria, la más interesada y la más capacitada para asumir las riendas del poder político de nuestro país.</p>
<p>Por su práctica los cuadros provenientes del movimiento obrero están en las mejores condiciones para convertirse en la dirección de su propia clase; están asimismo, en las más óptimas condiciones para manejar los métodos revolucionarios.</p>
<p>El camarada Truong Chin, miembro del Buró Político del Partido de los Trabajadores de Vietnam, escribió respecto a esta cuestión: “El trabajo de edificación del Partido debe estar íntimamente ligado al movimiento revolucionario de las masas, es a través de la práctica revolucionaria de las masas que se reclutan a los nuevos miembros del Partido para mejorar sin cesar la composición del Partido y hay que admitir en sus filas a los elementos más ardientes, mas conscientes de la clase obrera; por otra parte, el Partido ha de atraer a su seno los mejores elementos del pueblo trabajador que se hicieron notar en el curso de la larga y dura lucha contra el imperialismo agresor y el curso de los movimientos de emulación patriótica por la edificación del socialismo”.<strong>[4]</strong></p>
<p> </p>
<p>Como señala Truong Chin, el centro de la edificación del Partido y el reclutamiento de cuadros debe provenir del movimiento de las masas. Estos cuadros son la garantía de una sólida estructura en la construcción del Partido. El reclutamiento de los nuevos cuadros que han de dirigir el vigoroso proceso de guerra revolucionaria en nuestro país, debe provenir de la lucha del movimiento de masas, especialmente de las grandes fábricas, que son los lugares decisivos para el avance impetuoso de la Revolución Nacional y Social de nuestra Patria. Ningún cuadro puede rendir eficientemente al Partido si no tiene experiencia de masas.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>b) Estilo de Trabajo Profesional</strong></p>
<p> </p>
<p>El cuadro debe actuar como un profesional al servicio de la causa obrera, la causa de la revolución socialista. Toda su actividad debe estar orientada a resolver los problemas de las masas. Su vida está dedicada por entero al servicio del movimiento revolucionario. El cuadro actúa como un hombre que piensa, reflexiona, vive en función de la Revolución.“No hay vida fuera de ella”, al decir del Comandante Ernesto Che Guevara. El cuadro debe poseer una moral de combate leninista, vivir en el espíritu revolucionario, en el estilo de trabajo profesional que nos enseñara Lenin.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>c) Moral de Combate Leninista</strong></p>
<p> </p>
<p>Ello implica que para un revolucionario todo es posible. En el transcurso de la guerra revolucionaria, surgen y surgirán infinitas dificultades que un cuadro del Partido ha de ser capaz de resolver y superar, apelando a los máximos esfuerzos, a tensar todas sus fuerzas, y recurriendo a los recursos más ingeniosos. Un militante revolucionario no se desanima frente a las bajas. ¡Lo que quiere es vencer!. No teme a las dificultades.</p>
<p>El estudio es la otra cuestión de vital importancia. No puede haber justificativos para no estudiar. Ho Chi Minh decía que si un militante no se dedica al estudio andará a oscuras, a los tropiezos y sin saber adonde va. El estudio es como andar en la noche con un farol. Ello es así porque si no se tiene una guía, una orientación, no se puede desarrollar una actividad revolucionaria que deje buenos resultados, una actividad revolucionaria eficiente. El uso de la bibliografía debe tomarse como enciclopedia para resolver todos los problemas. Muchas dificultades que se nos presentan en la práctica están resueltas en la línea del Partido, y por un insuficiente estudio y conocimiento de la misma, nos cuesta resolverlas. Ocurre en ciertas oportunidades que por no perderse un cuadro un par de horas estudiando, se retrasan por meses trabajos políticos mal encarados, orientados equivocadamente, y que muchas veces nos pueden costar derrotas.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>d) Ejecución de las Tareas</strong></p>
<p> </p>
<p>En la ejecución de las tareas debe primar el principio de la responsabilidad individual de cada cuadro, que se sinteticen las experiencias desarrolladas individualmente por cada miembro depende de la dirección colectiva.</p>
<p>Cada miembro de la organización, cada simpatizante, aspirante, militante, cuadro o dirigente del Partido debe comprender que un éxito logrado individualmente, es un logro del Partido, un aporte a su línea, a su organización, a su estructura, en definitiva es un triunfo que contribuye a fortalecerlo colectivamente, al conjunto. El papel de la dirección debe ser el de sintetizar las experiencias más importantes, de todo el Partido; a la vez, la dirección debe consultar permanentemente, no solamente sobre aquellas cuestiones sobre las cuales se tiene duda, sino consultar también sobre lo que se está seguro para resolver.</p>
<p>La consulta a la base permite que la resolución vuelva enriquecida y se aplique con mayor determinación.</p>
<p>En la aplicación de la línea partidaria, en la ejecución de las tareas, prima la iniciativa, la fidelidad y la disciplina.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>e) Control</strong></p>
<p> </p>
<p>En el Partido debe haber un permanente control, control para que se cumplan las tareas, control para que no haya déficits, errores o desviaciones, control que se avance de conjunto, ayudando a los más débiles a fortalecerlos políticamente. Y debe haber control de que haya una constante superación. Asimismo debe haber autocontrol. Cada compañero debe reflexionar sobre lo que hace y analizar como superarse a cada paso.</p>
<p>Cada compañero del Partido, cada cuadro, debe ser una fuente inagotable de iniciativas en la actividad partidaria. Iniciativa para desarrollar una tare determinada, iniciativa para profundizar el trabajo de masas, para orientar a los nuevos combatientes que se suman a la acción revolucionaria. Un cuadro no teme el cambio, la transformación de una realidad en otra completamente distinta, por el contrario, alimenta el cambio, con responsabilidad, seriedad, pensando y reflexionando siempre sobre los errores cometidos.</p>
<p>Un cuadro revolucionario ejercita la crítica y la autocrítica. La crítica y la autocrítica es el método fundamental para reforzar la unidad y la cohesión partidaria. Lenin decía que un Partido revolucionario sabe autocriticarse valientemente de los errores cometidos y emprender el camino de la rectificación de esos errores. La crítica y la autocrítica, en la medida que se la tome correctamente como método, que se la utilice constructivamente, permite superar los déficits, corregir los errores y dinamiza la actividad del Partido.</p>
<p>Hay energías en los militantes y cuadros del Partido que subyacen dormidas; el desarrollo correcto y en profundidad de esta política de formación de cuadros, ayuda a despertarlas, y se pueden dar grandes saltos cualitativos a partir de ello.</p>
<p>El impulsar con energía todos los aspectos de la formación de cuadros, la disciplina, la voluntad para cumplir las tareas, el estudio, la moral de combate, el combinar todas las formas de construcción del Partido, nos lleva a la superación que necesitamos para arribar con éxito a la etapa de dirigir a las amplias masas obreras y populares en una situación de crisis revolucionaria; nos lleva entonces a la super-superación.</p>
<p>Es necesario en el desarrollo de la actividad realizar reuniones de evaluación del trabajo cumplido, y sobre la base de estas reuniones fijar el plan.</p>
<p>Tenemos que profesar el culto a cumplir con las exigencias de las masas. Todos los planes están subordinados a las necesidades de las masas. En las fábricas, en las villas, en los barrios, en las facultades, la obligación de los cuadros de prepararse y avanzar está en relación directa con las exigencias de la lucha de las masas.</p>
<p>Vivimos una situación nacional e internacional de profunda crisis de las clases dominantes, una situación ampliamente favorable para pasar a una etapa de crisis revolucionaria. Objetivamente se plantea la crisis de la burguesía; la crisis del imperialismo se desarrolla vertiginosamente; ¿y cuál es la situación de las masas?. Salir<strong> </strong>del retraimiento, acumular odio, lanzarse al enfrentamiento generalizado, hay una tendencia a la lucha.</p>
<p>Nuestro Partido debe cuidar que la lucha de las masas se encamine a una victoria, se debe evitar que se combata aisladamente, que se desperdiguen fuerzas. Nuestro Partido debe velar por la unidad de todas las fuerzas antiimperialistas; debe velar asimismo por desarrollar el más alto grado de organización clasista; debe impulsar la formación de centenares y centenares de células partidarias para que las masas logren tener sus herramientas capaces de enfrentar con éxito a los enemigos del pueblo trabajador, que también se preparan para intentar derrotar a las masas.</p>
<p>En los momentos de crisis revolucionarias, el papel subjetivo se acrecienta; se agiganta la responsabilidad de cada cuadro, de cada militante, de cada dirigente partidario, de los simpatizantes y allegados. El elemento subjetivo (vanguardia revolucionaria, estado de ánimo de las masas, Partido, etc., etc.) juega un rol decisivo en el curso de la lucha de clases. De él depende el éxito o fracaso de la revolución.</p>
<p>Nuestros cuadros, conscientes cada vez más del papel que habrán de jugar en los decisivos enfrentamientos que se avecinan en nuestra Patria, munidos de la ideología del proletariado, y surgidos del seno del movimiento de masas, sintetizan sus aspiraciones de victoria en la consigna:</p>
<p> </p>
<p align="center"><strong>¡DECIDIDOS A TRABAJAR DETERMINADOS A VENCER!</strong></p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>1 El presente trabajo fue extraido de una selección de textos realizada en el exterior en el año 1976 bajo el nombre Crísis y Revolución en América Latina. En ella se lo titula: “¡Decididos a Trabajar Determinados a Vencer!”. Al no contar con el original hemos preferido titularlo “La formación multilateral&#8230;” porque fue más conocido en la militancia con este nombre y porque se adecúa más a su contenido [nota del autor]</p>
<p> 2 Le Duan, La Revolución Vietnamita.</p>
<p> 3 Idem 2.</p>
<p> 4 Curso de formación de cuadros, Asia, Africa y América Latina. La lucha por la Liberación y el Socialismo.</p>
<p> <em>Editorial de EL COMBATIENTE Nº 155. Lunes 17 de febrero de 1975</em></p>
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		<title>Reforma universitaria y revolución (Che)</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Jul 2009 00:19:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fogonero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Formación]]></category>

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		<description><![CDATA[17 de octubre de 1959 Estimados compañeros, buenas noches, Tengo que pedir disculpas al calificado público asistente por la demora en la iniciación de este acto, que es culpa mía y del tiempo que ha estado muy mal en todo el camino, y hemos tenido que parar en Bayamo. Es muy interesante para mí venir [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><strong><a href="http://www.fogoneros.org/wp-content/uploads/2009/07/ernesto_che_guevara1.jpg" rel="lightbox[325]"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-327" title="ernesto_che_guevara1" src="http://www.fogoneros.org/wp-content/uploads/2009/07/ernesto_che_guevara1-150x150.jpg" alt="ernesto_che_guevara1" width="150" height="150" /></a>17 de octubre de 1959</strong></p>
<p>Estimados compañeros, buenas noches,<br />
Tengo que pedir disculpas al calificado público asistente por la demora en la iniciación de este acto, que es culpa mía y del tiempo que ha estado muy mal en todo el camino, y hemos tenido que parar en Bayamo.<br />
Es muy interesante para mí venir a hablar de uno de los problemas que ha tocado más de cerca a las juventudes estudiosas de todo el mundo; venir a hablar aquí, en una Universidad revolucionaria, y precisamente en una de las más revolucionarias ciudades de Cuba.<br />
El tema es sumamente vasto; tanto es así que varios conferencistas han podido desarrollar diferentes facetas de él. En mi condición de luchador, me interesa analizar precisamente los deberes revolucionarios del estudiantado en relación con la Universidad. Y para eso tenemos que precisar bien qué es un estudiante, a qué clase social pertenece, y si tiene algo que lo defina como entidad o como núcleo, o si simplemente responde en sus reacciones, a las reacciones generales de las diferentes clases a que puede pertenecer. Y entonces nos encontramos con que el estudiante universitario es precisamente el reflejo de la Universidad que lo aloja, porque ya hay limitaciones que pueden ser de diferentes tipos, pero que finalmente son limitaciones económicas que hacen que el estudiantado pertenezca a una clase social donde sus problemas -no sus problemas económicos- no son tan grandes como en otras; pertenece por lo general a la clase media, no aquí en Oriente, en Santiago de Cuba, sino en todo Cuba, y podemos decir que en toda América. Hay naturalmente excepciones -todos las conocemos-; hay individuos de extraordinaria capacidad que pueden luchar contra un medio adverso con una tenacidad ejemplar y llegar a adquirir su título universitario. Pero en general, el estudiante universitario pertenece a la clase media y refleja los anhelos e intereses de esa clase; aunque muchas veces, precisamente en momentos como ahora, la llama vitalizadora de la revolución puede llevarlo a posiciones más extremas. Y eso es lo que tratamos de analizar en estos momentos: las tendencias generales de la Universidad respondiendo al núcleo social del cual sale, y sus deberes revolucionarios para con la comunidad entera.<br />
Porque la Universidad es la gran responsable del triunfo o la derrota, en la parte técnica, de este gran experimento social y económico que se está llevando a cabo en Cuba. Hemos iniciado leyes que transforman profundamente el sistema social imperante: se han liquidado casi de un plumazo los latifundios, se ha cambiado el sistema tributario, se está por cambiar el sistema arancelario, se están creando incluso cooperativas de trabajo industriales; es decir, toda una serie de fenómenos nuevos, que traen aparejados instituciones nuevas, están floreciendo en Cuba. Y todo ese inmenso trabajo lo hemos iniciado solamente con buena voluntad, con el convencimiento de que estamos siguiendo un camino verdadero y justo, pero sin contar con los elementos técnicos necesarios para hacer las cosas perfectamente.<br />
Y no contamos con ellos porque precisamente estamos innovando, y esta institución que es la Universidad estaba orientada a dar a la sociedad toda una serie de profesionales que encajaban dentro del gran cuadro de las necesidades del país en la época anterior. había necesidad de muchos abogados, de médicos; ingenieros civiles había menos, y otras carreras seguían así. Pero nos encontramos de pronto con que necesitamos maestros agrícolas, ingenieros agrónomos, ingenieros químicos, industriales; físicos, incluso matemáticos, y no hay. En algunos casos no existe siquiera la carrera; en otros, está ocupada por un pequeño número de estudiantes que han visto la necesidad de empezar a estudiar cosas nuevas, o simplemente han caído allí porque no había lugar en otra escuela, o porque querían estudiar y no había nada que les gustara exactamente. En fin, no hay una dirección estatal para llenar todos los claros que estamos viendo que existen en la tecnificación de nuestra Revolución.<br />
Y eso nos lleva al centro preciso del problema universitario en cuanto puede tener de conflictivo, en cuanto pueden tener de agresivo, si ustedes quieren, los planteamientos que voy a hacer. Porque el único que puede, en este momento, precisar con alguna certeza cuál va a ser el número de estudiantes necesarios y cómo van a ser dirigidos esos estudiantes de las distintas carreras de la Universidad, es el Estado. Nadie más que él lo puede hacer; por cualquier organismo, por cualquier instituto que sea, pero tiene que ser un instituto que domine completamente todas las diferentes líneas de la producción y esté al tanto también de las proyecciones de la planificación del Gobierno Revolucionario.<br />
Grandes materias que son la base del triunfo de países más avanzados, como las matemáticas superiores y la estadística, prácticamente no existen en Cuba. Para empezar a hacer estadísticas de lo que necesitamos, nos encontramos con que no tenemos estadísticos, con que hay que importarlos, o buscar algunas personas que han desarrollado su especialidad en otros lugares.<br />
este es el nudo central del problema; si el Estado es el único organismo o el único ente capaz de dictaminar con algún grado de certeza cuáles son las necesidades del país, evidentemente, el Estado tiene que tener participación en el gobierno de la Universidad. Hay quejas violentas contra ello; incluso se levantan entre las candidaturas estudiantiles en La Habana, casi como cuestión de principio, la intervención o la no intervención del Estado, la pérdida de la autonomía, como llaman los estudiantes. Pero hay que definir exactamente qué significa autonomía. Si autonomía significa solamente que haya que cumplir una serie de requisitos previos para que un hombre armado entre en el recinto universitario para cumplir cualquier función que la Ley le asigne, eso no tiene importancia; no es ese el centro del problema, y todo el mundo está de acuerdo en que esa clase de autonomía se mantenga. Pero si hoy significara autonomía que un gobierno universitario desligado de las grandes líneas del Gobierno Central -es decir: un pequeño Estado dentro del Estado- ha de tomar los presupuestos que el Gobierno le dé y ha de trabajar sobre ellos, ordenarlos y distribuirlos en la forma que mejor le parezca, nosotros consideramos que es una actitud falsa. Es una actitud falsa precisamente porque la Universidad se está desligando de la vida entera del país, porque se está enclaustrando y convirtiéndose en una especie de castillo de marfil alejado de las realizaciones prácticas de la Revolución. Y además porque van a seguir mandando a nuestra República una serie enorme de abogados que no se necesitan, de médicos que incluso no se necesitan en la cantidad en que en estos momentos están ingresando, o de toda una serie de profesiones, por lo menos cuyos programas deben ser revisados para adaptarlos.<br />
Surge entonces, frente a esta encrucijada de dos caminos o siglos, el levantamiento de grupos más o menos importantes, de sectores estudiantiles que consideran como la peor palabra del mundo la intervención estatal o la pérdida de la autonomía. En ese momento, esos sectores estudiantiles, lo digo con responsabilidad y sin ánimo de herir a nadie, están cumpliendo quizá el deber de la clase a que pertenecen, pero están olvidando los deberes revolucionarios, están olvidando los deberes contraídos en la lucha con la gran masa de obreros y campesinos que pusieron sus cuerpos, su sudor y su sangre al lado de los estudiantes en cada una de las batallas que se libraron en todos los frentes del país para llegar a esta gran solución que fue el primero de enero.<br />
Y esta es una actitud sumamente peligrosa. No hoy, no hoy porque no se han definido todavía los campos, porque todavía hay mucha gente que aun herida en sus intereses económicos, cree que la Revolución ha sido un acierto, gente que tiene la virtud de ver mucho más lejos que donde alcanza su bolsillo y ve los intereses de la patria. Pero todo ese pequeño problema, que gira en torno a la palabra autonomía, tiene correlaciones e interrelaciones que van aún mucho más lejos que en nuestra Isla. Desde afuera se van tendiendo las grandes líneas estratégicas encargadas de aglutinar a todos los que sienten que han perdido algo con esta Revolución; no a los esbirros, no a los malversadores o a los miembros del anterior Gobierno, sino a los que quedándose al margen, o incluso apoyando en alguna forma este Gobierno, sienten que han quedado atrás o que han perdido algún bien económico. Toda esta gente está dispersa en distintas capas sociales, y puede manifestar su descontento con toda libertad en el momento que quiera; pero la tarea a que está encaminada en este momento la reacción nacional e internacional es aglutinar todas las fuerzas descontentas contra el Gobierno, y constituirlas en un conglomerado sólido para tener ese frente interno necesario a sus planes de invasión o depresión económica, o quién sabe cuál será.<br />
Y la Universidad, dando batallas a veces feroces, luchando encarnizadamente en torno a la palabra autonomía, como naturalmente luchando encarnizadamente en torno a cuestiones de menor importancia como es la elección de los líderes estudiantiles, están creando precisamente el campo para que se siembre con toda fertilidad esa simiente que tanto anhelan sembrar los reaccionarios. Y este lugar, este lugar que ha sido en las luchas vanguardia del pueblo, puede convertirse en un factor de retroceso si no se incorpora a las grandes líneas del Gobierno Revolucionario.<br />
Y lo que digo no es un análisis teórico de la cuestión ni una opinión festinada; es que esto es lo que ha pasado en la América entera, y los ejemplos podrían abundar considerablemente. Recuerdo en este momento el ejemplo patético de la Universidad de Guatemala que fue, como las Universidades cubanas, vanguardia del pueblo en la lucha popular contra los regímenes dictatoriales, y después, en el Gobierno de Arévalo primero, pero sobre todo en el Gobierno de Arbenz se fueron transformando en focos decididos de lucha contra el régimen democrático. Defendían precisamente lo mismo que ahora se está defendiendo: la autonomía universitaria, el derecho sagrado de un grupo de personas a decidir sobre asuntos fundamentales de la Nación, aun contra los intereses mismos de la Nación. Y en esa lucha ciega y estéril, la Universidad se fue transformando, de vanguardia de las fuerzas populares, en arma de lucha de la reacción guatemalteca. Fue necesaria la invasión de Castillo Armas, la quema en un acto público de un vandalismo medioeval de todos los libros que hablaran de temas que fueran mal vistos por el pequeño sátrapa guatemalteco, para que la Universidad reaccionara y volviera a tomar su lugar de lucha entre las fuerzas populares. Pero el camino perdido había sido extraordinariamente grande, y Guatemala hoy está, como ustedes lo saben, saliendo a medias de aquella situación caótica y buscando de nuevo, entre tropiezo y tropiezo, una vida institucional de acuerdo con las normas democráticas. Ese es un ejemplo palpitante, que todos ustedes recuerdan porque pertenece a la historia de estos días.<br />
Pero es que podríamos ir mucho más lejos en el análisis de la gran conquista de la reforma universitaria del dieciocho que precisamente se gestó en mi país de origen y en la provincia a la cual pertenezco, que es Córdoba; y podríamos analizar la personalidad de la mayoría de aquellos combativos estudiantes que dieron la gran batalla por la autonomía universitaria frente a los gobiernos conservadores que en esa época gobernaban casi todos los países de América. Yo no quiero citar nombres para no provocar incluso polémicas internacionales; quisiera, que ustedes tomaran el libro de Gabriel del Maso, por ejemplo, donde estudia a fondo la reforma universitaria, buscarán en ese índice los nombres de todos aquellos grandes artífices de la reforma y buscarán hoy cuál es la actitud política, buscarán qué es lo que han sido en la vida pública de los países a que pertenecen, y se encontrarán con sorpresas extraordinarias, con las mismas sorpresas con que me encontré yo, cuando creyendo en la autonomía universitaria como factor esencial del adelanto de los pueblos, hice ese análisis que les aconsejo hacer a ustedes. Las figuras más negras de la reacción, las más hipócritas y peligrosas porque hablan un lenguaje democrático y practican sistemáticamente la traición, fueron las que apoyaron, y muchas veces las que aparecen como figuras propulsoras en sus países de aquella reforma universitaria. Y aquí entre nosotros, investiguen también al autor del libro porque también habrá sorpresas por allí.<br />
Todo esto se lo decía para alentarlos precisamente sobre la actitud del estudiantado. Y más que en ningún lugar en Santiago, donde tantos estudiantes han dado su vida y tantos otros pertenecen a nuestro Ejército Rebelde.<br />
Nosotros, como tenemos un ejército que es popular y dignidad, a nadie le preguntamos cuál es su actitud política frente a determinados hechos concretos; cuál es su religión, su manera de pensar. Eso depende de la conciencia de cada individuo. Por eso no les puedo decir cuál será la actitud misma de los miembros del Ejército Rebelde. Espero que entiendan bien las líneas generales del problema y que sean consecuentes con las líneas de la Revolución. Tal vez sí, tal vez no.<br />
Pero estas palabras no van dirigidas a ellos, una minoría, sino a la gran masa estudiantil, a todos los que componen este núcleo. Yo recuerdo que tuve una pequeña conversación con algunos de ustedes hace varios meses, y les recomendaba entrar en contacto con el pueblo, no llegar al pueblo como llega una dama aristocrática a dar una moneda, la moneda del saber o la moneda de una ayuda cualquiera, sino como miembro revolucionario de la gran legión que hoy gobierna a Cuba, a poner el hombro en las cosas prácticas del país, en las cosas que permitan incluso a cada profesional aumentar su caudal de conocimiento y unir, a todas las cosas interesantes que aprendieron en las aulas, las quizás mucho más interesantes que aprenden construyendo en los verdaderos campos de batalla de la gran lucha por la construcción del país.<br />
Es evidente que uno de los grandes deberes de la Universidad es hacer sus prácticas profesionales en el seno del pueblo, y es evidente también que para hacer esas prácticas organizadamente en el seno del pueblo necesitan el concurso orientador y planificador de algún organismo estatal que esté directamente vinculado a ese pueblo, o incluso de mucho más de un organismo estatal, pues actualmente para hacer cualquier obra en cualquier lugar de la república, se ponen en contacto tres, cuatro o más organismos, y se está iniciando recién en el país la tarea de planificar el trabajo y de no dilapidar esfuerzos.<br />
Pero centralizando el tema en el estudio, en el derecho a estudiar y en el derecho a elegir una carrera de acuerdo con una vocación, nos tropezamos siempre con el mismo problema: ¿Quién tiene derecho a limitar la vocación de un estudiante por una orden precisa estatal? ¿Quién tiene derecho a decir que solamente pueden salir 10 abogados por año y deben salir 100 químicos industriales? Eso es dictadura, y está bien: es dictadura. Pero ¿es la dictadura de las circunstancias la misma dictadura que existía antes en forma de examen de ingreso o en forma de matrículas, o en forma de exámenes que fueran eliminando los menos capaces? Es nada más que cambiar la orientación del estudio. El sistema en este caso permanece idéntico, porque lo que se hacía antes es tratar de dar los profesionales que iban a salir a la lucha por la vida en las diferentes ramas del saber. Hoy se cambian por cualquier método: examen de ingreso, o una calificación previa; en fin, el método es lo de menos. Y se trata de llevarlo hacia los caminos que la Revolución entiende que son necesarios para poder seguir adelante con nuestra tarea técnica. Y creo que eso no puede provocar reacciones. Y salta a la vista que la integración de la Universidad con el Gobierno Revolucionario no debe provocar reacciones.<br />
No queremos aquí esconder las palabras y tratar de explicar que no, que eso no es pérdida de autonomía, que en realidad no es nada más que una integración más sólida, como la es. Pero esa integración más sólida significa pérdida de la autonomía, y esa pérdida de autonomía es necesaria a la Nación entera. Por tanto, tarde o temprano, si la Revolución continúa en sus líneas generales, encontrará las formas de lograr todos los profesionales que necesita. Si la Universidad se cierra en sus claustros y sigue en la tarea de lanzar abogados, o toda una serie de carreras que no son tan necesarias en este momento (no vayan a pensar que la he agarrado especialmente con los abogados); si sigue en esa tarea, pues tendrán que formar algún otro tipo de organismo técnico. Ya se está pensando en La Habana en hacer un Instituto Técnico de Cultura Superior que dé precisamente una serie de estas carreras, instituto que tendrá una organización diferente a la Universidad quizás, y que puede convertirse, si la incomprensión avanza, en un rival de la Universidad o la Universidad en una rival de esa nueva institución que se piensa crear en la lucha por monopolizar algo que no se puede monopolizar porque es patrimonio del pueblo entero, como es la cultura.<br />
También esas cosas que se están creando en Cuba se han hecho en otros países del mundo, y sobre todo de América. También se han producido esas luchas entre los miembros de organismos, de escuelas técnicas o politécnicas de un grado de cultura por lo general menor y la Universidad.<br />
Lo que yo no sé si se ha dicho o si se ha precisado bien claro, es que esa lucha es el reflejo de la lucha entre una clases social que no quiere perder sus privilegios, y una nueva clase o conjunto de clases sociales que están tratando de adquirir sus derechos a la cultura. Y nosotros debemos decirlo para alertar a todos los estudiantes revolucionarios, y para hacerles ver que una lucha de esa clase es sencillamente la expresión de eso que hemos tratado de borrar en Cuba, que es la lucha de clases, y que quien se oponga a que un gran número de estudiantes de extracción humilde adquiera los beneficios de la cultura, está tratando de ejercer un monopolio de clases sobre la misma.<br />
Ahora bien, cuando aquí se hablaba de reformas universitarias, y todo el mundo ha estado de acuerdo en que la reforma universitaria es algo importante y necesario para el país, lo primero que se ha hecho es, por parte de los estudiantes, tomar en cierta manera el control de las casas de estudio, imponer a los profesores una serie de medidas e intervenir en el gobierno de la Universidad en mayor o menos grado. ¿Es correcto? Esa es la expresión de un grupo que ha triunfado, ha triunfado y ha exigido sus derechos después del triunfo. Los profesores -algunos por su edad, otros por su mentalidad incluso- no participaron en la misma medida en la lucha, y los que lucharon y triunfaron adquirieron ese derecho. Pero yo me pregunto si el Gobierno Revolucionario no luchó y triunfó, y no luchó y triunfó con tanto o más encarnizamiento que cualquier sector aislado de la colectividad porque fue la expresión de la lucha toda del pueblo de Cuba por su liberación. Sin embargo, el Gobierno no ha intervenido en la Universidad, no ha exigido su parte en el festín, porque no considera que esa sea la manera más lógica y honorable de hacer las cosas. Llama simplemente a la realidad a los estudiantes; llama al raciocinio, que es tan importante en momentos revolucionarios, y a la discusión, de la cual surge necesariamente el raciocinio.<br />
Ahora se están discutiendo programas de reforma universitaria y enseguida se vuelve la vista hacia las reformas universitarias del año dieciocho, hacia todos los supersabios que traicionaron su ciencia y su pueblo después pero que en el momento en que lucharon por una cosa noble y necesaria como era la reforma universitaria en aquel momento, no conocían nada de nada, eran simples estudiantes que la hicieron porque era una necesidad. Teorizar, teorizaron después, y teorizaron cuando ya tenían un sentido malévolo de lo que habían hecho. ¿Por qué nosotros tenemos entonces que ir a buscar la reforma universitaria en lo que se ha hecho en otros lados? ¿Por qué no tomar aquello sino simplemente como información adicional a los grandes problemas nuestros, que son los que tenemos que contemplar por sobre todas las cosas, a los problemas que existen aquí, que son problemas de una revolución triunfante con una serie de gobiernos muy poderosos, hostiles que nos atacan, nos acosan económicamente y a veces también militarmente; que riegan de propaganda por todo el mundo una serie de patrañas sobre este Gobierno, de un Gobierno que ha hecho la reforma agraria en la misma manera que yo aconsejo hacer la reforma universitaria, mirando hacia adelante pero no hacia atrás, tomando como simples jalones lo que se había hecho en otras partes del mundo, pero analizando la situación de nuestro propio campesino; que ha hecho una reforma fiscal y una reforma arancelaria, y que está ahora en la gran tarea de la industrialización del país, de este país de donde hay que sacar entonces los materiales necesarios para hacer nuestra reforma; de un país donde se reúnen los obreros que no han logrado todas las reivindicaciones y que aspiraron y lógicamente aspiran, y resuelven, en asambleas multitudinarias y por unanimidad, dar una parte de su sueldo para construir económicamente al país; de un Gobierno Revolucionario que lleva como bandera de lucha a la Reforma Agraria, y que la ha impulsado de una punta a la otra de la Isla, y que constantemente sufre porque no tiene los técnicos necesarios para hacerla, y porque la buena voluntad y el trabajo no suple sino en parte esa deficiencia, y porque cada uno de nosotros debemos volver sobre nuestros pasos constantemente y aprender sobre el error cometido, que es aprender sobre el sacrificio de la Nación.<br />
Y cuando tratamos de buscar a quien lógicamente nos debe apoyar, a la Universidad; para que nos dé los técnicos, para que se acople a la gran marcha del Gobierno Revolucionario, a la gran marcha del pueblo hacia su futuro, nos encontramos con que luchas intestinas y discusiones bizantinas están mermando la capacidad de estos centros de estudios para cumplir con su deber de la hora.<br />
Por eso es que aprovechamos este momento para decir nuestras verdades quizás agrias, quizás en algunas cosas injustas, muy molestas quizás para mucha gente, pero que transmite el pensamiento de un Gobierno Revolucionario honesto, que no trata de ocupar o de vencer una institución que no es su enemiga, sino que debe ser su aliada y su más íntima y eficaz colaboradora; y que busca precisamente a los estudiantes porque nunca un estudiante revolucionario puede ser, no enemigo, ni siquiera adversario del Gobierno que representamos; porque estamos tratando en cada momento de que la juventud estudiosa, aúne al saber que ha logrado en las aulas el entusiasmo creador del pueblo entero de la República y se incorpore al gran ejército de los que hacen, dejando de lado esta pequeña patrulla de los que solamente dicen.<br />
Por todo eso he venido aquí, más que a dar una conferencia, a presentar algunos puntos polémicos, y a llamar, naturalmente, a la discusión, todo lo agria, todo lo violenta que se quiera, pero siempre saludable en un régimen democrático, a la explicación de cada uno de los hechos, al análisis de lo que está sucediendo en el país, y al análisis de lo que sucedió con los que mantuvieron las posiciones que hoy mantienen algunos núcleos estudiantiles.<br />
Y para finalizar, un recuerdo a los estudiantes interesados en estos problemas de la reforma universitaria: investiguen la vida futura, futura pero ya pasada, desde el momento en que se inició la reforma del dieciocho hasta ahora; investiguen la vida de cada uno de aquellos artífices de la reforma. Les aseguro que es interesante. Nada más.<br />
<strong>Intervención en el ciclo de conferencias acerca de «Universidad y Revolución», en la Universidad de Oriente. Revista <em>Mambí</em>, 15 de octubre de 1968</strong></p>
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		<title>Diccionario básico de categorías marxistas</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Jun 2009 03:09:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fogonero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Formación]]></category>

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		<description><![CDATA[Extraído del libro Marxismo para principiantes Néstor Kohan   Debido a que el pensamiento de Carlos Marx y sus discípulos constituye una obra abierta, el marxismo integra diversas tradiciones ideológicas, filosóficas y políticas. No existen en su seno definiciones únicas y taxativas, como erróneamente planteaban los antiguos manuales soviéticos de divulgación (u otros similares inspirados [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;">Extraído del libro Marxismo para principiantes</p>
<p style="text-align: right;"><em>Néstor Kohan</em></p>
<p> </p>
<p>Debido a que el pensamiento de Carlos Marx y sus discípulos constituye una obra abierta, el marxismo integra diversas tradiciones ideológicas, filosóficas y políticas. No existen en su seno definiciones únicas y taxativas, como erróneamente planteaban los antiguos manuales soviéticos de divulgación (u otros similares inspirados en ellos). Cada tradición marxista reinterpreta el legado de Marx y sus categorías de diverso modo. Este libro, <em>Marxismo para principiantes</em>, sus textos, diálogos y dibujos, así como también este diccionario básico, no constituyen una excepción. Expresan una interpretación posible del marxismo. Existen otras.</p>
<p> </p>
<p><strong>- Acumulación: </strong>Reinversión del plusvalor en el proceso productivo y aumento de la escala de producción. Se caracteriza por la centralización de los capitales y la concentración del plusvalor. La acumulación es una reproducción ampliada del capital.</p>
<p><strong>- Alienación</strong> [ = <strong>enajenación]: </strong>Proceso histórico-social en el cual el producto del trabajo humano se independiza, se vuelve autónomo, escapa al control racional y termina siendo hostil contra su creador. Aunque Marx los utiliza como sinónimos, etimológicamente “alienación” tiene un origen psicológico y “enajenación” económico. Hegel define “alienación” como “otro distinto de sí mismo”. En Hegel su contenido no es negativo. En Marx, sí. Además de una pérdida, expresa el desgarramiento, la escisión y la fragmentación del ser humano. Algo está alienado o enajenado cuando ya no nos pertenece.</p>
<p><strong>- </strong><strong>Bonapartismo: </strong>Categoría política empleada por Marx a partir del ejemplo histórico de Luis Bonaparte, quien encabezó un golpe de Estado en Francia en 1851. Hace referencia a un tipo de liderazgo político que aparenta ser “equidistante” en la lucha de clases. Es una forma de dominación política donde el ejército, la burocracia y el Estado —durante una crisis aguda— se independizan parcialmente de la burguesía. Ésta se separa de los partidos políticos tradicionales y pasa a ser representada por el ejército o por algún liderazgo carismático. Para Marx tiene un contenido negativo.</p>
<p><strong>- Burguesía: </strong>Clase social que agrupa inicialmente a mercaderes y banqueros, más tarde a capitalistas industriales. Nace en Europa occidental en el siglo XI y desde allí comienza a expandirse. Alcanza su predominio económico a partir de la revolución industrial en Inglaterra y su completa dominación política desde la revolución francesa de 1789 en adelante.</p>
<p><strong>- Burocracia: </strong>En el capitalismo, es una forma de dominación política donde predominan los funcionarios. Aparenta ser instrumental y neutral pero tiene siempre un contenido político reaccionario. Ejerce su poder tanto en el Estado como en las empresas privadas. En las revoluciones socialistas y proletarias que se burocratizaron (durante el sigo XX), se convierte en una casta represiva y privilegiada que oprime a la clase trabajadora.</p>
<p><strong>- Capital: </strong>No es una cosa eterna ni un “factor económico”. No siempre existió: es histórico. Es una relación social de producción. Es valor que se valoriza (se acrecienta) explotando trabajo ajeno. Es dinero que se independiza, cobra vida y se vuelve un sujeto autónomo, ejerciendo su poder de mando sobre los trabajadores. Es trabajo muerto y pretérito que vuelve a la vida oprimiendo al trabajo vivo de la clase obrera. Es un vampiro que se alimenta de plusvalor.</p>
<p><strong>- Capitalismo: </strong>Sistema social de explotación y dominación. Tiene alcance mundial. Está en permanente expansión. Vive conquistando territorios sociales y geográficos. Recorre diversas fases históricas.</p>
<p><strong>- Clases sociales</strong>: Grandes conjuntos de seres humanos que comparten un mismo modo de vida y una misma condición de existencia. Se diferencian, se enfrentan entre sí, construyen su propia identidad social y se definen tanto por su posesión o no posesión de los medios de producción como por sus intereses, su cultura política, su experiencia de lucha, sus tradiciones y su conciencia de clase (de sí mismos y de sus enemigos). Las clases explotadoras viven a costillas de las explotadas, las dominan y las oprimen, por eso están en lucha y conflicto permanente a lo largo de la historia.</p>
<p><strong>- Colonialismo: </strong>Fase histórica del capitalismo donde las grandes metrópolis conquistan territorios que denominan colonias. El neocolonialismo mantiene ese dominio, aceptando solamente la independencia formal de las colonias.</p>
<p><strong>- Comunismo: </strong>Corriente política revolucionaria que aspira a transformar todo el mundo. Marx no la inventa. En la década de 1840 —cuando él la conoce— evocaba la idea de la <em>commune</em>, unidad de gobierno autónomo. Sugería la noción de <em>communauté</em>, propiedad común de las cosas. Como entonces se llamaba “socialismo” a las teorías de los intelectuales y “comunismo” a los grupos de obreros revolucionarios, Marx y Engels adoptaron este último. En tanto <strong>movimiento político</strong>, para Marx el comunismo es una corriente que intenta defender el punto de vista crítico radical de los trabajadores contra el capitalismo. Como <strong>proyecto de nueva sociedad</strong>, Marx lo define como una forma social sin explotación ni dominación, donde los productores libremente asociados —sin la violencia del Estado— deciden qué, cómo, cuánto y para qué producir y consumir. Según Marx, en la sociedad comunista del futuro, cada individuo será complemente libre y deberá entregar a la sociedad todo lo que sus capacidades le permitan. A cambio obtendrá todo lo que necesite.</p>
<p><strong>- C</strong><strong>oncepciones del mundo: </strong>No existe una, sino muchas. Constituyen visiones integrales del ser humano, que presuponen un punto de vista totalizante sobre la sociedad, la historia y el sentido de la vida. Cada una forma un conjunto articulado, sistemático, crítico y coherente de ideas, conceptos, valores y normas de conducta práctica que nos guían en nuestra vida cotidiana.</p>
<p><strong>- Concepción materialista de la historia: </strong>Nueva concepción inaugurada por Marx y Engels. Base de la necesaria y aún pendiente (re)unificación de todas las ciencias sociales. Su idea central es que toda la historia no es más que la historia de la lucha de clases. No hay evolución automática. La clave de la historia está en el conflicto, en las rebeliones y en las revoluciones. Para diferenciar una época de otra, hay que atender al tipo de relaciones sociales que predomina en cada período. El “materialismo” de esta concepción remite a la centralidad de las relaciones sociales, por contraposición al “Espíritu universal” de la filosofía de la historia de Hegel. Para Marx, no hay instituciones eternas. Todas son históricas. La sociedad constituye una totalidad de relaciones de producción y reproducción, materiales e ideológicas. En tanto totalidad, la sociedad no una sumatoria mecánica de parcelas sueltas o factores yuxtapuestos: el “factor” económico, el “factor” político y el “factor” ideológico. La teoría de “los factores” es ajena al marxismo.</p>
<p><strong>- Conciencia de clase: </strong>Identidad cultural y comprensión política, pensada, vivida y sentida por cada grupo social sobre sus intereses a largo plazo. No se adquiere ni se logra por decreto, sino a partir de experiencias históricas, tradiciones y luchas políticas. Nunca está dada. Jamás preexiste. Se va construyendo a partir de los conflictos. La mayoría de las veces se genera a saltos. Cuando se logra, la clase trabajadora puede pasar de la necesidad económica a la voluntad política. La conciencia de clase es parte beligerante en la lucha de clases. Empezar a construirla es comenzar a ganar la lucha.</p>
<p><strong>- Contradicción: </strong>Categoría fundamental de la lógica dialéctica. Su extremo opuesto es la <strong>identidad</strong>. Algo es idéntico cuando no puede distinguirse una diferencia. Si existen distinciones, la identidad se transforma en <strong>diferencia</strong>. Si la diferencia se profundiza, hay <strong>contrariedad</strong> y <strong>contraposición</strong>. Si la oposición se agudiza, la contrariedad se transforma en <strong>contradicción</strong>. En ese caso, los polos opuestos ya no son sólo diferentes sino contradictorios y antagónicos (no pueden conciliarse). Ejemplos: la relación social de “capital” encierra la contradicción antagónica entre empresarios y trabajadores. La crisis del capitalismo constituye la explosión de múltiples contradicciones antagónicas. El cambio y el movimiento de la historia son producto de esas contradicciones.</p>
<p><strong>- Crisis orgánica: </strong>Crisis estructural de largo aliento —distinta de cualquier crisis de coyuntura—. Combinación explosiva de la crisis económica y la crisis política. Debilitamiento de todo un régimen político. Pérdida de consenso y de autoridad en la población del conjunto de la clase dominante y sus instituciones políticas. </p>
<p><strong>- Determinismo: </strong>Corriente de pensamiento que asigna a las regularidades de la sociedad un carácter ineluctable, necesario y apodíctico. Tiende a asimilar las leyes históricas con las leyes naturales. Interpreta las leyes que estudia <em>El Capital </em>—leyes de tendencia— como si fueran “leyes de hierro”, que se cumplen sí o sí, independientemente de la lucha de clases.</p>
<p><strong>- Dialéctica: </strong>El pensamiento dialéctico está presente en diversas culturas (China, India, Persia, Mesopotamia, Egipto, Aztecas, Mayas, Incas, etc.) desde los orígenes de la humanidad. En Grecia nace con el filósofo Heráclito de Éfeso [540-480 a.C.]. Para él, el universo está en permanente contradicción y devenir. Según Marx, la dialéctica plantea la unidad inseparable entre la realidad objetiva y el sujeto que piensa y actúa sobre esa realidad. No se pueden escindir la teoría de la práctica, el decir del hacer, la realidad del pensamiento, ni el conocimiento de la acción. La dialéctica de Marx es crítica y revolucionaria porque considera y aborda toda realidad como histórica y perecedera. No se arrodilla ante ninguna institución ni le teme al antagonismo de la contradicción.</p>
<p><strong>- Dinero: </strong>No es una cosa ni un objeto “mágico”. Constituye una relación social de producción. Representa el equivalente general en el cual se refleja el mundo entero de las mercancías. Como equivalente, el dinero se independiza de la relación social de valor y se vuelve autónomo. Se convierte en un sujeto dotado de vida propia. Se transforma en un fetiche. Su poder no es más que el poder social de las clases poseedoras. Siguiendo a W.Shakespeare, Marx lo define como “la puta universal” porque el dinero no reconoce diferencias. Todo le da lo mismo.</p>
<p><strong>- Dogmatismo: </strong>Culto ciego a la obediencia. Cerrazón. Negación de todo pensamiento crítico. Canonización de un texto como si fuera “sagrado”. El dogmatismo le ha hecho un daño enorme al marxismo.</p>
<p><strong>- Dominación: </strong>Proceso de sujeción y subordinación de una clase social sobre otra que se ejerce colectivamente y también en el terreno de la subjetividad. La dominación presupone relaciones de poder y explotación, de imposición de la voluntad del opresor sobre los pueblos oprimidos, las clases explotadas y las masas sojuzgadas.</p>
<p><strong>- Ecologismo: </strong>Corriente político-ideológica que cuestiona las bases de sustentación de la moderna sociedad industrial, el agotamiento de sus fuentes energéticas, la destrucción sistemática del medio ambiente y la irracionalidad de una relación con la naturaleza concebida como puramente instrumental. Como movimiento social es muy heterogéneo. El marxismo hace suyos los reclamos ecologistas, integrándolos en una perspectiva crítica mayor. Sólo se podrá lograr una nueva manera de vincularse con la naturaleza cuando se ponga fin —mediante una revolución mundial— a la lógica del lucro, el valor, la ganancia y la acumulación capitalista.</p>
<p><strong>- Economicismo: </strong>Corriente política que reduce la lucha popular únicamente al reclamo por reformas económicas y reivindicaciones mínimas. Desprecio de todo debate teórico e ideológico. Sospecha a priori sobre toda actividad intelectual. Reducción del marxismo a una vulgar teoría que todo lo reduce al “factor económico”. El economicismo ha hecho estragos en la tradición marxista.</p>
<p><strong>- Estado:</strong> No existe una única definición. Para el liberalismo burgués es “la nación jurídicamente organizada”. Sin distinciones de clases, nos representaría “a todos por igual”. Para el marxismo es la cristalización institucional de determinadas relaciones sociales de fuerza: por eso defiende a unos contra otros y tiene un contenido de clase. El ejercicio permanente del <strong>poder del Estado</strong> (más allá de quien sea el presidente y cuál partido esté en el gobierno) tiene un <strong>contenido de clase</strong> que se lo otorga el sector social que tiene el poder. No está sujeto a elección, no se vota. La única manera de cambiar el contenido de clase de un Estado es mediante una revolución. El poder del Estado viene acompañado de instituciones hegemónicas.</p>
<p><strong>- Eurocentrismo: </strong>Ideología que ubica en la historia y la cultura europeo occidental el ombligo absoluto del mundo. Cualquier desarrollo social o cultural distinto o coexistente al de Europa occidental —y al de su hijo predilecto, los Estados Unidos de Norteamérica— es catalogado por esta ideología como “barbarie”. El eurocentrismo ha infringido un gran daño a la tradición marxista.</p>
<p><strong>- Evolucionismo-etapismo: </strong>En su significado marxista (distinto al de Charles Darwin), hace referencia a una concepción de la sociedad que postula la férrea sucesión evolutiva de rígidas etapas, sin saltarse ninguna. También se lo conoce como <strong>etapismo</strong>. El evolucionismo suele estar asociado a la idea de “progreso”. El desarrollo social es concebido como lineal, moviéndose siempre de lo peor a lo mejor y en una sola dirección. La concepción histórica de Marx no es evolucionista ni etapista.</p>
<p><strong>- Explotación: </strong>Dominación de una clase social sobre otra a partir de la apropiación del trabajo impago, del tiempo de trabajo excedente y del plusvalor. En el capitalismo, aunque la clase trabajadora logre salarios “altos”, sigue siendo explotada.</p>
<p><strong>- Feminismo: </strong>Corriente político-ideológica que cuestiona radicalmente la dominación de la sociedad patriarcal, el machismo, la escisión entre lo público y lo privado y la construcción histórica de la subjetividad que fija “roles” preestablecidos según los géneros. Como movimiento social resulta sumamente heterogéneo. Las vertientes feministas marxistas abordan al mismo tiempo la dominación patriarcal y la opresión de la clase trabajadora, sin confundir pero tampoco sin escindir el género y la clase.</p>
<p><strong>- Fetichismo: </strong>Proceso derivado de las relaciones sociales mercantiles capitalistas. Se genera a partir de la sociabilidad indirecta del trabajo humano cuando éste se produce en condiciones de mercado. Si hay fetichismo no hay control racional de la producción ni planificación. El fetichismo genera la personificación de las cosas —vueltas autónomas y hostiles contra sus creadores— y la cosificación de los seres humanos.</p>
<p><strong>- Filosofía: </strong>Disciplina milenaria que se caracteriza por formular preguntas críticas y radicales acerca del sentido de la vida, el ser humano, la sociedad, la historia y el papel del sujeto en ella. Marx produce en el seno de esta disciplina una revolución al reclamarle que rompa el círculo vicioso de su discurso para ir más allá de sí misma: hacia la transformación de la sociedad y la unidad con la clase trabajadora. La vitalidad de la filosofía que rechaza toda complicidad con el sistema no está en los pizarrones académicos sino en la calle y en la lucha de clases.</p>
<p><strong>- Filosofía clásica alemana: </strong>Se inicia con Immanuel Kant [1724-1804], continúa con Johann Gottlieb Fichte [1762-1814] y Friedrich Wilhelm Joseph von Schelling [1775-1854] y culmina con Georg Wilhelm Friedrich Hegel [1770-1831]. La lógica dialéctica de Hegel —que concibe todo en perpetuo devenir y constante contradicción— constituye la máxima expresión teórica de la revolución burguesa europea. Sus herederos no son los tristes profesores de filosofía sino los trabajadores revolucionarios.</p>
<p><strong>- Filosofía de la praxis: </strong>Concepción filosófica de Marx y de sus continuadores más radicales que intenta descentrar y superar el punto de vista contemplativo, tanto del idealismo como del materialismo. Su clave reside en la actividad humana transformadora y en la unidad de la reflexión teórica y la práctica política radical.</p>
<p><strong>- Formación económico-social:</strong><strong> </strong>El modo de producción capitalista nunca se encuentra en forma pura en la sociedad. Está combinado con diversos tipos de relaciones sociales. Esa combinación se denomina “formación económico-social”. Ésta permite comprender qué posee de específico e irrepetible cada sociedad y qué tiene de común y genérico junto con las demás. Este concepto permite articular lo general y lo particular del capitalismo, la lógica y la historia, el género y la especie, lo común y lo irrepetible.</p>
<p><strong>- Fuerza de trabajo: </strong>Es el término con que Marx designa a la capacidad humana de trabajar (para diferenciarla del “trabajo” a secas). En el capitalismo es una mercancía muy “especial”. Es la única que crea valor y que además genera más valor que lo que ella misma vale.</p>
<p><strong>- Fuerzas productivas: </strong>Dimensión de la historia conformada por los instrumentos tecnológicos del trabajo, las destrezas laborales y, lo principal, el sujeto social que ejerce el trabajo sobre la naturaleza y la sociedad. Marx siempre las analiza en unidad con las relaciones sociales de producción, por eso no constituyen una variable independiente.</p>
<p><strong>- Globalización: </strong>Nueva fase del imperialismo capitalista, caracterizada por la universalización productiva, mercantil y financiera, la revolución tecnológica y la expansión de las comunicaciones. Hasta ahora estuvo dominada por el capital. Los trabajadores y la juventud de todo el mundo luchan por una globalización de las resistencias anticapitalistas.</p>
<p><strong>- Hegemonía: </strong>Proceso de dirección político cultural de un segmento social sobre otro. Generalización de los valores culturales propios de una clase para el conjunto de la sociedad. Hegemonía = cultura, pero con el agregado de relaciones de dominación y de poder. La hegemonía burguesa combina el consenso con los sectores aliados y la violencia con los enemigos. Los trabajadores luchan por una contrahegemonía de carácter socialista.</p>
<p><strong>- Historia: </strong>Proceso contingente y abierto, resultado de la praxis humana. Aunque la historia posee regularidades —estudiadas por la concepción materialista de la historia— no tiene un final cerrado ni una dirección unívoca determinada de antemano. Su futuro depende del resultado de la lucha de clases. Podemos ir hacia el socialismo o podemos continuar en la barbarie. El marxismo intenta analizar la historia pasada desde “abajo”, no desde la mirada de los dominadores y triunfadores, sino desde la rebeldía de los pueblos sometidos y las clases explotadas.</p>
<p><strong>- Humanismo:</strong> Concepción que pone en el eje de sus reflexiones a los seres humanos (en lugar de la naturaleza, Dios, el mercado, el dinero o el capital). El marxismo es heredero de los antiguos humanismos (por ejemplo el griego o el renacentista, en el caso europeo). Pero para Marx el sujeto ya no es el burgués individual sino un sujeto colectivo: los trabajadores. Marx diferencia el humanismo abstracto, que presupone un individuo ajeno a la historia, del humanismo revolucionario. Éste tiene por objetivo acabar con la alineación y liberar al ser humano de sus productos enajenados a través de la praxis.</p>
<p><strong>- Idealismo: </strong>Antigua corriente filosófica. No tiene nada que ver con “tener ideales”. El idealismo afirma que el fundamento último de la realidad es “la Idea”, “Dios” o “El Espíritu”. En última instancia, implica una visión contemplativa del universo.</p>
<p><strong>- Ideología: </strong>En el marxismo “ideología” tiene dos significados distintos: [1] concepción del mundo que implica una determinada perspectiva de vida ligada a los intereses de las clases sociales, una escala de valores, junto con normas de conducta práctica. [2] Falsa conciencia, obstáculo para el conocimiento de la verdad, error sistemático, inversión de la realidad por compromisos con el poder establecido. El marxismo es una concepción ideológica del mundo vinculada a los intereses de los trabajadores (significado [1]) que cuestiona toda falsa conciencia ideológica de la burguesía (significado [2]).</p>
<p><strong>- Imperialismo: </strong>Fase del sistema mundial capitalista. Se caracteriza por la fusión de los capitales bancarios e industriales, el predominio del capital financiero, el reparto del mundo en áreas de influencia, el armamentismo, la agresividad política de las grandes potencias, la generalización de los monopolios y la amenaza de guerra permanente. Recorre diversas fases históricas. La actual globalización capitalista es apenas la ultima fase conocida del imperialismo.</p>
<p><strong>- Libertad: </strong>Tiene distintos significados. Para el liberalismo burgués, ser libre es poseer propiedad y no encontrar obstáculos o interferencias para su disfrute. Ser = tener. “La libertad llega hasta donde llega la propiedad privada”. Para Marx, en cambio, la libertad no puede depender de la propiedad privada. El ser humano es auténticamente libre cuando es genuinamente autónomo, cuando no está forzado a venderse como una mercancía. El capitalismo anula la autonomía de las personas para otorgársela al mercado y a las cosas, transformadas en sujeto (fetichismo). La verdadera libertad sólo puede estar más allá de la cosificación, más allá de la necesidad material, más allá del tener y más allá del trabajo forzado. En el tiempo libre, en el ocio creador. Según Marx, el comunismo es un proyecto de sociedad donde la libertad de todos y todas es condición de la libertad de cada uno. Nadie puede ser genuina y auténticamente libre cuando la mayoría debe venderse en el mercado para sobrevivir.</p>
<p><strong>- Liberalismo: </strong>Corriente ideológica que acompaña el ascenso y el auge político de la burguesía hasta que ésta llega al poder. En sus inicios y durante su apogeo del siglo XVIII europeo, se caracteriza por combatir la reacción absolutista, difundir el pensamiento libre, promover el libre comercio y las libertades públicas. Cambia radicalmente cuando la burguesía llega al poder y entran en escena la clase obrera y el socialismo. Entonces se vuelve reaccionario. Hoy en día, el <strong>neoliberalismo</strong> sólo contiene de aquella ideología la defensa del libre comercio. Pero se ha tornado absolutamente conservador, partidario de gobiernos despóticos, opositor a todo pensamiento libre y enemigo de las libertades públicas. Por eso promueve el control y la vigilancia permanente de los individuos.</p>
<p><strong>- Lucha de clases: </strong>No es un enfrentamiento entre individuos aislados (por enemistades o envidias personales). Es un conflicto histórico entre grandes conjuntos de personas: las clases sociales. Esta confrontación divide a la sociedad en opresores y oprimidos: esclavistas y esclavos, patricios y plebeyos, señores feudales y siervos de la gleba, terratenientes y campesinos, burgueses y trabajadores. Esta contradicción impulsa el desarrollo de la historia.</p>
<p><strong>- Marxismo-marxiano-marxista: </strong>El <strong>marxismo</strong> es una teoría crítica de la sociedad capitalista que promueve en todo el mundo una práctica política de emancipación, rebeldía, resistencia, liberación y revolución. Presupone una concepción del mundo y de la vida, de la historia y del sujeto, expresada desde el punto de vista de las oprimidas y los explotados. Como teoría crítica constituye un saber abierto. Es científica, filosófica, ideológica, ética y política al mismo tiempo. El término <strong>marxiano</strong> es más “técnico”. Hace referencia a los textos escritos exclusivamente por Karl Marx. El término <strong>marxista</strong> alude a los escritos, al pensamiento y a las tradiciones políticas no sólo de Marx sino también de sus seguidores y partidarios posteriores, hasta hoy en día.</p>
<p><strong>- Materialismo: </strong>Antigua corriente filosófica. No tiene nada que ver con el “culto al dinero y a los bienes terrenales”. El materialismo afirma que el fundamento último del Universo es “la Materia”. Uno de los primeros filósofos materialistas es, en Grecia, Demócrito [460 a.C.-370 a.C.]. Al poner el énfasis en la realidad objetiva, independiente de la praxis del sujeto, ajena a la historia y a las relaciones sociales, el <strong>materialismo filosófico </strong>se vuelve especulativo, contemplativo y pasivo. Separa tajantemente al objeto del sujeto: se queda sólo con el objeto, sólo con la materia, sólo con la naturaleza. El <strong>“materialismo” marxiano </strong>está centrado en la historia, la sociedad y los sujetos. A Marx le interesa la materialidad&#8230; de las relaciones sociales. La “materia” de la que habla el marxismo es una materia&#8230; estrictamente social y construida históricamente: las relaciones sociales de producción. ¡No es la materia físico-química de las ciencias naturales!. Para la filosofía marxista de la praxis no hay materia objetiva sin sujeto, ni sujeto sin materia objetiva.</p>
<p>- Mediación: Categoría fundamental del pensamiento dialéctico. Expresa el nexo, el vínculo y el pasaje entre dos momentos del desarrollo y el movimiento. Al estudiar la sociedad, lo más difícil es explicar las mediaciones entre la economía y el poder, entre la acción reivindicativa y la política, entre los movimientos sociales y la revolución socialista. Cuando el marxismo soslaya las mediaciones se transforma en un vulgar mecanicismo, donde todo se reduce a un esquema simplista de “una causa&#8230; un efecto”.</p>
<p>- Mercancía: Forma social que adquieren los productos del trabajo humano en la sociedad mercantil capitalista. Un objeto es mercancía si además de tener valor de uso (utilidad) posee valor. Sólo es mercancía lo que se produce para vender, no para consumir directamente. En la mercancía están encerradas las potenciales contradicciones antagónicas del capitalismo.</p>
<p><strong>- Metafísica: </strong>Toda concepción del mundo, puramente especulativa, desvinculada de la historia y de la práctica, que se postula como si estuviera al margen del tiempo y el espacio. En toda metafísica predomina una interpretación del mundo, no su transformación. La metafísica se caracteriza por sus pretensiones de (falsa) universalidad.</p>
<p><strong>- Método: </strong>Conjunto de reglas lógicas que guían el pensamiento y la práctica.</p>
<p><strong>- Método dialéctico: </strong>Para Marx, este método plantea la unidad de la investigación histórica y de la exposición lógica de los resultados obtenidos, siguiendo la línea: concreto-abstracto-concreto. El conocimiento parte de las contradicciones de la sociedad real. Luego la teoría abstrae, construye categorías, hipótesis y conceptos, y finalmente vuelve nuevamente a la sociedad, para intervenir en sus contradicciones mediante la praxis. Según Marx, la <strong>lógica dialéctica</strong> de conceptos y categorías está estrechamente vinculada a la historicidad de la sociedad. La lógica dialéctica de la exposición teórica —<em>El Capital</em>— expresa y resume a la historia de la sociedad —el capitalismo—. La clave del método dialéctico está en concebir la sociedad como una totalidad y el desarrollo histórico a partir de las contradicciones.</p>
<p><strong>- Modernidad capitalista:</strong> Época histórica atravesada por la urbanización e industrialización aceleradas, grandes medios de comunicación, procesos de secularización religiosa, desacralización de valores trascendentes, desencantamiento del mundo y predominio despiadado del valor de cambio. Según Marx tiene un carácter contradictorio. Por un lado genera “progreso” y posibilidades de emancipación individual y colectiva; por el otro barbarie, vandalismo, conquista, sojuzgamiento, opresión, genocidio y explotación. El racionalismo liberal sólo atiende al primer aspecto. El posmodernismo sólo al segundo. Marx ve ambos.</p>
<p><strong>- Modo de producción: </strong>Conjunto articulado de relaciones sociales de producción. Los diversos modos de producción permiten periodizar la historia humana. Según la teoría marxista de la historia, cada uno de ellos expresa las relaciones sociales en su máxima pureza y en su concepto esencial. En las sociedades empíricas y concretas, las relaciones sociales nunca se dan puras, están combinadas con relaciones de otros modos de producción (siempre hay uno que predomina sobre los demás).</p>
<p><strong>- Neoliberalismo: </strong>Fase globalizada del imperialismo capitalista. Ideología que acompañó la ofensiva capitalista a nivel mundial desde 1973 —golpe de Estado en Chile—, pasando por Margaret Thatcher y Ronald Reagan, hasta 1994 —alzamiento zapatista en México—. Promueve la libre circulación del capital, las privatizaciones, el desmantelamiento de los derechos sociales, la reducción de los gastos en educación y salud, la represión a la clase obrera, el conservadurismo cultural, el machismo, la xenofobia, la vigilancia y el control permanente de los individuos, el racismo y la militarización de todo el planeta. Entra en una fase de crisis a fines de 1990 a partir de las rebeliones contra la globalización capitalista en diversas ciudades del mundo.</p>
<p>- Plusvalor o plusvalía: Fracción del valor producido por la fuerza de trabajo que es apropiada gratuitamente por el capitalista. Constituye el origen de la explotación. Representa un trabajo impago. Se produce en un tiempo de trabajo excedente. Es la fuente de vida del capital. Se divide y reparte entre diferentes capitalistas: como interés (bancos); ganancias (industriales) y rentas (terratenientes).</p>
<p><strong>- Praxis: </strong>Actividad humana que transforma la sociedad y la naturaleza transformando, al mismo tiempo, al sujeto que la ejerce. Ya sea en la política, en el arte, en la ciencia o en el trabajo productivo. Como concepto, expresa la unidad de la teoría y la práctica. Es la categoría fundamental de la filosofía de Marx.</p>
<p><strong>- Producción-mercado-consumo: </strong>La <strong>producción</strong> es el ámbito donde se generan las mercancías. Allí se produce la explotación (“invisible” a la conciencia inmediata). El <strong>mercado</strong> es el lugar de la distribución y el intercambio de mercancías. Es lo más visible en el capitalismo. El <strong>consumo</strong> es el espacio donde las mercancías llegan a los consumidores. Según Marx, aunque todos estos momentos están relacionados, el que marca el ritmo del conjunto es la relación de producción.</p>
<p><strong>- Reformismo: </strong>Corriente política que busca parches y remiendos para el capitalismo, reclamando reformas y migajas para el trabajador, pero sin cuestionar al sistema en su conjunto. Combate los efectos “no deseados” del sistema, no sus causas. Propone cambios graduales. Rechaza la confrontación con el poder. Limita la lucha a lo inmediato y puntual, sin apuntar a la totalidad.</p>
<p><strong>- Relaciones sociales de producción: </strong>Vínculos sociales que se establecen entre los seres humanos para producir y reproducir su vida material y cultural. Los diversos tipos de relaciones de producción permiten diferenciar una época histórica de otra. En las sociedades de clases, toda relación de producción es al mismo tiempo una relación económica, una relación de poder y una relación de fuerzas entre las clases. Las relaciones de producción capitalista expresan la contradicción antagónica entre los propietarios de dinero y los de fuerza de trabajo. No hay conciliación posible entre ambos.</p>
<p><strong>- Reproducción: </strong>Mantenimiento y producción continuada de las relaciones sociales. Puede ser simple —en la misma escala— o ampliada. En este último caso, es sinónimo de acumulación. En el modo de producción capitalista la reproducción nunca es automática. Presupone siempre mecanismos hegemónicos y ejercicio de la fuerza material (o su amenaza).</p>
<p><strong>- </strong><strong>República parlamentaria: </strong>Forma específicamente moderna de dominio político burgués. Cuenta con una serie de instituciones y mecanismos flexibles que le permiten ejercer y reproducir un poder político de clase: las cámaras legislativas, la autonomía relativa de la burocracia, la prensa organizada en las grandes urbes, los partidos políticos de masas, el “libre juego” entre sindicatos obreros y corporaciones empresarias, las alianzas y fraccionamientos políticos, las elecciones periódicas (donde siempre se elige entre dos caras de la misma moneda&#8230;) etc., etc. Según Marx, es una forma de dominación política anónima e impersonal, que representa al conjunto de la burguesía. Por eso resulta mucho más eficaz para ejercer el dominio sobre los trabajadores que una dictadura o una monarquía.</p>
<p><strong>- Revolución bolchevique: </strong>Primera revolución socialista triunfante en la historia de la humanidad. También es conocida como “revolución de octubre”. Se produjo en 1917. Fue dirigida principalmente por Lenin, y también por Trotsky. Antes de que se burocratice, logró influencia mundial. Marcó a fuego todo el siglo XX: desde la política hasta el cine y la pintura. Para frenar y contrarrestar su influencia en occidente, Henry Ford y John Maynard Keynes planearon reformas al capitalismo. Con su revolución, Lenin consiguió muchas más reformas para los obreros del mundo que todos los reformistas juntos.</p>
<p><strong>- Revoluciones burguesas:</strong> Se producen en el norte de Italia (siglo XV y XVI). Luego en los Países bajos (1579), en Inglaterra (1645-1649 y 1688-1689), EEUU (1776) y Francia (1789). Al generalizar la ideología del liberalismo, la revolución francesa se convierte en el paradigma clásico de revolución burguesa. Ésta separa la Iglesia del Estado, construye el Estado-nación, el mercado interno y el Ejército “nacional” (burgués). Inaugura la dominación política de la burguesía y el reinado absoluto del dinero y el valor de cambio.</p>
<p><strong>- Revolución socialista: </strong>Se propone crear una sociedad futura de hombres y mujeres nuevos, liberados de la explotación económica pero también de la dominación política de la subjetividad, de la alienación y el fetichismo mercantil, de la burocracia, del patriarcalismo, del racismo, del etnocentrismo y de la xenofobia. Es un proyecto centralmente político, pero también ético y cultural. </p>
<p><strong>- </strong><strong>Sentido común</strong>: Ámbito espontáneo de nuestras opiniones cotidianas. Es caótico y contradictorio. Nunca es ajeno a las ideologías. Es un campo de batalla entre diversas concepciones del mundo y escalas de valores. El marxismo aspira a reforzar en su seno las opiniones progresistas y a combatir las reaccionarias. La filosofía de la praxis intenta superar su espontaneidad para lograr una concepción del mundo crítica y coherente.</p>
<p><strong>- Sociedad civil: </strong>Tiene muchos significados. En Hegel hace referencia a las instituciones del mercado y también a algunas instituciones políticas, como la policía y la administración de justicia. En Marx alude al conjunto de las relaciones sociales de producción de la sociedad capitalista. En Gramsci remite a las instituciones políticas que no son estrictamente ni económicas (no pertenecen al mercado) ni estatales (no son necesariamente parte del Estado): escuela, universidad, medios de comunicación, partidos políticos, sindicatos, sociedades de fomento, iglesias, etc. Estas instituciones tienen por finalidad generar consenso y construir la hegemonía. Gramsci también denomina a la sociedad civil “Estado ampliado”.</p>
<p><strong>- Teología de la liberación: </strong>Corriente filosófica y teológica que intenta fusionar al marxismo con el cristianismo revolucionario. Aunque originariamente tuvo ideólogos franceses, la mayor parte de sus seguidores son latinoamericanos. Retoma el humanismo de Marx (así como también del Che Guevara o de Camilo Torres) y los interpreta desde el mensaje profético del cristianismo.</p>
<p><strong>- Tiempo de trabajo socialmente necesario: </strong>Dimensión cuantitativa de la teoría del valor. Cantidad de trabajo abstracto. Constituye la medida social —no individual— del valor de las mercancías.</p>
<p>- Trabajo: Proceso de intercambio y mediación entre el ser humano y la naturaleza, inserto en relaciones sociales. Cuando es libre, Marx lo concibe como una actividad vital humana orientada a un fin que modela según las leyes de la belleza. Pero en la sociedad capitalista no es libre, es forzado, está alienado y enajenado. Se convierte en una tortura y en una obligación impuesta por la dominación capitalista. El capitalismo de nuestros días obliga a una parte de los trabajadores a desgastar su vida trabajando el doble, y a la otra, la condena al desempleo, en lugar de repartir el trabajo entre todos, reduciendo el trabajo necesario de reproducción y aumentando el tiempo libre de ocio y disfrute para el conjunto.</p>
<p>- Trabajo abstracto: Trabajo social global que en la sociedad capitalista genera valor. Dimensión cualitativa de la teoría del valor, estrechamente ligada a la teoría del fetichismo. Característica que asume el trabajo humano cuando su sociabilidad es indirecta y está mediada por el mercado y el equivalente general. Principal descubrimiento teórico de Marx en su crítica de la economía política.</p>
<p><strong>- Valor:</strong> No es una cosa ni una propiedad intrínseca de las cosas. Es una relación social de producción. En ambos polos de la relación vincula a poseedores de mercancías. Cuando los productos del trabajo se generan dentro de relaciones de valor, se producen para ser vendidos en el mercado. Marx distingue históricamente diversas relaciones de valor. Desde la más simple (el trueque) hasta la más desarrollada (el dinero).</p>
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		<title>Qué es un «guerrillero» (Che)</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Jun 2009 00:32:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fogonero</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;">Revolución, 19 de febrero de 1959</p>
<p>Quizá no haya país en el mundo en que la palabra «guerrillero» no sea simbólica de una aspiración libertaria para el pueblo. Solamente en Cuba esta palabra tiene un significado repulsivo. Esta Revolución, libertadora, en todos sus extremos, sale también a dignificar esa palabra. Todos saben que fueron guerrilleros aquellos simpatizantes del régimen de esclavización española que tomaron las armas para defender en forma irregular la corona del rey de España; a partir de ese momento, el nombre queda como símbolo, en Cuba, de todo lo malo, lo retrógrado, lo podrido del país. Sin embargo, el guerrillero es, no eso, sino todo lo contrario; es el combatiente de la libertad por excelencia; es el elegido del pueblo, la vanguardia combatiente del mismo en su lucha por la liberación. Porque la guerra de guerrillas no es como se piensa, una guerra minúscula, una guerra de un grupo minoritario contra un ejército poderoso, no; la guerra de guerrillas es la guerra del pueblo entero contra la opresión dominante. El guerrillero es su vanguardia armada; el ejército lo constituyen todos los habitantes de una región o de un país. Esa es la razón de su fuerza, de su triunfo, a la larga o a la corta, sobre cualquier poder que trate de oprimirlo; es decir, la base y el substratum de la guerrilla está en el pueblo.<br />
No se puede concebir que pequeños grupos armados, por más movilidad y conocimiento del terreno que tengan, puedan sobrevivir a la persecución organizada de un ejército bien pertrechado sin ese auxiliar poderoso. La prueba está en que todos los bandidos, todas las gavillas de bandoleros, acaban por ser derrotados por el poder central, y recuérdese que muchas veces estos bandoleros representan, para los habitantes de la región, algo más que eso, representan también aunque sea la caricatura de una lucha por la libertad.<br />
El ejército guerrillero, ejército popular por excelencia, debe tener en cuanto a su composición individual las mejores virtudes del mejor soldado del mundo. Debe basarse en una disciplina estricta. El hecho de que las formalidades de la vida militar no se adapten a la guerrillera, que no haya taconeo ni saludo rígido, ni explicación sumisa ante el superior, no demuestran de manera alguna que no haya disciplina. La disciplina guerrillera es interior, nace del convencimiento profundo del individuo, de esa necesidad de obedecer al superior, no solamente para mantener la efectividad del organismo armado que está integrado, sino también para defender la propia vida. Cualquier pequeño descuido en un soldado de un ejército regular es controlado por el compañero más cercano. En la guerra de guerrillas, donde cada soldado es unidad y es un grupo, un error es fatal. Nadie puede descuidarse. Nadie puede cometer el más mínimo desliz, pues su vida y la de los compañeros le va en ello.<br />
Esta disciplina informal, muchas veces no se ve. Para la gente poco informada, parece mucho más disciplinado el soldado regular con todo su andamiaje de reconocimientos de las jerarquías que el respeto simple y emocionado con que cualquier guerrillero sigue las instrucciones de su jefe. Sin embargo, el ejército de liberación fue un ejército puro donde ni las más comunes tentaciones del hombre tuvieron cabida; y no había aparato represivo, no había servicio de inteligencia que controlara al individuo frente a la tentación. Era su autocontrol el que actuaba. Era su rígida conciencia del deber y de la disciplina.<br />
El guerrillero es, además de un soldado disciplinado, un soldado muy ágil, física y mentalmente. No puede concebirse una guerra de guerrillas estática. Todo es nocturnidad. Amparados en el conocimiento del terreno, los guerrilleros caminan de noche, se sitúan en la posición, atacan al enemigo y se retiran. No quiere decir esto que la retirada sea muy lejana al teatro de operaciones; simplemente tiene que ser muy rápida del teatro de operaciones.<br />
El enemigo concentrará inmediatamente sobre el punto atacado todas sus unidades represivas. Irá la aviación a bombardear, irán las unidades tácticas a cercarlos, irán los soldados decididos a tornar una posición ilusoria.<br />
El guerrillero necesita sólo presentar un frente al enemigo. Con retirarse algo, esperarlo, dar un nuevo combate, volver a retirarse, ha cumplido su misión específica. Así el ejército puede estar desangrándose durante horas o durante días. El guerrero popular, desde sus lugares de acecho, atacará en momento oportuno.<br />
Hay otros profundos axiomas en la táctica de guerrillas. El conocimiento del terreno debe ser absoluto. El guerrillero no puede desconocer el lugar donde va a atacar, pero además debe conocer todos los trillos de retirada así como todos los caminos de acceso o los que están cerrados. Las casas amigas, y enemigas, los lugares más protegidos, aquellos donde se puede dejar un herido, aquellos otros donde se puede establecer un campamento provisional, en fin, conocer como la palma de la mano el teatro de operaciones. Y eso se hace y se logra porque el pueblo, el gran núcleo del ejército guerrillero, está detrás de cada acción.<br />
Los habitantes de un lugar son acémilas, informantes, enfermeros, proveedores de combatientes, en fin, constituyen los accesorios importantísimos de su vanguardia armada.<br />
Pero frente a todas estas cosas; frente a este cúmulo de necesidades tácticas del guerrillero, habría que preguntarse: «¿por qué lucha?», y, entonces surge la gran afirmación: «El guerrillero es un reformador social.<br />
El guerrillero empuña las armas como protesta airada del pueblo contra sus opresores, y lucha por cambiar el régimen social que mantiene a todos sus hermanos desarmados en el oprobio y la miseria. Se ejercita contra las condiciones especiales de la institucionalidad de un momento dado y se dedica a romper con todo el vigor que las circunstancias permitan, los moldes de esa institucionalidad.»<br />
Veamos algo importante: ¿qué es lo que el guerrillero necesita tácticamente? Habíamos dicho, conocimiento del terreno con sus trillos de acceso y escape, velocidad de maniobra, apoyo del pueblo, lugares donde esconderse, naturalmente. Todo eso indica que el guerrillero ejercerá su acción en lugares agrestes y poco poblados. Y, en los lugares agrestes y poco poblados, la lucha del pueblo por sus reivindicaciones se sitúa preferentemente y hasta casi exclusivamente en el plano del cambio de la composición social de la tenencia de la tierra, es decir, el guerrillero es, fundamentalmente y antes que nada, un revolucionario agrario.<br />
Interpreta los deseos de la gran masa campesina de ser dueña, de la tierra, dueña de los medios de producción, de sus animales, de todo aquello por lo que ha luchado durante años, de lo que constituye su vida y constituirá también su cementerio.<br />
Por eso, en este momento especial de Cuba, los miembros del nuevo ejército que nace al triunfo desde las montañas de Oriente y del Escambray, de los llanos de Oriente y de los llanos de Camagüey, de toda Cuba, traen, como bandera de combate, la Reforma Agraria.<br />
Es una lucha quizás tan larga como el establecimiento de la propiedad individual. Lucha que los campesinos han llevado con mejor o peor éxito a través de las épocas, pero que siempre ha tenido calor popular. Esta lucha no es patrimonio de la Revolución. La Revolución ha recogido esa bandera entre las masas populares y la ha hecho suya ahora. Pero antes, desde mucho tiempo; desde que se alzaran los vegueros de La Habana; desde que los negros trataran de conseguir su derecho a la tierra en la gran guerra de liberación de los 30 años; desde que los campesinos tomaran revolucionariamente el Realengo 18, la tierra ha sido centro de la batalla por la adquisición de un mejor modo de vida.<br />
Esta Reforma Agraria que hoy se está haciendo, que empezó tímida en la Sierra Maestra, que se trasladó al Segundo Frente Oriental y al macizo del Escambray, que fue olvidada algún tiempo en las gavetas ministeriales y resurgió pujante con la decisión definitiva de Fidel Castro es, conviene repetirlo una vez más, quien dará la definición histórica del «26 de julio».<br />
Este Movimiento no inventó la Reforma Agraria. La llevará a cabo. La llevará a cabo íntegramente hasta que no quede campesino sin tierra, ni tierra sin trabajar. En ese momento, quizás, el mismo Movimiento haya dejado de tener el por qué de existir, pero habrá cumplido su misión histórica. Nuestra tarea es llegar a ese punto, el futuro dirá si hay más trabajo a realizar.<br />
Tomado de Escritos y discursos, tomo 1, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 1972</p>
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		<title>Moral y disciplina de los combatientes revolucionarios (Che)</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Jun 2009 00:30:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fogonero</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;">Verde Olivo, 17 de marzo de 1960</p>
<p>Todos conocen lo que fue nuestro Ejército Rebelde. Por familiar, casi se desprecia la gesta de nuestra emancipación, lograda sobre la sangre de veinte mil mártires y el empuje multitudinario del pueblo. Hay, sin embargo, razones profundas que hicieron realidad este triunfo. La dictadura creó los fermentos necesarios con su política de opresión de las masas populares para mantener el régimen de privilegios. Privilegios de paniaguados, privilegios de latifundistas y empresarios parásitos, privilegios de los monopolios extranjeros iniciada la contienda, la represión y brutalidad del régimen aumentaron la resistencia popular lejos de disminuirla; la desmoralización y desvergüenza de la casta militar facilitó la tarea; las agrestes montañas de Oriente y la impericia táctica de nuestros enemigos, hicieron lo suyo. Pero esta guerra la ganó el pueblo por la acción de su vanguardia armada combatiente, el Ejército Rebelde; y las armas fundamentales de este Ejército eran su moral y disciplina.<br />
Disciplina y moral son las bases sobre las que se asienta la fuerza de un ejército, cualquiera que sea su composición. Examinemos ambos términos: la moral de un ejército tiene dos fases que se complementan mutuamente; hay una moral en cuanto al sentido ético de la palabra y otra en su sentido heroico; toda agrupación armada, para ser perfecta, tiene que reunir ambas.<br />
La moral en cuanto a ética ha cambiado en el transcurso de los tiempos y de acuerdo con las predominantes en una sociedad dada. Saquear las casas y llevarse todos los objetos de valor era lo correcto en la sociedad feudal, pero quien les llevara las mujeres como prenda, habría faltado a sus deberes morales, y un ejército que lo hiciera como norma, estaría viviendo al margen de la época. Sin embargo, tiempo antes de esto era lo correcto y las mujeres de los vencidos pasaban a formar parte del patrimonio del vencedor.<br />
Todos los ejércitos deben cuidar celosamente su moral ética, como parte sustancial de su estructura, así como factor de lucha, como factor de endurecimiento del soldado.<br />
La moral en un sentido heroico es esa fuerza combativa, esa fe en el triunfo final y en la justicia de la causa que lleva a los soldados a efectuar los más extraordinarios hechos de valor.<br />
Moral de lucha tenían los «maquis» franceses que emprendieron la lucha en condiciones difíciles, aparentemente sin esperanzas, abrumadoramente adversas y, sin embargo, por la convicción de que peleaban por una causa justa, por la indignación que provocaban en ellos los crímenes y las bestialidades de los nazis, supieron mantener la acción hasta vencer.<br />
Moral de lucha tenían los guerrilleros yugoslavos que con el país ocupado por una potencia cincuenta veces superior se lanzan a la lucha y la mantienen, sin desmayo, hasta vencer.<br />
Moral de lucha tienen los defensores de Stalingrado que con fuerzas varias veces inferiores, con el río a la espalda, resisten la abrumadora y larga ofensiva, defienden cada colina y cada zanja, cada casa y cada cuarto de las casas, cada calle y cada acera de su ciudad hasta que el ejército soviético puede montar la contraofensiva, tender el gigantesco cerco y destruir, rendir y tomar prisioneros a los atacantes.<br />
Moral de lucha, si se quiere un ejemplo distante, es la de los defensores de Verdún, que rechazan una ofensiva tras otra y detienen a un ejército muchas veces superior en número y armamentos.<br />
Moral de combate la que tuvo el Ejército Rebelde en las sierras y llanos de nuestros campos de batalla. Y eso mismo es lo que le faltó al ejército mercenario para poder hacer frente al aluvión guerrillero. Nosotros sentíamos el verso vigoroso de nuestro himno nacional: «Morir por la patria es vivir»; ellos lo conocían por cantarlo, pero no lo sentían en su interior. El sentimiento de justicia en una causa y el sentimiento de no saber por qué se pelea en la otra, establecían las grandes diferencias entre ambos soldados.<br />
Entre los dos tipos de moral, la moral ética y la moral de lucha, hay un nexo de unión que las convierte en un todo armónico: la disciplina. Hay distintas formas de disciplina pero fundamentalmente, hay una disciplina exterior al individuo y otra interior a él. Los regímenes militaristas trabajan constantemente sobre la exterior. También aquí se notaba la enorme diferencia entre dos tipos de ejércitos; el de la dictadura, practicando su moral, su disciplina cuartelaria, exterior, mecánica y fría y el guerrillero, con su notable disciplina exterior grande y una interior grande; esto rebaja automáticamente su moral de lucha. ¿Lucha por qué y para qué? ¿Luchar por mantener ciertas prebendas de nivel íntimo en el soldado? ¿El derecho a expoliar, a cobrar por la bolita, a tener algunas participaciones en la valla, el derecho a hacer el ratero uniformado? pero por ese derecho la gente no pelea sino hasta un momento determinado; hasta que se le exige el sacrificio de la vida&#8230;<br />
Del otro lado un ejército con una enorme moral ética, una disciplina exterior inexistente y una rígida disciplina interior, nacida del convencimiento. El soldado rebelde no bebía, no porque su superior lo fuera a castigar, sino porque no debía beber, porque su moral le imponía el no beber y su disciplina interior reafirmaba la imposición de la moral de ese ejército, que iba sencillamente a luchar porque entendía que era su deber entregar la vida por una causa.<br />
Fue puliéndose la moral y cimentándose la disciplina hasta hacerse nuestro ejército invencible, pero vino la paz, producto del triunfo, y se inició el gran choque entre dos conceptos y dos organizaciones: la antigua, de disciplina exterior, mecánica, sujeta a moldes rígidos y la nueva, de disciplina interior, sin moldes pre-establecidos. De ese choque surgieron las dificultades de todos conocidas en cuanto a la estructuración final de nuestro Ejército. Hoy se ha superado el problema, después de analizado y comprendido. Estamos tratando de dar a nuestras fuerzas armadas rebeldes, el mínimo de disciplina mecánica necesaria para el funcionamiento armónico de grandes unidades con el máximo de disciplina interior, proveniente del estudio y la comprensión de nuestros deberes revolucionarios. Hoy como ayer, aunque exista un aparato que se dedique específicamente a castigar las faltas, la disciplina no puede ser dada de modo completo por un mecanismo exterior, sino lograda por el afán interior de superación de todos los errores cometidos. ¿Cómo lograr esto? Es tarea paciente de los adoctrinadores revolucionarios que vayan sembrando en la masa de nuestro Ejército las grandes consignas nacionales.<br />
Como todos los ejércitos del mundo debe éste, nuestro Ejército, respetar a sus superiores, obedecer las órdenes inmediatamente, servir infatigablemente en el lugar donde se lo sitúe -pero debe además ser un juez y un investigador de la sociedad. Investigador en cuanto a que mediante su contacto con el pueblo pueda averiguar todos los sentimientos de éste, para comunicarlo a la superioridad con un sentido constructivo, juez en cuanto a que tiene la obligación de denunciar toda clase de abusos cometidos fuera o dentro del ejército, para tratar de eliminarlos. En esta tarea diferente del Ejército Rebelde es donde se prueban las virtudes de la disciplina interior que tiene como meta el perfeccionamiento total del individuo. Igual que en la Sierra, no debe beber el Rebelde, no por el castigo que pueda aplicarle el organismo encargado de hacerlo, sino simplemente porque la causa que defendemos, que es la causa de los humildes y del pueblo nos exige no beber, para mantener despierta la mente, rápido el músculo y en alto la moral de cada soldado, y debe recordarse que hoy, como ayer, el Rebelde es el centro de las miradas de la población y constituye un ejemplo para ella. No hay ni puede haber un gran Ejército, si no está convencido el grueso de la población de las virtudes inmensas del que hoy tenemos. Nuestra agrupación armada no acaba en los límites precisos en que un hombre deja el uniforme; tenemos al pueblo entero con nosotros y debemos disponer de él, debemos hacer que para ese pueblo, obrero, campesino, estudiante, profesional, sea un honor empuñar el arma que le permita luchar en algún caso al lado de los que están uniformados en las Fuerzas Armadas. Debemos ser, pues, guía de la población civil. Mucho más difícil que pelear, mucho más difícil aún que trabajar en las áreas pacíficas de construcción del país, es mantener la línea necesaria sin desviarse un centímetro de ella durante todas las horas de cada uno de los días. Cuando se logre en todas nuestras Fuerzas Armadas la cohesión suficiente y a nuestra moral de lucha se agreguen una alta moral ética con el complemento necesario de las disciplinas interior y exterior, se habrá logrado la base firme y duradera del gran ejército del futuro, que es el pueblo entero de Cuba.<br />
(Tomado de Escritos y discursos, tomo 1, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 1972</p>
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		<title>Antes de mayo (M Peña)</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Jun 2009 00:23:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fogonero</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Milciades Peña &#8220;mayo&#8221; hace referencia a la revolución de independencia nacional argentina del dominio español ocurrida el 25 de mayo de 1810 UNIDAD I[1] ANTES DE MAYO Formas sociales del transplante español al nuevo mundo CAPITULO I: ESPAÑA Y AMERICA ¿Porqué Estudiar a España? UNIDAD I1 ANTES DE MAYO Formas sociales del transplante español al [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Milciades Peña</em></p>
<p>&#8220;mayo&#8221; hace referencia a la revolución de independencia nacional argentina del dominio español ocurrida el 25 de mayo de 1810</p>
<p align="center"><strong>UNIDAD I[1]</strong></p>
<p align="center"><strong>ANTES DE MAYO Formas sociales del transplante español al nuevo mundo</strong></p>
<p align="center"><strong>CAPITULO I: ESPAÑA Y AMERICA ¿Porqué Estudiar a España?</strong></p>
<p align="center"><strong>UNIDAD I1</strong></p>
<p align="center"><strong>ANTES DE MAYO Formas sociales del transplante español al nuevo mundo</strong></p>
<p align="center"><strong>CAPITULO I: ESPAÑA Y AMERICA ¿Porqué Estudiar a España?</strong></p>
<p>Durante decenas de siglos las diferencias en el nivel de vida de las distintas comarcas del mundo civilizado fueron comparativamente pequeñas. Existían aquellas, por cierto, pero el incremento de la población, que la falta de medios de producción adecuados no permitía enfrentar con incrementos iguales o mayores en la producción, mantenía una mediocre igualdad entre la mayor parle de los habitantes de las distintas regiones. Había, eso si, desniveles abismales entre el bienestar de unos muy pocos privilegiados y la zaparrastrosa miseria de la gran mayoría. Pero hace unos trescientos anos este cuadro comenzó a cambiar, de modo lento al principio, vertiginosamente después.</p>
<p>Algunos contados países acusaron un aumento paulatino de población y también de capacidad productiva. Ellos devinieron entonces -combatiéndose entre si y sucediéndose en el centro hegemónico— las potencias directoras del mundo, las mas prósperas y las más poderosas. Hablamos de Inglaterra, de Francia, de Alemania y de Estados Unidos. Su progreso fue producto del capitalismo industrial, esto es, de la ordenación de toda la sociedad en torno a los intereses de la burguesía creadora de ese poder mayor que todas las coronas juntas: la industria moderna.</p>
<p>La burguesía desempeñó un papel innegablemente revolucionario en el curso de la historia. Hasta que ella no lo reveló, no supimos cuánto podía llegar a dar de si el trabajo del hombre. La burguesía produjo maravillas más ciertas y mayores que las pirámides de Egipto, los acueductos romanos y las catedrales góticas. La burguesía no podía existir a no ser de ir revolucionando incesantemente los instrumentos de la producción, vale decir el sistema de la misma, y con él, todo el régimen social. Al contrario de cuántas clases sociales la precedieron, que tenían todas por condición primaria de vida la intangibilidad del régimen de producción vigente, la época de la burguesía se caracteriza entre todas las demás por la intensificación y modificación de la capacidad productora y sus métodos, por una inquietud y una dinámica incesantes. Ya no reina aquel mercado local y nacional que se bastaba a sí mismo, prescindiendo de todo aporte forastero. Ahora la red del comercio es universal y en ella entran, unidas por vínculos de interdependencia, todas las naciones. La burguesía somete al campo al imperio de la ciudad. La burguesía va aglutinando cada vez más los medios de producción, la propiedad y los habitantes del país. Territorios antes independientes, o apenas aliados, con intereses distintos, distintas leyes, gobiernos autónomos y sistemas aduaneros propios, se asocian y refunden en una nación única, bajo un gobierno, una ley y un interés nacional de clase y una sola línea aduanera. A mediados del siglo XIX, a un siglo apenas de haber logrado su plena soberanía sobre la sociedad, la burguesía había creado energías productivas más grandiosas y colosales que todas las pasadas generaciones juntas. Nadie en los siglos pasados hubiera podido sospechar siquiera que en el regazo de la sociedad fecundada por el trabajo del hombre yacían soterradas tales energías y tantos elementos creadores (Manifiesto Comunista, 65).</p>
<p>Para tomar en sus manos el poder económico y político, y estructurar la sociedad a su imagen y semejanza, la burguesía industrial tuvo que desalojar a los maestros de los gremios artesanos, a los señores feudales, en cuyas manos se concentraban las fuentes de riqueza. Su ascenso fue fruto de una lucha victoriosa contra el régimen feudal. A medida que crecían los medios de producción y transporte sobre los que cabalgaba la burguesía industrial, resultó que las condiciones en que la sociedad feudal producía y comerciaba, la organización feudal de la agricultura y la manufactura, en una palabra, el régimen precapitalista de la propiedad, no correspondía ya al estado de las fuerzas productivas. Obstruía la producción en vez de fomentarla. Habíase convertido en una múltiple traba para su desenvolvimiento. Era menester hacerla saltar y saltó. Vino a ocupar su puesto la libre concurrencia, con la constitución política y social más o menos democrática a ella adecuada, que permitía la hegemonía económica y política de la clase en ascenso (Manifiesto, 66). Tal fue la mentada revolución democrático burguesa.</p>
<p>El proceso se manifestó en distintas formas en los distintos países, y su expresión política fue diferente en cada uno. La consolidación política de la burguesía se expresó como violenta revolución popular en Francia en 1789 y 1848, y en Inglaterra como guerra civil primero y luego, en el siglo XIX, como lucha por la reforma electoral y arancelaria. En Estados Unidos la lucha se produjo en torno a la evolución de la esclavitud y culminó en la guerra civil de Norte contra Sur. En fin, en Alemania hubo conciliación y mutuo acomodamiento de burguesía, nobleza y realeza bajo la dirección bonapartista de Bismarck.</p>
<p>Ni en España ni en América Latina ocurrió nada comparable. De allí proviene la esencial identidad entre España y América Latina. En el mundo moderno, la ex metrópoli y las ex colonias se caracterizan por su atraso y dependencia respecto a otras potencias. Ni una ni otras pudieron desarrollarse hasta hoy como naciones capitalistas industriales, vale decir, no han podido realizar lo fundamental de la revolución democrático-burguesa.</p>
<p>Sin embargo, tanto España como América Latina sirvieron a la expansión mundial y el triunfo del capitalismo industrial en Europa dónde estuvo confinado hasta fines del siglo XIX. El descubrimiento de América abrió nuevos horizontes e imprimió nuevos impulsos a la burguesía, atizando con ello el elemento revolucionario que se escondía en la sociedad feudal en descomposición. Con el crecimiento de la burguesía brotaban necesidades nuevas que ya no bastaban a satisfacer los frutos locales sino que requerían productos coloniales y muy especialmente oro y plata. Y estos productos provenían de América latina. Metrópoli y colonias sirvieron así al florecimiento del capitalismo industrial; entraron para beneficio en el remolino de la acumulación capitalista. Ambas fueron engranajes decisivos en la estructuración del moderno mercado mundial, en la difusión del intercambio mercantil por los cuatro confines de la tierra. Pero ni en España ni en América hispana jamás hizo pie firme el capitalismo industrial. En su ausencia, la revolución democrático-burguesa se quedó en ideal teórico o caricatura política, sin llegar jamás a una realidad triunfante.</p>
<p>Esa es, en sus fundamentos la famosa herencia que España dejó en sus posesiones de América, herencia de la que la misma España no se ha desprendido todavía. Una función periférica en la platea del capitalismo mundial, un raquitismo insuperable del capitalismo industrial interno. Y por lo tanto atraso, dependencia, estancamiento.</p>
<p>Por eso debemos estudiar a España como capitulo primero de la historia latinoamericana. Las fuerzas históricas que generaron su fracaso como nación moderna son las mismas que con igual resultado actuaron —y actúan— sobre Latinoamérica.</p>
<p align="center"><strong>Los Mitos Respecto a España</strong></p>
<p>Toda realidad ofrece cierto grado de resistencia al conocimiento. Pero en el proceso del conocimiento éste engendra a su vez para compensar su debilidad un andamiaje de mitos que a su turno contribuyen a hacer más inaprensible a la realidad. Este proceso es particularmente activo en el campo histórico, y en el caso de la historia española reviste un carácter extraordinario. El binomio grandeza-decadencia de España es un mito puro, y sin embargo todas las interpretaciones españolas se aferran a él con inusitado fervor. Pocos quieren ver que en España no hay ninguna decadencia, sino un permanente raquitismo de su desarrollo económico. Apenas habría que asombrarse de que los historiadores burgueses, untuosos de óleo sacro, llenen sus páginas con nostálgicas visiones de la grandeza española. Y lo malo es que hasta escritores marxistas han pisado el garlito y pretenden que «Completada por la unificación de Granada, la unificación nacional correspondía verdaderamente al adelanto técnico y cultural del país. Ningún otro estaba en esa época (fines del siglo XV) tan uniformemente preparado como España para lanzarse al torbellino de la acumulación capitalista que siguió al descubrimiento de América&#8221;. Y que «por los años del descubrimiento de América el progreso económico de la península era uno de los mejores de Europa» y que España fue «el primer imperio manufacturero y la primera organización centralista y burocrática de la historia a partir de Roma» (Munis, p. 11-13). Todo esto pertenece al reino de la fantasía químicamente pura, sin la menor impura partícula de realidad.</p>
<p>Por lo pronto, la unificación nacional de España todavía no se había logrado en el siglo XV, recién comenzó con los Borbones (Larraz, 17). Como lo advirtió Marx, pese a la unificación puramente externa realizada por los Reyes Católicos, &#8220;España, como Turquía, siguió siendo una aglomeración de mal dirigidas repúblicas, con un soberano nominal a la cabeza». En las distintas regiones subsistieron distintas leyes, distintas monedas, pabellones militares de distintos colores y distintos sistemas de tributación (Marx, España, 20). Bajo los Austrias, España, era una federación de cinco reinos autónomos —Aragón, Castilla, Cataluña, Navarra y Valencia— dotados de parlamentos, constituciones, sistemas monetarios y aranceles aduaneros separados. Todavía en 1700 estaba prohibido transportar metales preciosos de un reino a otro, porque estos se consideraban extranjeros entre sí. (Hamilton, 192 y 204). Hay un fenómeno que caracteriza —entre tantos otros— el bajo grado de integración económica entre las distintas provincias de España. La economía vasca estaba tan desintegrada del resto, que se llegó al punto de que en el siglo XVII el Fuero de Vizcaya prohibía la exportación de mineral de hierro no solamente al extranjero sino al resto de España» (Salyer, Mercantilismo).</p>
<p>«Cada uno de los reinos —cuenta el impagable don Manuel Colmeiro en su verbosa, pero útil Historia de la Economía Española— se encerraba en su territorio, ponía aduanas, fijaba derechos de entrada y salida y decretaba prohibiciones. Las mercaderías provenientes de Aragón eran extranjeras en Castilla, Navarra, Cataluña y viceversa, de suerte que los mercaderes debían pagar derecho de peaje cuantas veces pasaban de una a otra zona fiscal.</p>
<p>La exhuberancia de la vida municipal, que en los primeros años de la reconquista aislaba a las ciudades hasta el punto de parecer hijas emancipadas de la patria, se había debilitado con el tiempo, formando pequeñas naciones llamadas a formar una monarquía poderosa. Entretanto cada pueblo se gobernaba a su modo, sin hacer causa común con los demás pueblos peninsulares; aunque obedeciendo al mismo soberano, celebraban cortes separadas, gozaban de distintos fueros, y en fin, conservaban su autonomía» (Colmeiro). Verdaderamente, si se tiene en cuenta la realidad de España bajo los Reyes Católicos, bajo Carlos V y aun después, se observa «la supervivencia inalterada de las economías autónomas de cada uno de los cinco reinos peninsulares, sin que ninguna organización superpuesta y asimiladora abriese camino a la idea de que formaban parte de una economía nacional unitaria, se comprueba que la de cada reino no llegó a fundirse en el crisol de la única nacionalidad. El aragonés era considerado extranjero por el castellano, y viceversa. Si las barreras aduaneras interpuestas los disociaban económicamente, el trato fiscal que se daban entre sí no difería del que dispensaban a los extranjeros. Aun dentro del territorio de un mismo reino nuevas aduanas dificultaban el tránsito de los mercaderes y los sobrecargaban, sin averiguar si se trataba de mercancías obtenidas dentro del mismo país. Si la diversidad de aduanas escindía a los reinos, los regímenes fiscales, monetarios y rentísticos eran también distintos» (Carande, 101).</p>
<p>Faltaba, pues, en España, antes, durante y después de la conquista de América —época en que se ubica el comienzo de su supuesta «decadencia»— ese requisito básico y a la vez consecuencia primarísima del desarrollo industrial capitalista, es decir, la unificación nacional. Inglaterra y Francia, en cambio, ya habían avanzado largamente en este camino.</p>
<p>Causa y consecuencia de la falta de unidad nacional, en un círculo vicioso que se perpetuaba automáticamente, era el atraso general de España en el desarrollo del capitalismo industrial. Había en España, a no dudarlo, tantos o cuantos miles de tejedores, tantos o cuantos miles de pañeros. Con enumeraciones de ese género consuelan sus inquietudes los nostálgicos de un pasado esplendor que nunca fue. Pero lo concreto es que en la incipiente división internacional del trabajo que ya comenzaba a estructurarse, España aparecía como un gran corral de ovejas abastecedoras de lana para la crecientemente próspera industria textil de Inglaterra. No es cierto que España &#8220;pasó a depender de la industria extranjera» recién después de la conquista de América (Puiggrós, Colonia, 14). Siempre fue así.</p>
<p>La superioridad industrial de los flamencos durante la Edad Media es un hecho irrebatible de la historia económica. Llegaron a crear la primera industria textil de exportación a base de lana extranjera. Al iniciarse el siglo XVI Flandes comienza a ser desplazada por Inglaterra, que emprendía la industrialización de su lana desbordando el mercado interno. Cuando se producía esta lucha industrial entre Inglaterra y Flandes, España, bajo los Reyes Católicos, convertía el eje de su política económica en la exportación de lana en bruto. El contraste es suficiente para comprender que la Edad Media había legado a Inglaterra y a los Países Bajos una superioridad industrial que la España del 1500 no recibiera de su pasado histórico. Económicamente, España tuvo una Edad Media inferior a Inglaterra o Francia (Larraz, 100). «A excepción de Barcelona y Valencia la industria de España en el siglo XV fue muy escasa, teniendo apenas desarrollo. A consecuencia de esto le eran necesarios los productos de la industria extranjera. La lana que salía de España en vellones tenía que volver a adquirirla, a precio elevado, bajo la forma de paños flamencos, franceses y florentinos» (Haberler). En 1548 las cortes de Valladolid se quejan de que la industria textil no es capaz de abastecer a la mayoría de la población y confían en la importación de telas extranjeras {Carande, 163). Pese a una enorme producción de lana «fabricaban los españoles los géneros de lana con poco arte -cuenta Colmeiro- llevándoles mucha ventaja en bondad y baratura Francia, Inglaterra y Holanda».</p>
<p>Un nuevo hecho confirma el atraso del desarrollo capitalista español. La mayor parte de las actividades comerciales e industriales se hallaban en manos de extranjeros, judíos sobre todo, hasta su expulsión. «Como los asuntos financieros se hallaban en manos de los judíos antes de 1492 y en ellos se encontraba también circunscripto el pequeño comercio, quedó a los españoles sólo el cambio de sus productos brutos con las manufacturas del extranjero y el transporte de estos tejidos por mar» (Haberler). «Los judíos formaban en España el mayor y más poderoso grupo comercial, pasando por sus manos casi todas las operaciones de cambio con el extranjero» (Klein). Los judíos eran los financistas de los reyes, y disfrutaban por eso de privilegios que la raquítica burguesía española jamás soñó. Gozaban los judíos el privilegio de no ser apresados por deudas, y, como abusaban de ese privilegio para estafar a sus colegas cristianos, estos reclamaron en las cortes eí retiro de tal privilegio a loa judíos, pero el Rey Enrique II rechazó su pedido. Ahora bien: en todas las naciones, al comienzo de su desarrollo, los comerciantes son sobre todo extranjeros, y esta característica perdura cuanto menos progresa el país en el sentido capitalista industrial. En Inglaterra, por ejemplo el comercio exterior fue acaparado por extranjeros mientras el país fue principalmente un exportador de materias primas. Esto cambió radicalmente al compás del progreso industrial británico (Brentano, cit. por León). Fue precisamente el retardo económico de España lo que les permitió a los judíos conservar su posición dominante mucho más tiempo que en Inglaterra y Francia {León, 81). Y la permanencia de los judíos está indicando el atraso precisamente por que io que caracteriza ai capitalismo judío es su carácter comercial y usurario, es decir, explotador de un proceso de producción ya existente y no, como el capitalismo industrial, portador de un nuevo y progresivo sistema de producción, capaz de arrasar con el feudalismo (Marx, Capital, 2).</p>
<p>Y la expulsión de los judíos no obedeció en lo fundamental a la presión de la burguesía española, ni fue ésta quién los sustituyó. A principios del siglo XIV Inglaterra expulsó a judíos e italianos, depositarios casi exclusivos hasta entonces de las empresas más lucrativas, pero «los oficios más remunerativos de las finanzas inglesas pasaron a las manos de los ingleses mismos. Aquí nosotros sorprendemos un momento esencial de la formación capitalista» (Labriola, Capitalismo). Por el contrario, en Castilla, a partir de la expulsión de los judíos se produjo un caótico vacío en las transacciones comerciales, hasta que su lugar fue ocupado por italianos y flamencos (Klein). La burguesía española era demasiado atrasada y débil para tomar en sus manos la herencia dejada por los expulsados. Después de la conquista de América el predominio de los extranjeros se acentuó más todavía, porque comerciar con España resultaba más lucrativo que nunca. Las cortes de Segovia de 1532 denunciaron que los genoveses tenían el monopolio del comercio del jabón, y las cortes madrileñas de 1552 protestaron porque los Fucar monopolizaban el azogue y toda la industria que en torno a él giraba. «De modo que —concluye Colmeiro— no le faltaba razón a Sancho de Moncada cuando decía que los extranjeros negociaban en España de 6 pares los 5» [Colmeiro).</p>
<p>El florecimiento de algunas ciudades se inserta también —aunque parezca contradictorio— en el cuadro del atraso general de España. El privilegio de las ciudades de llevar una vida autónoma es la simétrica contrapartida del idéntico derecho de los señores feudales, y, como tal, es un elemento característico de la Edad Media. La autonomía de las ciudades fue progresiva en tanto sirvió de apoyo a las monarquías para poner en vereda a los nobles. Pero devino reaccionaria cuando intentó perpetuarse contra la monarquía absoluta, que iniciaba la unificación nacional, superando la autonomía local de nobles y ciudades en la unidad general de la nación. El crecimiento del poder independiente de las ciudades —por muy democrática que sea su organización interna— equivale en síntesis a la desintegración del Estado Nacional, sin el cual no hay revolución democrático-burguesa posible. La independencia de las ciudades significa que a sus puertas es preciso pagar derechos de aduana, exactamente igual que en los puentes o caminos controlados por los señores feudales. Por eso, en más de una ocasión, los señores feudales hicieron frente común con las ciudades contra las monarquías absolutas defendiendo sus privilegios locales contra los intentos de unificación nacional (Mercantilismo). Al aparecer el capitalismo —señala Marx— no sólo se liquida la servidumbre de la gleba, sino que declina y palidece la existencia de ciudades soberanas, que es una de las manifestaciones del esplendor de la Edad Media (Capital, 1, 2).</p>
<p>Era tan agudo el espíritu separatista de las ciudades españolas que cobraban impuestos hasta sobre los artículos que los ganaderos trashumantes llevaban sobre el lomo de sus ovejas. Ciudades como Sevilla y Cádiz, ciudades de depósito de mercancías, defendían a toda costa sus privilegios particulares oponiéndose a la integración de la economía nacional (Mercantilismo). Por otra parte, ninguna de las ciudades había logrado transformarse en el centro económico del país, como ya lo era Londres en Gran Bretaña. Todo esto revela, no el poderío de la burguesía española, sino su atraso, el que le impedía superar sus privilegios municipales para así lanzarse a la conquista del estado nacional. «Mientras en Francia e Inglaterra el desarrollo del comercio y de la industria tuvo como consecuencia la creación de intereses generales en el país entero y con esto la centralización política, Alemania no pasó de la agrupación de intereses por provincias, alrededor de centros puramente locales» (Engels, campesinos, 12). Estas palabras de Engels referentes a la Alemania del siglo XV sirven también como descripción adecuada de la situación española.</p>
<p>El exclusivismo local de las ciudades se vinculaba indisolublemente al régimen corporativo y gremial, característico del sistema de producción medieval e insufrible para la industria capitalista. Es sintomático que los adelantos industriales capitalistas surgieran siempre en ciudades nuevas, no corporativas, o en la industria campesina explotada por los empresarios capitalistas (Mercantilismo). «Las nuevas manufacturas habían sido construidas en los puertos marítimos de exportación o en lugares del campo alejados del control de las ciudades y de su régimen gremial» (Capital, 1. 2). En Inglaterra y Francia la creciente burguesía industrial fue capaz de ignorar o socavar las reglamentaciones corporativas que trababan su desarrollo (Jaurés, I, 79). En España, en cambio, lo exagerado de las trabas corporativas parecen estar en relación directa con la incapacidad de la burguesía para derribarlas. Los fabricamos extranjeros que abastecían la mayor parte del mercado español elaboraban sus telas con entera libertad, de acuerdo a las conveniencias técnicas y las preferencias del consumidor, especialmente de los nuevos consumidores americanos. En cambio la atrasada industria española seguía fabricando estilos anticuados con técnicas envejecidas rigurosamente fijadas por las reglamentaciones artesanales (Colmeiro). Por otra parte las industrias españolas más celebradas, como la de Sevilla, se caracterizaron siempre mucho más por la calidad artesanal de su producción que por su gran volumen y baratura (Carande, 254). Mas la revolución industrial que multiplicó el desarrollo capitalista se dejó sentir precisamente en lo que España no tenía: en la industria textil productora de artículos baratos en gran cantidad.</p>
<p align="center"><strong>La Debilidad</strong><strong> de la Burguesía y la Ausencia de una Política Mercantilista</strong></p>
<p>Nada revela tanto la extrema debilidad de la burguesía española como su incapacidad para influir decisivamente en la política del Estado inclinándola a su favor, al menos en esa variante conciliable con la monarquía, que era el mercantilismo. Lo que Adam Smith llamó impropiamente «sistema mercantil» era en realidad, como indicó List, un sistema industrial. La esencia de la política mercantilista era unificar la nación. Como indica el mejor estudioso del problema, el mercantilismo procura disolver los exclusivismos locales de la Edad Media en un poderoso exclusivismo nacional que fortalezca al país frente a sus competidores extranjeros. Proponiendo una rigurosa reglamentación y planificación de la economía nacional para sus transacciones con el exterior, el mercantilismo bregaba en todo momento por la libertad de comercio en el sentido de eliminar los particularismos localistas que dificultaban el tráfico interno. Pese a la falsa versión acuñada por Adam Smith, el mercantilismo no buscaba el oro por el oro mismo sino como medio de fortalecer la economía nacional, y por ello, mediante una balanza de pagos favorable, estimulaba el desarrollo industrial que permitía exportar artículos manufacturados y comprar materias primas. «Es evidente,-decía un ministro inglés ante el Parlamento en 1721— que nada contribuye tanto al aumento del bienestar público como la exportación de manufacturas y la importación de materias primas» (List, 63).</p>
<p>En España jamás existió una política mercantilista. No hubo por de pronto unificación real del país ni liquidación de los particularismos locales. «A pesar de las protestas de los mercantilistas, cada uno de los cinco reinos discriminaba muy poco entre los otros 4 y las naciones extranjeras. De hecho, Castilla recaudaba el mismo tributo sobre las mercancías introducidas en el arzobispado de Sevilla desde el interior que sobre las traídas desde afuera» (Hamilton, p. 196). Y una protección a la industria, base del mercantilismo, menos todavía. Los reyes católicos —de quiénes se ha repetido, sin el menor fundamento, que se inspiraban en principios mercantilistas— estimularon con reconocido fervor la ganadería pensando en la exportación de lana como principal instrumento de su política económica. Una concepción mercantilista no se hubiera contentado con vender al extranjero la lana castellana; hubiera procurado que se la industrializase en España, tanto más cuanto que la producción de géneros era insuficiente, al grado de requerir la importación desde el exterior (Carande, 163). «La política comercial de España en el siglo XVI era la tradición viva de la Edad Media, cuando las aduanas tenían un carácter puramente fiscal. Por eso la autoridad en vez de seguir la regla mercantilista de promover la exportación y embargar la importación, observamos que de ordinario se allana la entrada y entorpece la salida de géneros y frutos. Varias son las cosas que las leyes no permiten sacar del reino; pocas las que no pueden introducirse y muy raras veces se encuentra una palabra o se descubre un pensamiento del sistema mercantil» (Colmeiro).</p>
<p>El único elemento presuntamente mercantilista de la política española fue el afán por conservar los metales preciosos dentro de las fronteras del reino. Pero el parecido es sólo aparente. El mercantilismo no sólo buscaba acumular metales; explicaba que para lograrlo había que exportar más que lo que se importaba y para ello era preciso vender artículos manufacturados e importar materias primas. En cambio la política española no hacía sino continuar la tradición metalista de la Edad Media, que procuraba atesorar dentro de cada reino, feudo o ciudad, los metales preciosos por medios escuetamente policiales. «Para los verdaderos mercantilistas, partidarios teóricos y prácticos de la doctrina de la balanza de comercio, el derrame ininterrumpido de los metales preciosos de España era prueba infalible de que su política superaba a la anterior, la cual se contentaba con prohibir la exportación de metales preciosos, sin preocuparse del equilibrio de la balanza de comercio o del superávit de exportaciones. En efecto, España seguía aferrada a la vieja política «metalista» y por último vióse obligada a dejar que la plata fluyese de ella «como la lluvia fluye del tejado» (Mercantilismo). Mucho antes de este testimonio reciente del mejor conocedor del mercantilismo, Colmeiro había observado ya que el afán de los Reyes Católicos por conservar los metales preciosos no tenía nada de mercantilista sino que significaba perseverar «en la política comercial de la Edad Media».</p>
<p>Nada demuestra mejor la ausencia de una política mercantilista y la debilidad de la burguesía española —efecto y causa operantes en acción recíproca— que la política ante las industrias de las colonias americanas. Para los mercantilistas las colonias no podían ser otra cosa que fuentes de materias primas requeridas por la metrópoli y mercado de las industrias metropolitanas. Por ello siempre que las colonias inglesas trataron de fomentar las empresas industriales, el Departamento de Comercio de la Gran Bretaña se hizo presente para impedirlo. Cuando Pennsylvania pretendió fomentar la industria del calzado, Inglaterra lo prohibió en virtud de que «no podía esperarse la concesión de protección por las leyes a una manufactura que compitiera con la de Inglaterra por la desventaja que ello suponía para ese país». También se vetó una ley de Nueva York que trataba de fomentar el desarrollo de la industria de lienzos para velas de barcos, porque era «más ventajoso para Inglaterra que se importara a la metrópoli todo el cáñamo recogido en las plantaciones con el objeto de elaborarlo». Y luego se vetó una ley de Massachussets con el argumento de que «la aprobación de leyes para el fomento de las manufacturas que causaran desventajas en cualquier modo a las de este Reino ha sido considerada siempre como impropia». En este rubro nada era trivial para el Departamento de Comercio de Inglaterra, ni escapaba a su celo protector de la industria metropolitana. Así llegó hasta prohibir la aprobación de las leyes sancionadas en Virginia y Maryland que preveían la fundación de nuevas ciudades, por cuanto las mismas debían conducir al establecimiento de industrias y atraer hacia sí a hombres del campo dedicados hasta entonces a la producción tabacalera (Haecker p. 148). Detrás de todas estas medidas estaba la burguesía inglesa, pronta a defender su industria y acrecentarla mediante la explotación de las colonias.</p>
<p>Nada de eso ocurría en España. Al contrario, cuando la afluencia de los metales preciosos extraídos de Potosí y la insuficiencia de la industria española provocó un colosal aumento de los precios y escasez general, las Cortes de Valladolid (1548) pedían a la Corona que se permitiese la libre importación de productos extranjeros para España y se prohibiese la exportación de artículos españoles a América, para que así se aliviara la escasez en España y se desarrollase la industria en América&#8230; (Larraz, 62-4). Por cierto que no existía preocupación alguna por proteger a la industria española, y las cortes —presuntos órganos de la burguesía— demostraban el acangrejado atraso de la burguesía española. Este criterio de combatir la escasez hundiendo a la industria en vez de aprovecharla para acelerar la acumulación de capital, revela claramente la supervivencia del espíritu de las ciudades medievales, cuya política comercial procuraba por sobre todo evitar la escasez y el alza de precios (Caranda, 161). Evidentemente, España ejerció una política liberal para con la industria de sus colonias (Hamilton, 196). Las cortes continuaron reclamando en todo momento que se prohibiera la exportación de géneros para América, y a esas peticiones obedeció la política de poner trabas al comercio con las colonias, habilitándose un solo puerto y limitando los envíos a las pocas oportunidades de flotas y galeones (Levene). De todo esto no se desprende, evidentemente, que las cortes tuviesen interés en fomentar la industria nacional (Haberler), ni que la burguesía española se sintiese demasiado ligada al desarrollo industrial de España.</p>
<p align="center"><strong>España, Intermediaria Comercial</strong></p>
<p>El monopolio del comercio con sus colonias que España se reservó, sólo sirvió para enriquecer al comercio de Sevilla o Cádiz y a la industria y el comercio extranjeros que se movían detrás de aquél. «Llegaron a ser las Indias propiedad de una sola ciudad del reino, y las provincias interiores de España y las que ocupaban el litoral del mar Cantábrico o del Mediterráneo apenas podían gozar los beneficios del comercio de América por el recargo de los tributos al paso de las aduanas de tierra, de los derechos municipales y otras gabelas (Colmeiro). Y era fatal que así ocurriera, dada la escasa capacidad de la industria española y la ausencia de cualquier política favorable a su desarrollo. En el archivo de negocios extranjeros de Francia se encontró una memoria sobre el Comercio de Cádiz con las Indias en 1691, que contiene datos reveladores. La participación de los españoles era cinco veces menor que la de los franceses y tres veces menor que la de los ingleses. Tan corriente se volvió el empleo de comerciantes españoles como testaferros de los capitalistas extranjeros que, dice la memoria, «ni las cortes de Madrid ignoran estas secretas inteligencias, mas lo disimulan por política» (Larraz, 144). Por otra parte muy poco tiempo demoraron Inglaterra y Francia en mantener relaciones directas con las Indias y abastecer la mayor parte del mercado colonial vía contrabando. El comercio con las Indias vía Sevilla-Cádiz se redujo extraordinariamente, y cuanto subsistió quedó sojuzgado por los extranjeros» (Larraz). Pretender que el monopolio ultramarino le permitiera a España acaparar el comercio con América, no fue más que una ilusión. España no tenía industria con qué abastecer ese mercado; apenas podía servir de intermediaria, y muy pronto el contrabando redujo su importancia incluso en esta función (Carande, 157).</p>
<p>Casi con unanimidad los folletos mercantilistas señalaban que la política económica de España se basaba en principios radicalmente opuestos a los que el mercantilismo consideraba exactos (Mercantilismo). Para los mercantilistas, España era el exacto modelo de lo que no había que hacer. He ahí una prueba terminante de la ausencia de toda política mercantilista en España, consecuencia de la debilidad de la burguesía hispana, que se expresaba también en la composición social de las débiles corrientes de opinión que propiciaban en España una política mercantilista. En Inglaterra y Francia los teóricos del mercantilismo eran en su gran mayoría hombres de negocios, exponentes lúcidos de la pujante burguesía (Mercantilismo). Lo contrario sucedía en España, donde los escasos mercantilistas se reclutaban en los alrededores de la Corte y en el clero (Hamilton, 197). La burguesía española era incapaz de elaborar el pensamiento burgués. La tarea recaía en otras clases y grupos sociales que estaban demasiado lucrativamente vinculados al estancamiento de España para intentar nada serio en el sentido de superarlo.</p>
<p>Como ha observado Carande, «al estudioso de las ciudades medioevales de Castilla y de los otros reinos peninsulares le sorprende el exiguo peso que tuvo, en comparación con otros países, el tipo de ciudadano patricio enriquecido con el ejercicio de actividades industriales o mercantiles. Sedes de floreciente economía, cuyo comercio estuviera, exclusivamente, en manos españolas, no se encuentran en el país. El gobierno local de las ciudades de Castilla lo detentaban caballeros o hidalgos, agricultores o artesanos, algunos letrados, pero rara vez mercaderes, debido a su exiguo número, más que a una eliminación sistemática». Es sabido que cuando los judíos fueron expulsados, sus puestos pasaron no a la burguesía española sino a los comerciantes extranjeros.</p>
<p>El estudio de la política de los representantes de las ciudades ante las cortes denuncia con mayor nitidez todavía la debilidad de la burguesía española. No sólo hay incoherencia total en la política propuesta por las ciudades, sino que hay una permanente desorientación que tiende a resolverse en el apoyo a la tradicional política de las ciudades medievales, completamente opuesta al desarrollo del moderno capitalismo industrial.</p>
<p align="center"><strong>El Raquitismo Estructural de España</strong></p>
<p>No puede hablarse seriamente de decadencia de Esparta ni do que «la raíz de la decadencia se encuentra en los cargamentos de metales ricos procedemos de América» (Munis, 17) o de que su pobreza se debió «a los metales preciosos que ahogaron el desarrollo manufacturero español» (Puiggrós, Colonia, 118). Cabe preguntar porque no lo ahogaron en otros países. Hubo en realidad raquitismo estructural, crisis de estructura, que indudablemente fue agravada por la inflación que originaron los metales procedentes de América. Pero también Inglaterra y Francia soportaron la inflación. Sólo que en ellos sirvió para acelerar vertiginosamente la acumulación del capital, mientras que en España arruinó a la endeble industria. «Si los cimientos de su economía se resintieron fue por su propia debilidad» (Carande, 59). Esta debilidad de la economía española era la de su burguesía. Y esto explica el fortalecimiento de la nobleza y la Iglesia, que perpetuaron los obstáculos al desarrollo capitalista industrial — democrático-burgués—. El mayorazgo, que impedía la comercialización de la propiedad de una familia o de una orden religiosa fue una institución política que fortaleció a la nobleza y a la Iglesia en detrimento del desarrollo capitalista. El clero fue ganando de grado en grado el privilegio de la inmunidad de sus bienes hasta hacerlo extensivo a todos los que pertenecían a las iglesias y los monasterios.</p>
<p>«Protegido por esta inmunidad, el clero continuaba aumentando sus heredades y posesiones en virtud de mandas y legados de personas piadosas, de donaciones entre los ricos y compras que hacían con el sobrante de sus rentas, de su derecho a heredar a la multitud de hombres y mujeres que entraban en las congregaciones religiosas, y por último, con el beneficio de sus tratos y comercios, pues negociaban en ganados y lanas, abrían boticas y tabernas (Colmeiro). Durante el siglo de decadencia la Iglesia parece haber sido la única institución que creció. Mucho antes del final de la Edad Media la extensión de la mano muerta y el aumento del número de conventos fueron condenados en las cortes y en los escritos de los filósofos morales; pero a lo largo del siglo XVI la Iglesia ganó terreno y en el XVII progresó a trancos de gigante. En 1619 el Consejo de Castilla informaba que el excesivo número de clérigos e instituciones eclesiásticas estaba arruinando a España, y los economistas españoles del siglo XVII concuerdan casi unánimemente en este juicio. Hay razón para creer que la cifra conjunta de sacerdotes, religiosos y monjas se duplicó aproximadamente en ese siglo, y se elevaba al final del período a casi 180.000 en una población total de menos de 6 millones de habitantes. El celibato eclesiástico contribuía a la despoblación, y la distribución indiscriminada de limosnas agravaba el ya grave problema de la ociosidad y la vagancia. Aunque se ha exagerado generalmente la incompetencia de la Iglesia como terrateniente, el aumento de la mano muerta que acompañaba a la expansión eclesiástica fue probablemente uno de los factores de la decadencia agrícola. Durante el siglo XVII la censura religiosa sobre la palabra escrita y hablada sofocó sin duda en todos los países europeos el progreso intelectual, del cual ha dependido siempre en gran medida el progreso económico; pero debido a la dura mano de la Inquisición, la interferencia de la Iglesia en el saber fue en España dónde alcanzó mayores Proporciones&#8221; (Hamilton, 128).</p>
<p>El creciente predominio de la Iglesia perpetuaba el estancamiento de la economía española. Y este estancamiento dejaba sin trabajo productivo a grandes núcleos de población, cuyas únicas ocupaciones posibles eran la vagancia a secas o la vagancia religiosa untada en óleo. Y esto, a su turno, reforzaba el peso de la Iglesia. &#8220;Debemos en justicia disculpar la inclinación de los españoles refugiarse en lo sagrado. Pocas eran las profesiones que convidaban con esperanzas de fortuna» (Colmeiro). La potencia que así ganó el catolicismo fue una traba suplementaria de tipo superestructura! para el desarrollo capitalista, porque es bien sabido que en contraposición al protestantismo, verdadera ideología» del capitalismo en la etapa de la acumulación primitiva, la religión católica fue en su esencia y apariencia la religión del feudalismo. Marx señaló que la confiscación de los bienes eclesiásticos fue una de las fuentes de la acumulación primitiva. «El patrimonio eclesiástico era el baluarte religioso detrás del cual se atrincheraba el régimen antiguo de propiedad territorial. Al venirse aquél a tierra éste no podrá mantenerse en pie» (Capital 1, 2).</p>
<p>Así ocurrió efectivamente en Inglaterra, y posteriormente en Francia. Pero en España fue la Iglesia quien confiscó a la nación para afianzar su propia acumulación. (Ver Bagú, 43, sobre lo sucedido en Inglaterra, dónde «la Iglesia romana era como en todo el continente europeo el más grande propietario territorial y el principal sostenedor del régimen territorial»).</p>
<p>Junto a la Iglesia crecieron también los latifundios de la nobleza a causa de los mayorazgos, y las vinculaciones (Hamilton y Colmeiro). De este modo quedó efectivamente bloqueado el camino de la revolución democrático-burguesa. La mendicante burguesía española, como su colega rusa o polaca, no tenía fuerza alguna que oponer a las potencias del pasado. Todavía a comienzo del siglo XIX la iglesia española poseía 9.000.000 de fanegas, la nobleza 28.000.000 y la clase plebeya 17.000.000, pero la mayoría de las tierras nobles y plebeyas estaban amayarozgadas y, por tanto, imposibilitadas de enajenación, lo cual cerraba el camino para aumentar la clase de pequeños propietarios. Muy pocas eran, en efecto, las localidades dónde estos predominaban». (Altamira cit. por Bagú, Economía 152).</p>
<p>Se ha afirmado muchas veces que la insurrección de las comunidades de Castilla contra Carlos V fue la eclosión de la revolución democrático-burguesa, en que la supuestamente progresista burguesía española (Puiggrós, Colonia, 13) se levantó frente al feudalismo y cayó derrotada. Recién entonces habría comenzado la decadencia de la burguesía hispana. La insurrección de los comuneros sería —se afirma— «un movimiento de la burguesía manufacturera» impregnado «de gran vigor y clarividencia en cuanto al progreso del país» (Munis, 20) «extirpando así no sólo los fundamentos económicos del desarrollo nacional sino los derechos políticos del tercer estado y de las masas populares» (Ramos, América, 25). No hay un solo hecho que sustente estas generalizaciones apresuradas. Con su clarividencia habitual, Marx observó que en el fondo de la insurrección castellana «se agitaba la defensa de las libertades españolas medievales» {España, 17). Pero estas libertades, precisamente por ser medievales, nada tenían que ver con la burguesía manufacturera ni con el progreso del país en sentido capitalista. Eran libertades no sólo de reunión y asociación, sino también de gravar en las puertas de la ciudad los productos «extranjeros» provenientes de otras regiones de España. Es decir, la libertad del separatismo y el localismo contra la unificación general de la nación. El desarrollo capitalista recién entra en su fase moderna —propicia al desarrollo de la burguesía industrial— cuando obtenida la unidad nacional bajo la férrea dirección de la monarquía absoluta, los elementos varios de la sociedad quedan mezclados y unidos hasta permitir a las ciudades el cambio de la soberanía e independencia local de la Edad Media por el gobierno general de la burguesía (Marx, 19). La insurrección de Castilla en cambio no tenía otro objetivo que el puramente negativo de defender sus privilegios medievales contra el absorbente centralismo de la monarquía.</p>
<p>Pero el centralismo absolutista de la monarquía española solo tenía una semejanza aparente con el absolutismo inglés o francés. «Fue en el siglo XVI cuando se establecieron las grandes monarquías, que se constituyeron, en todas partes, sobre la decadencia de las clases feudales en continuos conflictos, la aristocracia contra las ciudades. Pero en los otros Estados europeos la monarquía absoluta se presenta como un centro civilizador, como la iniciadora de la unidad social. En Esparta, por el contrario, mientras la aristocracia se sumergía en la degradación sin perder ninguno de sus peores privilegios, las ciudades perdían su poder medieval sin ganar en importancia moderna. Por lo tanto, la monarquía absoluta en Esparta sólo superficialmente parecida a las monarquías de Europa, debe más bien ser incluida dentro de las formas de gobierno asiáticas. Esparta, como Turquía, siguió siendo una aglomeración de mal dirigidas republiquetas, con un soberano nominal a la cabeza. El despotismo cambió de carácter en las distintas provincias; pero por despótico que fuese el gobierno, no impidió que en las provincias subsistiesen distintas leyes y costumbres, distintas monedas, pabellones militares de variados colores y variados sistemas de tributación. Este despotismo oriental atacó el gobierno propio de los municipios sólo cuando se oponía a sus intereses directos, pero permitía alegremente a estas instituciones perdurar, siempre que tomaran sobre sí la carga de hacer algo y le ahorrasen la complicación de la administración popular» (Marx, 19-20).</p>
<p>El carácter peculiar del absolutismo centralista esparto! se corresponde perfectamente bien con la naturaleza especialísima del grupo social en que respaldó su política de unificación burocrática de Esparta. Desde luego, la monarquía, a partir de los Reyes Católicos, aprovechó el antagonismo entre la nobleza, las ciudades y la Iglesia para debilitar a los tres. Pero su respaldo directo fueron los ganaderos trashumantes, agrupados en el Honrado Concejo de la Mesta. «La vida pastoril trashumante tuvo una evidente influencia en la destrucción de las fronteras de la Edad Media, que habían impedido todo progreso en las actividades comerciales.</p>
<p>Las marchas de los pastores con sus rebaños, largas y metódicas, extendieron el mercado de los productos pastoriles más allá de los límites locales e incluso allende las fronteras.» (Klein). Pero las ciudades —y las órdenes eclesiásticas, y la nobleza — oponían toda clase de trabas a la peregrinación de los ganados mestenos, sea para obtener fondos, sea para proteger a la agricultura y ganadería locales agrupadas en torno a la ciudad. Desde luego, los ganaderos mesteños aspiraban a la neutralización. «El nacimiento de un fuerte poder central fue un bálsamo para los maltratados ganaderos, pues les proporcionó un aliado y un defensor contra las constantes exacciones de los recaudadores de arbitrios locales» (Klein). Y a su vez la monarquía no disponía de instrumento más adecuado para derribar el localismo que migraciones de la Mesta «esa gran marea de la única riqueza del país con su flujo y reflujo a través de la península» (Klein). La monarquía delegó en la Mesta en forma de privilegios, funciones administrativas y hasta judiciales y fiscales que correspondían al Estado central, y de este modo «las ciudades, los monasterios, las casas mobiliarias, las órdenes militares, descubren en la Mesta, con razón, un poderoso freno de las inmunidades y mercedes que tradicionalmente gozaban».</p>
<p>De este modo la Mesta fue sin duda un instrumento centralizador favorable a la unidad nacional. Pero el sólo hecho de que la monarquía delegase en una institución particular —de ámbito nacional, a diferencia de las ciudades— funciones propias del Estado, demuestra las debilidad de la propia monarquía en cuanto moderna monarquía absoluta, en cuanto estado soberano nacional, independiente de todo otro poder dentro de las fronteras en que ejercía su autoridad. Pero hay más. Si la Mesta impulsaba a Esparta hacia adelante en el sentido de la unificación nacional, tendía en cambio a detenerla en el sentido del desarrollo industrial, Su interés básico era la exportación de lana, y la industria textil española le resultaba un estorbo, igual que a los comerciantes que vivían de la exportación de lana y la importación de manufacturas extranjeras. Cuando Carlos V intentó limitar la exportación de lana a la mitad de la producción anual, propiciando así la industria pañera nacional, surgieron tales protestas por parte de la poderosa Mesta —de quién la Corona dependía para obtener empréstitos— y de los gremios de Burgos dónde se almacenaba la lana para la exportación que se restauró la antigua proporción de 2/3 para la exportación y 1/3 para el consumo nacional» (Klein).</p>
<p>El doble papel de la Mesta y la naturaleza asiática del centralismo regio — manifestaciones de la debilidad de la mendicante burguesía española— ponen de manifiesto la tragedia de Esparta; tragedia en el sentido hegeliano: situación que no tiene ninguna salida hacia adelante. No hay en España ninguna clase con intereses y fuerza como para emprender el camino de la revolución democrático-burguesa. La débil burguesía sólo acierta a defender sus privilegios locales, medievales, revelando así su incapacidad para elevarse a clase nacional. Pero el centralismo monárquico — que no se respalda en la burguesía contra los nobles sino predominantemente en los ganaderos trashumantes contra los nobles y las burguesías locales— tampoco busca una real unificación nacional basada en el desarrollo capitalista. Apenas le interesa el absoluto control burocrático para expoliar a todas las regiones y satisfacer las voraces necesidades de sus camarillas. En fin, la organización que más potentemente se interesa en realizar la unidad de la nación —la Mesta de los ganaderos— es por su misma naturaleza hostil al desarrollo del capitalismo industrial. Ningún grupo social actúa acorde a las tareas que el desarrollo del capitalismo industrial les habría asignado; sus intereses los orientan hacia otra cosa, hacia una peculiar combinación de intereses progresivos y regresivos que las neutraliza como motores de la revolución democrático-burguesa. El caso más patético de esta combinatoria endiablada lo dan la burguesía, que defiende sus libertades locales, pero se opone a la unificación de la nación y el desarrollo consiguiente de un gran mercado interno, y los ganaderos trashumantes, que presionan intensamente por la unificación nacional, pero se oponen al desarrollo de la industria asignando a España la función de exportador de lana supeditados crónicamente al industrialismo foráneo.</p>
<p>Desde luego, no es sólo en España dónde se da esta situación sin salida en que los intereses nacionales de todas las clases se entrecruzan y combinan para perpetuar el estancamiento y bloquear el camino hacia la revolución democrático-burguesa. Igual situación encontramos en Rusia, en Italia, en China, en general en todos los países que comenzaron el siglo XX sin haber logrado los objetivos de la revolución antedicha.</p>
<p align="center"><strong>Los Reinos de España eran solo «Indias de Extranjeros&#8221;</strong></p>
<p>Posiblemente el factor más importante en la modelación del carácter peculiar del desarrollo histórico español sea la reconquista, esa obstinada lucha de casi ocho siglos contra la dominación árabe. Por de pronto la reconquista -convirtiendo a España en un gigantesco campamento durante siglos— impidió el desarrollo de una agricultura próspera, y estable, ocasionando el predominio de la ganadería. Pero el capitalismo industrial sólo puede surgir de las entrañas de la economía agrícola en evolución, nunca del pastoreo. «Los moros y los cristianos se hacían una guerra cruel taladrando los árboles, incendiando las mieses, robando o destruyendo los ganados, poniendo a saco los lugares desguarnecidos, haciendo cautivos y llevando la tierra a fuego y sangre. Estos saltos y correrías se repetían alternativamente por una y otra parte, y entonces el labrador perdía su hacienda y quedaba arruinado» (Colmeiro). Cómo extrañar entonces la predilección por la ganadería. Y el predominio de ésta a su turno dejó libre una gran masa de población —la ganadería demanda mucho menos mano de obra que la agricultura —que hubo de volcarse a la guerra y la aventura conformando así el gusto español por las hazañas heroicas y su desapego por las actividades productivas (Carande, 102-6).</p>
<p>Por otra parte la reconquista, consumiendo las energías de la población, no fue clima propicio para el surgimiento de una clase capitalista nacional, en el doble sentido de que fuera española —es decir, no extranjera— y de que sus intereses abarcaran todo el país y no fueran puramente locales. Hasta su expulsión, los judíos fueron el sector más fuerte. Luego esta posición la ocuparon otros extranjeros. Además —otro aspecto del mismo problema— las mayores inversiones de capital en España no pertenecían a la burguesía española sino a los grandes banqueros internacionales de la época. En Francia la burguesía fue dueña rentista del Estado antes de apoderarse de él políticamente (Jaurés 1,56). En España los dueños del Estado eran rentistas extranjeros, cuyo interés era sostener a la monarquía —como la soga sostiene al ahorcado— en detrimento de cualquier aspiración de apoderarse del Poder que pudiera alimentar la burguesía española. Si el crédito del Estado fue uno de los primeros medios de desarrollo político de la burguesía (Jaurés, I. 58), en España, puesto en manos de banqueros extranjeros, sirvió precisamente para anonadar el desarrollo político de la enclenque burguesía nacional.</p>
<p>Todo eso quiere decir que España —ya en la época de su esplendor imperial— era una nación semicolonial, abastecedora de lana para la industria extranjera y cuya economía se hallaba controlada por extranjeros y en manos de ellos. La similitud con Rusia es en este sentido pasmosa. Como ocurría en Rusia, las líneas magistrales del comercio y las finanzas españolas conducian al extranjero, asignando un papel dirigente al capital comercial y bancario del exterior, dando un carácter colonial a todo el movimiento capitalista en España (ver Trotsky, Historia, I, 26).</p>
<p>Las operaciones de crédito, concertadas por Carlos V, decidieron, con su larga serie de empréstitos, que camino seguirían muchos de los tesoros de las Indias. Hacia Flandes, Alemania e Italia, pasando o no por Medina, salieron, en pago de capitales anticipados por los banqueros, sumas inmensas acompañadas de cantidades tan grandes de intereses y de cambios acumulados durante varios años, en ocasiones muchos años, que llegaban con creces a duplicar el volumen del capital recibido (Carande, 225). Los comerciantes españoles tuvieron que padecer la concurrencia forastera en buen número de sus propias actividades, desplazados por los extranjeros que las ejercían dentro del país. El dictamen de las Cortes de Valladolid en 1548 merece ser transcripto: «Que «habiendo sido socorrido V.M. en Alemania y en Italia, ha sido causa de que vengan tanto número de extranjeros que, no satisfechos con los negocios de V.M. de cambios y consignaciones, y no contentos con que no hay maestrazgos, ni obispados, ni Estados que no arrienden y disfruten; compran todas las lanas, sedas, hierro y cueros y otras mercaderías y mantenimientos que es lo que habla quedado a los naturales para tratar y vivir». Desde luego, «si los extranjeros acaparan tantas manifestaciones del comercio en la península y tan grande es la parte de beneficio obtenida en España» (Carande, 168), la debilidad de la burguesía española es, pues, algo más que una presunción.</p>
<p>Ya en 1528 se quejaban las cortes de que los genoveses fueran dueños de los grandes negocios, haciendo préstamos en gran escala que recaudaban luego con réditos inconcebibles y fabulosos (Cortés, 1528), Las casas genovesas eran dueñas absolutas de la industria del jabón, producto que a principios del siglo XV alcanzó una gran importancia, así como también del tráfico de la seda de Granada, la más famosa de su tiempo. Las Cortes de 1542 hablan de los siguientes artículos que se hallaban monopolizados por los genoveses; «cereales, lanas, seda, acero, etc.» (Haberler).</p>
<p>En su Memorial al Rey para que no salga dinero del Reino, Luis Ortiz podía explicarle é Enrique II que con las materias primas de España y de América adquiridas por las naciones extranjeras por un ducado, manufacturaban esos países artículos que vendían después a España por 10 ó 100 ducados. Ortiz se lamentaba de que los españoles habían sufrido mayores agravios de los europeos que los que habla sufrido América de España. A cambio de los meta/es preciosos los españoles les daban a tos indios bienes o brujerías de mucho o poco valor; pero mediante la compra de productos manufacturados con sus propias materias primas, España estaba enriqueciendo a otros países y convirtiéndose en el hazmerreír de las naciones» (Hamilton, 198).</p>
<p>El capital extranjero siguió manejando las finanzas y el comercio de la nación aun mientras la corona se empeñaba en dictar reglamentaciones de exaltado nacionalismo económico. En 1772 —época de Carlos IV— los franceses tenían en sus manos el mayor volumen de ¡as transacciones mercantiles que se realizaban en Cádiz, corriente principal del comercio hispano; 79 casas de comercio mayorista pertenecían a capitalistas franceses, después de los cuales venían en importancia los capitalistas italianos y los ingleses (Altamira, cit. por Bagú, Economía, 152).</p>
<p>Las Cortes de Valladolid de 1548 expresaron muy concisamente la realidad de la situación al manifestar que los reinos de España se empobrecían cada vez más «y vienen a ser como Indias de extranjeros» (Levene).</p>
<p>Las deudas públicas de las monarquías absolutas fueron uno de los motores más importantes de la acumulación primitiva. Los tipos exhorbitantes de interés permitieron cosechar beneficios fabulosos a los banqueros internacionales. Esas ganancias «fueron factores importantes en la acumulación del capital, la mayor parte del cual buscó probablemente salida en la industria, el comercio y las finanzas» (Hamilton, 5). En España las ganancias fueron astronómicas, pero las inversiones en su economía nulas. «Los banqueros no se contentaban con cobrar caros sus anticipos. Más pedían y más obtenían. Como grandes comerciantes, monopolizaban ciertos negocios; como acreedores de la corona administraban sus rentas; como industriales acaparaban las materias primas y las importaban transformadas, a expensas de las fuerzas productivas del país» (Carande, 5).</p>
<p>Marx señaló que los empréstitos obtenidos por Inglaterra en Holanda arruinaron a Holanda y favorecieron la acumulación del capital inglés. Con España ocurrió lo contrario. Se arruinó ella y enriqueció a los banqueros internacionales. En pleno esplendor imperial fue en realidad un país semicolonial. Sus colonias de América no tendrían un destino mejor que el de la Madre Patria.</p>
<p align="center"><strong>Esquemas y Criterios</strong></p>
<p>La raíz de los mitos en torno a la supuesta prosperidad capitalista de España es en el fondo una incapacidad para pensar dialécticamente y soportar esta contradicción; que un país atrasado en el desarrollo burgués capitalista haya descubierto y conquistado América. ¿Cómo de una nación tan atrasada podía nacer el Imperio?</p>
<p>Si España hubiera sido atrasada el descubrimiento debió haber sido realizado por Inglaterra. Tal es el esquema del sentido común que no puede comprender que el desarrollo histórico no es armonioso y lineal sino contradictorio y desigual, con el resultado de que las superestructuras políticas nunca se corresponden mecánicamente como dientes de engranajes. El desarrollo de la joven burguesía europea, que cabalgaba sobre las crecientes fuerzas productivas, demandaba con urgencia la apertura de nuevas rutas sobre el globo, en lo cual ya estaba implícito el descubrimiento de América. Lo «lógico» —si por lógica entendemos la ausencia de contradicciones y el esquematismo preestablecido— hubiera sido que el descubrimiento corriera a cargo de las potencias con mayor desarrollo burgués y no de España, que marchaba a la retaguardia. Pero semejante lógica abstracta es extraña a la historia. Fue España quién por una combinación de procesos superestructurales descubrió América, lo que no es sino una temprana manifestación de la ley del desarrollo desigual, común a toda la historia, y particularmente visible en el capitalismo. Pero a la larga la estructura económica hizo sentir su acción y España perdió bien pronto el monopolio de sus colonias y se transformó en agente intermediario de Inglaterra y Francia, que luego habrían de heredarla como metrópolis económicas de América Latina.</p>
<p>Pero el pensamiento formalista esquemático —aunque hable lenguaje marxista— no puede comprender ese entronque desigual de estructura y superestructura. A la grandeza imperial de España necesita inventarle una base de prosperidad capitalista que nunca tuvo. Del mismo modo, fosilizado su pensamiento por el esquema general de la revolución democrático-burguesa en los países dónde triunfó antes de finalizar el siglo XIX, no comprende que en los países atrasados se da una combinación de intereses de clase completamente distinta. Y no puede ni imaginarse que en España no es la burguesía —raquítica y mendicante, aferrada todavía a los privilegios locales de la Edad Media—, quién se esfuerza por lograr la unidad del país sino los ganaderos trashumantes. Pero una unidad a su modo, desvinculada del desarrollo industrial interno, teniendo así un carácter simultáneamente progresivo-regresivo.</p>
<p>El marxismo enseña a buscar las claves para entender el proceso histórico en los intereses de clases y grupos. Ese método permitió advertir que en Inglaterra, Francia y Alemania, la burguesía, llegada a cierto grado de desarrollo, tenía tales y cuales intereses, entre ellos la unidad del país. El esquematismo disfrazado de marxismo saca de allí la conclusión de que en todo el mundo todas las burguesías tuvieron iguales intereses y se dedica —lupa o telescopio en mano— a descubrir o inventar «burguesías progresistas», y cada vez que aparece una realización política que en Francia o Inglaterra fue impuesta por la burguesía grita: «he ahí la burguesía», aunque en el país en cuestión ella se haya opuesto a tal política. Los elementos peculiares de cada situación nacional se les escapan por entero y no ven nada de lo que es sin embargo característica de los países atrasados: el desarrollo combinado, es decir, la coexistencia de etapas distintas del desarrollo histórico, la trasposición de tareas y clases, la realización de tareas «progresivas» por clases reaccionarias que dejan su sello de reacción en todos los elementos de progreso y la temprana ordenación reaccionaria de las clases «progresistas» de acuerdo al esquema clásico trazado por el Manifiesto Comunista en base al desarrollo de la revolución democrático-burguesa en Inglaterra y Francia.</p>
<p>Para esta gente será siempre un misterio tan impenetrable como el de la Santísima Trinidad ese método concreto de análisis histórico -el único verdaderamente marxista— que le permite a Engels descubrir que al comienzo del siglo XVI la clase más nacional — «de mayor espíritu nacional»— en Alemania no ora la burguesía sino la nobleza, ya que ésta era poderosa cuando era poderoso el Imperio y Alemania estaba unida. (Engels, Campesinos, 20, 97).</p>
<p align="center"><strong>CAPITULO II: LA COLONIZACIÓN DE AMERICA Sangre, Lodo y Civilización</strong></p>
<p>América estaba fuera de la civilización propiamente dicha cuando don Cristóbal Colón pisó su tierra por primera vez. Cierto es que los mayas quizá hubieran podido enseñarle astronomía a los europeos. Cierto es que los caminos y acueductos incásicos eran admirables. Pero en su conjunto las más avanzadas sociedades indígenas de la América precolombina se hallaban recién en el estado medio de la barbarie. Aún no sabían laborar el hierro, y por eso no podían prescindir de sus armas e instrumentos de piedra. La colonización española cortó, desde luego, toda posibilidad de ulterior desarrollo autónomo, pero aportó, simultáneamente, un sistema de producción superior, incorporando América al mercado mundial. Por eso pudieron triunfal, un puñado de conquistadores contra las multitudes indígenas que se les opusieron. Aunque ese sistema de producción traído por España se alimentaba de carne indígena masacrada en minas y obrajes.</p>
<p>Algunos teóricos populistas «condenan» a posteriori la colonización española (o inglesa) partiendo de la lamentable tontería de que la misma fue inhumana. Pero no se puede «condenar» la colonización —ni tampoco la esclavitud que prevaleció en la antigüedad— dado el hecho irrefutable de que resultaba económicamente necesaria. Era en su momento el único camino abierto a la humanidad para que una parte de ella pudiera ascender explotando al resto, a un creciente dominio sobre la cultura; preparando asi, objetivamente y pese a sus deseos, las bases para la emancipación de toda la humanidad.</p>
<p>«Condenar» la colonización española es moneda corriente entre las corrientes «indoamericanas» como el aprismo, que pretenden dar a la lucha por la emancipación de América Latina el carácter de reconquista de un supuesto esplendor precolombino, que la colonización habría truncado. Pero semejante grandeza pretérita y semejante frustración no es más que una ilusión antihistórica: la ilusión que la piedra, la llama, y el maíz eran superiores al hierro, la rueda, el caballo, la vaca, el trigo, la vid que trajeron los españoles. Y, como toda ilusión, esta constituye una traba para la acción eficaz.</p>
<p>Por otra parte, sólo el cinismo &#8220;ensotanado&#8221; de un católico como Sierra puede suponer que España «quería elevar al indio (Ideas, 105) o que «los negros eran bien tratados en Hispano América» (Historia, 3,26). Si hubo pocos negros fue sencillamente porque las civilizaciones indígenas que los españoles encontraron en América proveyeron suficiente masa de hombres para explotar, «suerte» que no tuvieron los ingleses a quienes no quedó más solución que llevar negros a sus colonias.</p>
<p>En cuanto a los indios, el testimonio de Tupac Amaru —entre tantos otros-escribe con propiedad cuáles eran las alturas evangélicas hasta dónde los indios eran elevados por España.</p>
<p>«Nos oprimen en obrajes, chorillos y cañaverales, cocales, minas y cárceles en nuestros pueblos, sin darnos libertad en el menor tiempo de nuestro trabajo; nos recogen como a brutos y ensartados nos entregan a las haciendas para laborar, sin más socorro que nuestros propios bienes y a veces sin nada». Es la pintura de un sistema de explotación de quince y más horas de labor cotidiana, abonadas con dos reales miserables y a veces con simples «vales» que ni siquiera se pagan. Y entre los vejámenes salen a relucir los tratos brutales en la mina de Potosí, donde «los indios rinden la vida con vómitos de sangre». En fin, bastará citar algunos párrafos de una condena de muerte dictada por la Real Audiencia de Caracas para borrar cualquier duda. Dice la cristianísima y muy católica condena: «que sea sacado de la cárcel, arrastrado a la cola de una bestia de albardo y conducido a la horca»&#8230; «que muerto naturalmente en ella por mano del verdugo, le sea cortada la cabeza y descuartizado; que la cabeza se lleve en una jaula de hierro al puerto de La Guaira&#8230; que se ponga uno de los cuartos a la entrada del pueblo de Macuto» y así los demás en distintos lugares (citado en Guiñazú, Epifanía, 46 y 53).</p>
<p>Todo esto quiere decir que los españoles demostraron ser tan buenos como cualesquiera otro, incluso tanto como los ingleses, para explotar brutalmente el trabajo humano que encontraron en América (así como el que importaron de África). Resultarla un exceso de candidez polemizar aquí con Sierra quién sostiene la ocurrente teoría de que la revuelta encabezada por Tupac Amaru se debió a los excesos de un inspector (Historia, 3) o con la opinión de otro defensor de la piadosa España para quién todo fue obra de las intrigas que llevaban a cabo los agentes británicos (Palacio I, 142).</p>
<p>Igual que toda la etapa de la acumulación primitiva capitalista —de la cual fue parte integrante y principalísima— la conquista y colonización de América derraman sangre y lodo por todos sus poros. Como afirma Marx en El Capital «del sistema colonial cristiano dice un hombre que hace del cristianismo su profesión: &#8220;Los actos de barbarie y desalmada crueldad cometidos por las razas que se llaman cristianas contra todas las religiones y todos los pueblos del orbe que pudieron subyugar no encuentra precedentes en ninguna época de la historia universal ni en ninguna raza, por salvaje e inculta, por despiadada y cínica que ella sea» (1, 2).</p>
<p>Esto demuestra el carácter esencialmente inhumano del capitalismo, pero no puede servir de argumento para negar el tremendo salto adelante de las fuerzas productivas que la humanidad logró mediante este sistema de explotación. Y la conquista y colonización de América —calificada por Marx como «cruzada de exterminio, esclavización y sepultamiento de la población aborigen en las minas»— no fue más que un eslabón en la expansión mundial del naciente capitalismo.</p>
<p align="center"><strong>El Mito de la Colonización Feudal</strong></p>
<p>Durante muchos años se ha repetido que la colonización española en América tuvo un carácter «feudal» (Mariátegui fue, entre los marxistas, uno de quienes más temprano y con mayor énfasis insistió en esta tesis. (Siete Ensayos, 12). Aparte de que Colón descubrió América esa es quizá la afirmación más repetida acerca de la colonización española. Nosotros en cambio, sostenemos que el contenido, los móviles y los objetivos de la colonización española fueron decisivamente capitalistas. ¿Vale la pena discutir al respecto? Si se tratara de una cuestión académica (tal como el origen exacto de la palabra gaucho, por ejemplo) no valdría la pena detenerse en la cuestión. Pero determinar el exacto carácter de la colonización española tiene una importancia nada académica. Baste decir que la conocida teoría sobre el carácter «feudal» de la colonización sirvió durante largo tiempo a los moscovitas criollos como telón de fondo para afirmar que la Argentina «muestra aún hoy en su estructura rasgos inconfundiblemente «feudales» (Puiggrós, Colonia, 23) y para enrollar la madeja de una fantasmagórica revolución «antifeudal» que abriría el camino a una supuesta «etapa» capitalista.</p>
<p>Atados a sus dogmas y compromisos políticos y frenados por su propia incapacidad, los teóricos comunistas posteriores a Puiggrós usan su definición de la colonia como sociedad feudal sólo para oponerse al socialismo en la Argentina de hoy, puesto que significaría &#8220;proponernos hoy tareas históricas inexistentes» (Paso, Colonia, 9.). Y su negativa al socialismo se extiende no sólo a América Latina sino incluso al África donde Leonardo Paso (curioso ejemplar «marxista») ve negativamente el paso a las formas colectivas de propiedad de la tierra porque es un salto «de etapas históricas muy importantes para ponerse a la altura de los pueblos más adelantados» (ídem, 118). ¡Y esto fue escrito cuatro años después de la Revolución Cubana!</p>
<p>Sergio Bagú ha señalado correctamente que «las colonias hispano-lusas de América no surgieron a la vida para repetir el ciclo feudal, sino para integrarse en el nuevo ciclo capitalista que se inauguraba en el mundo. Fueron descubiertas y conquistadas como un episodio más de un vasto período de expansión comercial del capitalismo europeo. Muy pocos lustros después de iniciada su historia propiamente colonial, la orientación que van tomando sus explotaciones mineras y sus cultivos agrícolas descubren a las claras que responden a los intereses predominantes entonces en los grandes centros comerciales del viejo mundo» (Bagú, Economía, 104).</p>
<p>Nadie, ni aun los obcecados teorizantes del «feudalismo» colonial, han negado que el descubrimiento y conquista de América tuvieron objetivos perfectamente comerciales. Efectivamente, cuando castellanos y portugueses tocan las costas americanas la existencia de un activo mercado internacional europeo es un hecho desde hace mucho tiempo. Las explotaciones del extremo oriente, las factorías que se establecen en las costas de la India, el reconocimiento y después el tráfico con las costas africanas, el descubrimiento y colonización de América, son meros episodios de esa formidable revolución comercial que está conmoviendo a Europa. Hay en el viejo mundo un mercado internacional que absorbe con avidez una cantidad de productos de otros continentes. Castellanos y portugueses, al ponerse en contacto con esta nueva realidad americana, estuvieron movidos por una misma necesidad, por un igual propósito: hallar algo que pudiera ser vendido en el mercado europeo con el mayor provecho posible (Bagú. Economía, 66). De modo que el objetivo de la colonización y conquista fue eminentemente capitalista: producir en gran escala para vender en el mercado y obtener una ganancia.</p>
<p>Hay por lo tanto, una neta diferenciación con los procesos de colonización realizados en el seno del feudalismo europeo, tales como el desplazamiento de los germanos hacia el Este, cuyo único propósito era obtener tierra para subsistir. La pequeña economía agraria y el artesanado independiente —indicó Marx— forman en conjunto la base del régimen feudal de producción. El régimen feudal en la agricultura supone que el señor no puede explotar toda la tierra por sí mismo o por un administrador, entonces concede parcelas a los campesinos, que se convierten en pequeños propietarios, pero sometidos a una multitud de censos y apretados con lazos personales innumerables. La producción feudal se caracteriza por la división del suelo entre el mayor número posible de tributarios. Por eso estaba salpicado de pequeñas explotaciones campesinas, interrumpidas sólo de vez en cuando por grandes fincas señoriales. El siervo de la gleba, aunque sujeto a tributo, era dueño de una parcela de tierra (Marx, Capital, 2, 3). Es decir que por paradoja! que esto resulte a primera vista, el régimen feudal supone la pequeña propiedad de la tierra. De ahí la pequeña escala de la producción disponible para el mercado y el reducido volumen del intercambio.</p>
<p>Ahora bien, el sistema de producción que los españoles estructuraron en América era francamente opuesto a esta estructura básica del feudalismo. Si alguna característica bien definida e incuestionable es posible encontrar en la economía colonial os la producción en gran escala (minas, obrajes, plantaciones) para el mercado. Desde los primeros tiempos del régimen hasta sus últimos días, ella condiciona toda la actividad productiva (Bagú, Economía, 117). Es posible que las primeras encomiendas hayan tendido a ser autosuficientes, pero en todo caso, ello estuvo perfectamente condicionado al hallazgo de metales preciosos. Descubierto el metal, la unidad autosuficiente se quiebra, con estrépito. Los indios comienzan a producir para el mercado europeo o local, y el señor vive con la mente puesta en el mercado. Además de metales preciosos, Potosí y la zona adyacente no producían prácticamente nada. De otras regiones del virreinato le enviaban alimentos y los más diversos productos. De todas partes del mundo le llegaban objetos de lujo. No puede darse un caso más claro de producción para el mercado.</p>
<p>Es falsa incluso la suposición de que el monopolio comercial español impedía a las Américas comerciar en gran escala. Como se sostiene en un trabajo reciente, «las colonias recibían toda clase de mercaderías europeas y a precios bajos; podían exportar sus productos a otras naciones sin más prohibición que para el oro y la plata; que efectuaban el comercio de trueque con las colonias extranjeras; que recibían en sus puertas a naves negreras de cualquier país y comerciaban con ellas; que utilizaban naves de potencias amigas y neutrales, y que, en general el mercado americano estuvo saturado de manufacturas europeas» (Villalobos, Comercio, 10). La corriente comercial no se detenía en los puertos, sino que penetraba profundamente en el interior del continente. En 1786 señalaba un comerciante que en Chuquisaca «todas las plazas se hallan abarrotadas de género» (citado en Villalobos, 57). Los trabajos de Levene (Investigaciones) así como otros más recientes (Halperín, Río de La Plata) señalan claramente las fuertes vinculaciones de todas las regiones de la América Española entre sí y con las potencias extranjeras.</p>
<p>Buenos Aires fue otra ciudad colonial que en el siglo XVII había adquirido la tonalidad de una típica concentración urbana de la época del capitalismo comercial en Europa. Era la puerta de entrada de una incesante corriente de mercaderías que se distribuían después en una vasta zona que alcanzaba al Alto Perú (Bagú, Economía, 129). En el Noroeste argentino, que se ha querido presentar como prototipo de colonización feudal, los obrajes fabricaban tejidos que llegaban a exportarse por los mercados de Chile, Potosí, Buenos Aires, e incluso Brasil (Levene, investigaciones, 1,7).</p>
<p>Buenos Aires fue fundada por segunda vez en 1580 para «abrir puertas a la tierra» como solicitaba el licenciado Matienzo una década antes (Fitte, Hambre, 264). Siete años después, la aldea que apenas contaba 60 pobladores, enviaba sus primeras exportaciones de géneros confeccionados en Tucumán con destino al Brasil. Aunque ese 2 de setiembre se recuerda ahora como el día de la industria fue en realidad el primer esbozo de la pujante fuerza comercial de Buenos Aires y el origen de una poderosa burguesía intermediaria.</p>
<p align="center"><strong>Característica del Capitalismo Colonial</strong></p>
<p>Pero —se dirá— aunque la sociedad colonial producía para el mercado, las relaciones de producción de dónde brotaba la mercancía (es decir, las relaciones entre los trabajadores y los propietarios de los medios de producción) eran feudales, puesto que se basaban en la sujeción personal del trabajador. El error de este criterio reside en que la servidumbre no era el régimen predominante en la colonia. La obra de Bagú y las investigaciones de Silvio Zabala (amén de otras) revelan categóricamente que «en las colonias españolas predominó la esclavitud en forma de salario bastardeado, siendo de menor importancia la esclavitud legal de los negros y el salario libre» (Bagú, Economía, 127). Es justo señalar que Mariátegui reconoce esto parcialmente (Siete Ensayos, 356), pero el «predominio de la esclavitud y el salario, a la vez que la poca importancia de la servidumbre —en el sentido histórico-económico— nos confirma en la creencia de que el régimen colonial del trabajo se asemeja mucho más al capitalismo que el feudalismo» (Bagú, Economía, 102).</p>
<p>Bien entendido, no se trata del capitalismo industrial. Es un capitalismo de factoría, «capitalismo colonial», que a diferencia del feudalismo no produce en pequeña escala y ante todo para el consumo local, sino en gran escala, utilizando grandes masas de trabajadores, y con la mira puesta en el mercado; generalmente el mercado mundial, o, en su defecto, el mercado local estructurado en torno a los establecimientos que producen para la exportación. Estas son características decisivamente capitalistas, aunque no del capitalismo industrial que se caracteriza por el salario libre.</p>
<p>En este sentido la colonización española anticipó la obra que el capital imperialista realiza en África, en Asia y en algunas zonas de América durante las últimas décadas del siglo 19 y primeras del 20, cuando los grandes consorcios imperialistas levantan sistemas de producción híbridos, que siendo en lo esencial capitalistas, se asemejan bastante a la esclavitud. Pero si la ocupación del mundo por el capital en el último siglo colaboró en impedir el surgimiento de las zonas atrasadas de la humanidad, no puede menos que recibirse con sorna la teoría avanzada por ciertos católicos que «mientras los pueblos civilizados por España y Portugal son baluartes de la civilización occidental, los pueblos conquistados por las naciones protestantes —en aquellos en que no hubo sustitución de poblaciones— la civilización occidental sólo ha penetrado en las élites» (Puiggrós, Historia, 15). Pretender que la explotación a sangre y fuego de los indios fue una obra piadosa para incorporar pueblos a la religión católica, y nada parecida a los crímenes que cometían los protestantes, será una teoría que podrá convencer a las señoritas de la Universidad del Salvador, pero de ninguna manera al más tímido bicho pensante.</p>
<p>Por supuesto, el capitalismo comercial posee una variedad de rasgos feudales que se combinan con él sin modificar empero su estructura capitalista. «Hay una etapa en la historia capitalista en la cual renacen ciertas formas feudales con inusitado vigor: la expansión del capitalismo colonial. En las colonias la posesión de la tierra, aparte del lucro que se busca en el tráfico de sus productos, van acompañadas de ciertas reminiscencias feudales. El poseedor, compañía o individuo, aplica allí su ley sin apelación, gobierna sobre la vida y los bienes sin preocupación jurídica o ética alguna, inventa en su beneficio todos los impuestos que su imaginación y las posibilidades del lugar le permiten» (Bagú, Economía, 102).</p>
<p>Que a lo largo de toda la historia colonial hay en la América Española un tipo de señor cuyos hábitos, cuya actuación y cuya mentalidad guardan estrecha semejanza con el señor del Medioevo no puede caber la menor duda. El senhor do engenho.y el fazhendeiro de ganado o de café, en Brasil; el encomendero, el minero, el latifundista, el cultivador de cacao y de azúcar, el obispo, el ranchero, el estanciero en las colonias españolas, tienen una marcada tendencia a considerarse señores absolutos dentro de sus dominios territoriales, jefes militares locales con menosprecio de la autoridad central, y a ejercer sobre sus subordinados una justicia de inspiración feudal. También puede decirse lo mismo de los propietarios de ingenios de las Antillas británicas y de los plantadores de tabaco de Virginia y las Carolinas. Pero los «señores feudales» americanos tienen con los europeos algunas diferencias dignas de notarse: las bases materiales de sus riquezas no son feudos cerrados, unidades autosuficientes, sino minas que producen para el exterior, o indios encomendados, o ingenios, o estancias, o ranchos cuyos productos se exportan. Como dijera Bagú, América fue una «concepción de casta sobre una realidad de clases» (Estructura, 102). Por su parte Aldo Ferrer, que siguiendo a Bagú reconoce que la producción en América se destinaba al mercado mundial, explica el atraso argentino en los siglos XVII y XVIII por la falta de productos exportables y la consiguiente ausencia de capitalización (Economía, 32). Lo que ni siquiera se pregunta es por qué ninguna zona de América española vinculada al mercado mundial y con abundante población tuvo impulso para desarrollarse como sucedió en la América del Norte. Definir la sociedad colonial como «economía primaria de subsistencia&#8221; es, además de falso, una manera de sustraerse mediante abstracciones económicas, del estudio de las formas de producción y propiedad. Que ese método en Ferrer no es una casualidad lo prueba el hecho que para él el rasgo distintivo de la sociedad feudal era «la ausencia de progreso técnico y el consiguiente estancamiento de la productividad» (Ferrer, Economía, 17).</p>
<p>Rodolfo Puiggrós, historiador de formación stalinista que hace años escribió historia argentina con el propósito de encontrar en ella —o, en todo caso, inventar los elementos feudales a los cuales contraponer la correspondiente burguesía progresista, hizo un descubrimiento que, guardando las distancias, es por lo menos tan trascendental como el de América. Se trata de que «La conquista colonizadora trasladó las formas de producción&#8230; del feudalismo ibérico en decadencia» y que luego «América dio oxígeno al agónico feudalismo&#8230; de la península ibérica» (Puiggrós, España, 3). Siguiendo a Puiggrós, Leonardo Paso dice también que en América «la colonización fue feudal» pero con injertos esclavistas (Colonia, 46 y 50). Y un apóstol del disparate que escribió un libro titulado «América Latina un País» dice que las colonias españolas desarrollaban su economía sobre bases feudales» (Ramos, 26).</p>
<p>Pese a las afirmaciones sobre la colonización feudal, el mismo Puiggrós reconoce que «el descubrimiento de América fue una empresa llevada a cabo por comerciantes y navegantes» y tuvo objetivos perfectamente comerciales (Coloma, 9). Hay una evidente contradicción entre esa afirmación y la tesis sobre el carácter de la colonización, que Puiggrós esquiva con la teoría del «puente» según la cual los objetivos comerciales de la conquista de América sirvieron de pasarela para que en estas tierras arraigara el feudalismo español. Evidentemente, Puiggrós y Cía. entienden por feudalismo la producción de mercancías en gran escala con destino al mercado mundial, y mediante el empleo de concentraciones de mano de obra semiasalariada, similares a las que muchos siglos después acostumbra levantar el capital financiero internacional en las plantaciones afroasiáticas. Si esto es feudalismo cabe preguntarse con cierta inquietud qué será entonces capitalismo. Pero esta pregunta no preocupa a Puiggrós, quien explica el «carácter eminentemente feudal del dominio español en América» en base a que «la Corona consideraba al nuevo continente feudo directo suyo y vasallos a sus habitantes, y no colonias en el sentido que desde el siglo XVII les ha ido dando a sus dominios comerciales» (Puiggrós, Colonia, 16). Aunque parezca lo contrario, estas palabras no pertenecen a un especialista en derecho comparado, sino a un historiador que se proclama marxista. Pero nada es más extraño al marxismo que el cretinismo jurídico, y nada más revelador de un impenitente cretinismo jurídico que caracterizar como feudal la colonización española, no por la estructura de sus relaciones de producción, sino por la forma jurídica que asume el vínculo entre las colonias y la Corona española. La forma que reviste la relación entre las colonias y España tiene, indudablemente, en lo jurídico, un acentuado color feudal. Pero, bajo esa forma jurídica, el contenido económico-social de las colonias gira en torno a la producción para el mercado y la obtención de ganancias —lo cual da a ese contenido un decisivo carácter capitalista, pese a todos los matices feudales que lo envuelven.</p>
<p>Nuevamente se tropieza aquí —en la tesis de Puiggrós— con el pensamiento esquemático y formal, que tantos errores origina en el proceso del conocimiento; &#8220;España era feudal&#8221;; «luego», su colonización fue feudal. Perfecta deducción formal y perfecto error. Los españoles llegados a América encontraron una realidad nueva, inexistente en España; y el resultado fue que, aun cuando subjetivamente quisieran reproducir la estructura de la sociedad española, objetivamente construyeron algo muy distinto. La España feudal levantó en América una sociedad básicamente capitalista —un capitalismo colonial, bien entendido, del mismo modo que, a la inversa, en la época del imperialismo el capital financiero edifica en sus colonias estructuras capitalistas recubiertas de reminiscencias feudales y esclavistas. Este es precisamente el carácter combinado del desarrollo histórico. El pensamiento formal no capta esto, y por eso, en general, no capta absolutamente nada de lo esencial.</p>
<p align="center"><strong>El Mito de la «Superioridad» de la Colonización inglesa</strong></p>
<p>Mal que le pese a los españolistas, la fabulosa desproporción entre los destinos históricos de la América de habla inglesa y la América española reside en los diferentes procesos de colonización a que fueron sometidas. Pero, ¿en qué aspectos de la colonización está el origen de la tremenda diferencia ulterior? ¿Si es en la «raza» anglosajona— habría que explicar la América española como resultante de alguna inferioridad innata de la «raza» latina —o, lo que es lo mismo, si el vertiginoso engrandecimiento de Norteamérica obedece a la superioridad de la «raza» anglosajona»— habría que explicar otro enigma. ¿Por qué motivo esa «raza» anglosajona, que en el norte de los Estados Unidos edificó el capitalismo más progresista de la Tierra, sólo fue capaz en el sur de Estados Unidos de levantar una sociedad esclavista, monoproductora y semicolonial respecto a Inglaterra, mucho más parecida a la América española que &#8216;al norte de los Estados Unidos? En esto, como en todo, la raza —que por otra parte nadie sabe bien en qué consiste— no explica absolutamente nada. Vemos que la «raza» anglosajona cuando se instala en una región monoproductora de tabaco o algodón, con mano de obra esclava a su disposición, construye una sociedad similar a la que levanta la «raza» latina en base al trabajo del indio o a la volteada de vacas, y diametralmente opuesta a la sociedad que los anglosajones levantan en el norte de los EE.UU. dónde tuvieron que vivir de su propio trabajo como granjeros. Y esto significa que el factor determinante reside en la estructura de la sociedad y no en el plasma germinativo de españoles o ingleses.</p>
<p>Ahora bien: si la teoría de la «raza» es absurda, también lo es, y más peligrosa porque se reviste de marxista, la tesis que se podría denominar de la «herencia social». Según esta tesis, Norteamérica progresó porque recibió en herencia el desarrollo burgués de Inglaterra, mientras que el resto del continente se estancó en virtud de la herencia feudal española que le tocó en suerte. Esta teoría fue adelantada en un principio por Mariátegui (Siete Ensayos, 12 y 58), pero es Rodolfo Puiggrós —quién con su presunto marxismo ha logrado sembrar considerable confusión en torno del pasado y del presente del país— el que la desarrolla hasta el fin en los siguientes términos, que no tienen desperdicio: «Los ingleses que arribaron en el Mayflower y que siguieron llegando desde 1620 a 1640 —dice— trasplantaron al nuevo continente los gérmenes de desarrollo capitalista que traían de su patria originaria. Transfirieron a América sus hábitos de trabajo independiente, y su técnica avanzada y no necesitaron del trabajo servil, sino que por el contrario, ésta constituía un obstáculo para el desarrollo del orden social que implantaban. Se instalaron en pequeñas extensiones de tierra que trabajaron en forma intensiva». Esto —afirma Puiggrós— ocurrió en el Norte de Estados Unidos. En cambio, «la inmigración verificada después de 1648 estaba integrada, a diferencia de la primera, por elementos feudales encabezados por parte de la nobleza. Esa inmigración se estableció en el Sur, en Virginia, y —dice Puiggrós— implantó formas de producción y hábitos de vida que correspondían a su origen feudal. La explotación del trabajo de indios y negros, en forma servil y esclavista, constituyó su base social. Mientras la corriente inmigratoria burguesa impulsó la pequeña propiedad rural y el desarrollo manufacturero, la corriente inmigratoria feudal se afirmó en la gran propiedad territorial y en la economía doméstica» (Colonia 22-3). En la misma vena siguen los comentarios actuales del partido que rompió con Puiggrós y afirman que «los colonizadores de América del Norte arrasaban con las comunidades primitivas e instauraban, mediante el ingreso de colonos, el régimen capitalista» (Paso, Colonia, 40). Como se ve, la diferencia fundamental entre ambos consiste en que Paso ni siquiera señala la diferencia entre el Norte y el Sur de los Estados Unidos.</p>
<p>En primer lugar es necesario señalar el carácter místico de la teoría puigrosista. «Los ingleses trasplantaron los gérmenes del desarrollo capitalista&#8230; transfirieron sus hábitos de trabajo independiente y no necesitaron del trabajo servil». Los «gérmenes» en cuestión eran —parece— tan poderosos que resistían a todas las variaciones del tiempo y del espacio. En el nuevo continente los «gérmenes capitalistas» seguían siendo capitalistas, y los «gérmenes feudales» seguían siendo feudales. Puiggrós no parece ni sospechar siquiera que si en el Norte los ingleses no emplearon trabajo servil y se dedicaron a las pequeñas explotaciones rurales, fue porque el terreno no permitía hacer otra cosa, mientras que quiere decir, evidentemente, que si un feliz portador de los «gérmenes burgueses» hubiera desembarcado no en el Norte, sino en el Sur, en Virginia, no se hubiera dedicado en modo alguno a cultivar algodón y tabaco empleando mano de obra esclava en grandes extensiones de tierra, sino que —fiel a sus «gérmenes» progresistas— se hubiera dedicado a la pequeña empresa agrícola. Y a la inversa, según Puiggrós, si un retrógrado portador de «gérmenes» feudales hubiera desembarcado en las áridas tierras de Plymouth, de seguro que, consecuente con sus «gérmenes», hubiera acaparado grandes extensiones de terreno pedregoso y puesto sobre ellas grandes masas de esclavos dedicados quién sabe a qué. Como se ve Puiggrós tiene el mismo criterio histórico que el católico Sierra, según el cual los españoles se abstenían de exterminar indios porque eran católicos (no porque el indio latinoamericano podía ser explotado)&#8230; mientras que los ingleses mataban sistemáticamente los pieles rojas no porque estos no servían para ser explotados, sino porque&#8230; los ingleses eran protestantes&#8230;!</p>
<p>O sea que Puiggrós, Paso y Cía., en vez de explicar la conducta social por los elementos objetivos que la originan (tierra, disponibilidad de mano de obra, naturaleza de la producción) eluden la explicación científica con una tesis acerca de imponderables «gérmenes».</p>
<p>Un siglo antes que estos caballeros, Marx se burlaba ya de semejante teoría, señalando el absurdo de imponer el capitalismo en las colonias dónde sobraba el terreno libre para ocupar: «Desde luego —dice— descubrió Wakefield en las colonias que la posesión de dinero, medios de subsistencia, máquinas y otros medios de producción no da a un hombre el carácter de capitalista si falta el complemento, el trabajador asalariado, el otro hombre obligado a venderse voluntariamente. Descubrió que el capital no es una cosa, sino una relación social entre personas que se establecen mediante cosas. Nos cuenta, por ejemplo, esta triste historia: el señor Peel llevó consigo de Inglaterra a Swan River, en Nueva Holanda, medios de subsistencia y de producción por valor de 50.000 libras esterlinas. Fue tan previsor el señor Peel, que llevó también consigo 3,000 personas de la clase trabajadora, hombres, mujeres y niños. Llegado al lugar de su destino, «el señor Peel se quedó sin un criado para hacerle la cama o llevarle agua del río». ¡Desgraciado el señor Peel que todo lo habla previsto, excepto exportar a Swan River las relaciones inglesas de producción! (Marx, Capital, 1, 25).</p>
<p>Por otra parte, es totalmente errónea la afirmación de Puiggrós de que la inmigración «feudal» que se radicó en Virginia llegó después que la inmigración «burguesa» que se radicó en el Norte. Las cosas ocurrieron al revés. Los primeros colonizadores se establecían en Virginia hacia 1607, y el primer cargamento de esclavos negros llegó a Virginia en 1619 (Haecker, Proceso, 65). Y precisamente era Virginia a dónde se dirigían contratados por la Virginia Company los peregrinos que a raíz de un accidente de navegación anclaron en Plymouth. Si hubieran llegado a Virginia, los «gérmenes» burgueses de estos peregrinos hubieran quedado en invernadero, y se hubieran dedicado a explotar esclavos con tanto empeño como el más «feudal» de los plantadores (plantadores que, por lo demás, pese a Puiggrós, no tenían absolutamente nada de feudales, puesto que vivían pendientes y dependientes del mercado mundial para el cual producían mercancías en gran escala). Pero en el Norte de Estados Unidos el terreno sólo permitía cultivar el suelo en pequeñas parcelas sobre las cuales el trabajo esclavo o servil tenía escasa o ninguna utilidad. Fueron circunstancias tangibles de clima y terreno más bien que diferencias místicas en los motivos o en los «gérmenes», lo que explica el contraste entre el Norte y el Sur de los Estados Unidos y del continente todo.</p>
<p>«Además de brindar pronta prosperidad, el tabaco dio decidido impulso al desarrollo social en el Sur de Estados Unidos, determinó que la tierra debía ser cultivada, primordialmente no por pequeños terratenientes como los establecidos al Norte, en Nueva Inglaterra, sino más bien por mano de obra servil dirigida por los amos de las grandes propiedades» (Beard, Rise, 45). En cambio en el Norte el clima y el suelo de Nueva Inglaterra, sumados a la abundancia de tierra y la escasez de mano de obra, hicieron imposible una economía de plantación como la sureña. Los puritanos no prescindieron de las grandes plantaciones con esclavos porque tuvieran objeciones que hacer contra la servidumbre o la esclavitud; contrataban sirvientes blancos, se esforzaban por esclavizar a los indios y utilizaron a loa siervos negros siempre que en ello hubo beneficios que cosechar. Procedieron así porque descubrieron que en una tierra de largos inviernos, de campos erizados de piedra y de cosechas harto diversas, era económicamente imposible realizar en gran escala la servidumbre. Como se hallaban, pues, regidos por factores que estaban más allá de su posible dominio, los puritanos se extendieron por Nueva Inglaterra bajo la dirección de los agricultores dueños de tierras libres; y quienes no podían soportar aquella ardua carrera o no amaban la ruda vida entre colinas y rocas, encontraron salida para sus capitales y energías en alta mar (Beard, Rise, 55).</p>
<p align="center"><strong>Bases Reales de Dos Destinos Diferentes</strong></p>
<p>Esta apreciación de las diferencias entre la colonización realizada por los ingleses en el Norte y Sur de Estados Unidos ayudará a comprender la diferencia entre la colonización inglesa en el Norte de Estados Unidos y la colonización española desde México a la Argentina, tan similar en lo fundamental a la colonización del Sur de los Estados Unidos.</p>
<p>En el Norte de Estados Unidos, los ingleses buscaban lo mismo que sus hermanos en el Sur, y que los españoles más al sur todavía: buscaban metales preciosos o materias primas ávidamente reclamados por el mercado mundial y mano de obra indígena fácilmente explotable e intercambiable por la carne africana. «Su afán de cosechar oro no era menor que el de los españoles. Se hubieran regocijado si hubieran encontrado, vencido y explotado a una antigua civilización americana —otro México u otro Perú—; y su trabajo en la India así lo revela», pero «la zona geográfica que cayó en sus manos no rindió al principio el preciado tesoro. En lugar dé indígenas que quisieran someterse a la esclavitud, en lugar de vetustas civilizaciones, maduras para la conquista, los ingleses encontraron un inmenso continente de tierra y selva virgen, apenas colonizadas por pueblos indígenas que preferían la muerte antes que el cautiverio» (Beard, Rise,11). Y con el agravante de que sólo en el Sur el terreno y la producción eran aptos para emplear grandes masas de trabajo esclavo importado. Si los plantadores del Sur emplearon trabajo esclavo y los puritanos del Norte se decidieron a trabajar con sus propias manos, no fue por que unos portasen consigo «gérmenes» feudales y los otros «gérmenes» burgueses, sino porque el medio ambiente en que se radicaron no les permitió hacer otra cosa. Los puritanos del Norte no tenían escrúpulos para esclavizar a sus semejantes, ya fueran de su propio color o de cualquier otro. Se esforzaban como los españoles para reducir a los indios al estado de siervos y hasta cierto punto salieron airosos; pero el espíritu altivo del piel roja lo «convertía en un mal elemento para trabajar bajo el látigo» (Beard, Rise, 105).</p>
<p>Marx —que no creía en «gérmenes»— lo señaló con exactitud y concisión: «Aquellos hombres virtuosos del protestantismo, los puritanos de la Nueva Inglaterra, otorgaron en 1703, por acuerdo de su Asamblea, un premio de 40 libras por cada escalpado indio y por cada piel roja apresado; en 1720 el precio era de 100 libras. El Parlamento británico declaró que la caza del hombre y el escalpado eran recursos que Dios y la naturaleza habían puesto en sus manos» (Marx, Capital, 1, 25).</p>
<p>En América Latina los españoles —igual que los ingleses en el Sur de los Estados Unidos— encontraron productos fáciles de explotar en gran escala para colocarlos en el mercado mundial. Pero a diferencia de los colonizadores del Sur Norteamericano, no tuvieron que depender exclusivamente de la carne africana, porque encontraron enormes masas de mano de obra indígena fácilmente explotable. En las colonias españolas cristalizó bien pronto un sistema de explotación capitalista colonial en gran escala, basado en el trabajo del indio o del blanco proletarizado, con destino al mercado mundial. Desde su hora inicial, América Latina vive fundamentalmente en función del mercado mundial, y cuánto más crece, más se acentúa esta característica, que en rasgos generales la Independencia de España logró acelerar. En el Norte de Estados Unidos, en cambio, proliferó una clase de pequeños granjeros que empleaban principalmente el trabajo familiar, acompañados por el inevitable ladero de la pequeña agricultura, es decir, la industria artesanal. Esta clase vendía en el mercado mundial, pero también intercambiaba entre sí y con los artesanos, y a partir de ella fue entretejiéndose un extenso y sólido mercado interno.</p>
<p>Esta clase necesitaba demasiado de la tierra y era demasiado numerosa y fuerte para permitir que ninguna clase terrateniente se la expropiara y frenara el desarrollo nacional en interés de la renta agraria. Por otra parte, la cercanía del mar y la aspereza do la vida en la tierra, unida a la presencia de grandes bosques, facilitaba la vocación nacional por el mar y la construcción de barcos, lo cual era en sí mismo, aglutinante y punto de partida de una tradición industrial. «El suelo poco hospitalario de Nueva Inglaterra dirigía, desde el principio, la industria de los puritanos hacia el mar, a la pesca, el tráfico marítimo, al comercio y todos los diversos intereses relacionados con empresas de esa índole. Los bosques locales proveían roble para maderas y tablones, pino para mástiles, resinas para la obtención de trementina y alquitrán, los campos producían cáñamo para la fabricación de cuerdas; y había minas de hierro para fabricar anclas y cadenas. ¿Para qué iba a ser el hombre esclavo del suelo si podía dominar el océano? A todo lo largo de la costa septentrional, especialmente en el litoral de Nueva Inglaterra, había astilleros donde se hacían balandras y goletas magníficas (Beard, Rise, 90).</p>
<p>Sobre estas bases se estructuró en el Norte de Estados Unidos una democracia igualitaria, sin más desigualdad que la que surgía del enriquecimiento y la destrucción originados por la competencia. O sea, el clima ideal para el florecimiento del capitalismo en todas sus formas y, especialmente, en su forma revolucionaria, es decir, el capitalismo industrial.</p>
<p>En América Latina, en cambio, las características del terreno y la producción, y la disponibilidad de abundante mano de obra indígena, facilitó el temprano monopolio de la propiedad de bienes de producción —tierra, minas, vacas— por una reducida minoría privilegiada que se enriquecía vendiendo en el mercado mundial. La producción colonial no estaba orientada por las necesidades de las comunidades nacionales, ni siquiera por los intereses de los productores locales. La producción se estructuró y se transformó todas las veces que fue necesario para encajar dentro de un orden de cosas determinado por las metrópolis (Bagú, Economía, 122). Así quedó frenado por falta de estímulos el desarrollo del mercado interno, y se estructuró una sociedad oligárquica hostil al desarrollo de la agricultura basada en granjeros y al capitalismo industrial.</p>
<p>En los primeros artos del siglo XIX voces autorizadas lo indicaban de un extremo a otro del continente. Abad y Queipo, obispo de Michoacan, exponía la situación de México: &#8220;Lejos de desmembrarse las haciendas se han aumentado de mano en mano». Y en el Río de la Plata, al otro extremo de la América Hispana, Manuel Belgrano escribía palabras que aún corresponden perfectamente a la realidad: «Hay potentados de Europa que no son señores de otras tantas leguas como los terratenientes hispanoamericanos» (citado por Bagú, Economía, 236). Mendoza, en su «Historia de la Ganadería Argentina», dice que al finalizar el siglo XVIII la media docena de propietarios con títulos perfectos poseían centenares de miles de leguas cuadradas (98). En 1744 fue levantado un censo de Buenos Aires, y reveló que sobre 6.000 habitantes que poblaban la campaña y 10.000 que habitaban en la ciudad, sólo el 1% (186 personas) eran propietarias &#8230; y poseían 28.000 kilómetros cuadrados.</p>
<p>Sarmiento escribió que «el error fatal de la colonización española en la América del Sur, la llaga profunda que ha condenado a las generaciones actuales a la inmovilidad y al atraso, viene de la manera de distribuir las tierras». Sólo falta agregar que el «error» era inevitable vista la presencia en América Latina de mano de obra, minas o productos fácilmente explotables. Si los puritanos tripulantes del Mayflower hubieran tocado tierra en el mismo sitio que Pizarro o Hernán Cortés, también ellos hubieran cometido gustosos el mismo «error».</p>
<p>El Norte de los Estados Unidos constituyó una verdadera colonia, es decir, un territorio virgen colonizado por inmigrantes libres (Marx, Capital, 1, 25). De ahí la rapidez con que creció su población europea, estructurando un considerable mercado interno y aportando todas las técnicas y habilidades de la civilización europea. En la América española, en cambio, los territorios coloniales eran en realidad, países conquistados dónde —con excepción del Río de la Plata— los indios constituían la inmensa mayoría de la población, oprimida por una reducida minoría de europeos, «Todo cesaría si ellos faltasen», decía de los indios una ley de Indias. La enorme cantidad de mano de obra disponible, la exhaustiva explotación que de ella se hizo, y los buenos precios que se pagaban en Europa por los productos coloniales, permitieron una precoz y cuantiosa acumulación de capitales en las colonias españolas.</p>
<p>El núcleo de beneficiarios, lejos de irse ampliando, fue reduciéndose en proporción con la masa de la población, como se desprende del hecho cierto de que el número de europeos y criollos desocupados aumentara sin cesar (Bagú, Economía, 113, también Estructura). Esta acumulación de capital que es a la vez producto y signo del proceso capitalista, brotaba no del trabajo productivo de los colonizadores, sino de su ultra parasitaria explotación de las espaldas indígenas.</p>
<p>Desde el vamos América Latina nace pues con una característica oligárquica y antidemocrática —tan antidemocrática como lo era el Sur de los Estados Unidos— por la elemental razón de que la aplastante mayoría de la población era semi o totalmente esclava o proletaria. La democracia burguesa, el hábito del autogobierno local que tanto admiraba Sarmiento en el Norte de Estados Unidos, no podían, desde luego, florecer en la América Española.</p>
<p>En una sociedad en que la minoría parasitaria de origen extranjero, vivía del trabajo casi esclavo de las grandes masas indígenas tenían forzosamente que florecer la oligarquía y la dictadura militar como métodos predilectos de gobierno.</p>
<p align="center"><strong>Río de la Plata: Maldición de la Abundancia Fácil</strong></p>
<p>El territorio actualmente argentino se inserta en el cuadró general de la colonización española con características particulares que lo diferencian del resto. Por de pronto, no existen dentro de sus confines metales preciosos. Mano de obra explotable la hay —aunque no demasiado abundante— en el Oeste y en el Noroeste. Pero no puede aplicársela a nada que el mercado mundial demande con avidez, y que enriquezca fabulosamente a los explotadores del indio. Eso no significa sin embargo, que la actividad económica tuviera un carácter puramente doméstico, ya que existen industrias que producen para el mercado local y para la exportación hacia las zonas mineras. Junto a ellas hay también empresas agrícolas explotadas con trabajo indio y mediante el trabajo de los propios colonizadores, especialmente allí dónde, como en Cuyo, los indios escasean. Sobre estas bases se estructura una sociedad estable, alejada de los grandes centros del mercado mundial, y orientada hacia el mercado interno de las colonias; sociedad dónde vive y gobierna apaciblemente una oligarquía de terratenientes, dueños de obrajes y comerciantes. Debe destacarse que en la zona de San Juan y Mendoza, dónde los indios explotables eran particularmente escasos, los españoles se mostraban también particularmente laboriosos, edificando una sociedad agrícola bastante productiva que exportaba a otras regiones de la colonia, vinos, aguardientes, trigo, harinas, frutas secas, tejidos, etc. «En el Norte existió desde los primeros tiempos de la conquista una explotación ganadera, agrícola e industrial basada sobre la mano de obra indígena.</p>
<p>En las estancias norteñas la agricultura se diversificó, se hizo mixta, no sólo ganadera, sino que también se sembró trigo, cebada, maíz, algodón, añil, viñas, y se industrializó elaborándose aceites, harinas, paños, vinos, lienzos y toda clase de tejidos. El comercio y las industrias basados en el trabajo manual, constituyen el más fuerte preservativo de la civilización en el Norte argentino (Coni, Contribución, 12). No puede hablarse aquí de un «orden feudal» (Paso) porque esta definición confunde, sugiriendo la imagen de una economía autosuficiente asentada en la servidumbre. Y, en realidad, se trataba de una sociedad precapitalista mercantilizada.</p>
<p>Pero otra era la región que había de eclipsar y dominar al resto del territorio argentino, hasta llegar a ser en el lenguaje universal sinónimo de la Argentina. Se trata del Río de la Plata, zona tremendamente diferente del resto de las colonias españolas. Por de pronto era la única zona con características de verdadera colonia, moderna, es decir, de territorios vírgenes colonizados por inmigrantes libres. No hay aquí indios que se presten a trabajar para los amos españoles porque los pampas eran —como decían con desprecio los españoles— «imposibles de domesticar». No hay tampoco metales preciosos, ni tabaco o cacao, ni nada que justifique el empleo de grandes masas de mano de obra esclava. Aquí el único modo de sobrevivir es trabajar, y así debieron hacerlo desde un principio los colonizadores. Por todo esto el Río de la Plata se parece extraordinariamente al Norte de los Estados Unidos. Y estas características del Río de la Plata —características de verdadera colonia, carente del provechoso lastre de una población indígena a la cual explotar— explica por qué el Río de la Plata fue la zona donde más temprano y más completamente se afianzó la moderna economía capitalista, donde más creció la población en el más breve plazo y ello explica también por qué el Río de la Plata se desprendió más prontamente de las características de la colonia española.</p>
<p>Pero existe una decisiva diferencia entre el Río de la Plata y el Norte de los listados Unidos. En esta región de Estados Unidos la naturaleza ofrecía tierra no demasiado fértil, explotable sólo en pequeñas extensiones, bosques sólo utilizables en astilleros y mar que resultaba particularmente acogedor frente a la aridez terrena. Allí sin el trabajo intenso y productivo no había forma de subsistir, menos aún de progresar. Después vino la expansión hacia el Oeste, donde había enormes praderas que constituían la oportunidad dorada para que una clase terrateniente se apoderara de ellas y viviera plácidamente de la renta agraria. Pero ya entonces los granjeros yanquis tenían fuerza suficiente para matar en el huevo cualquier intento en ese sentido, y la propiedad de la tierra quedó razonablemente al alcance de las grandes masas inmigrantes.</p>
<p>En el Río de la Plata, en cambio, estaba la Pampa, ese enorme océano de hierbas donde la teología vacuna, si la hubiera, colocaría seguramente el paraíso. En un principio los colonizadores tuvieron que esforzarse para subsistir, pero sólo en un principio. Después pampa y vacas hicieron lo suyo. ¿Para qué arañar la tierra? ¿Para qué salir a afrontar río y mar, si la Pampa servía cueros y carne que el mercado mundial reclamaba con tanta avidez como el metal de Potosí o el tabaco de Virginia? Pronto los colonizadores rioplatenses descubrieron que el camino de la fortuna no requería conquistar indios. Bastaba con acaparar tierras, no por la tierra misma, sino por las vacas que sobre ella crecían solas. Así nació, creció, y se enriqueció a pasos de siete leguas una oligarquía propietaria de tierras y vacas, y una clase comercial íntimamente vinculada a aquella por lazos de sangre y pesos, que amontonaban cueros primero, carne después, y los exportaban, acumulando capitales que se reproducían Automáticamente. Como los plantadores del Sur de Estados Unidos, estas clases vivían pendientes de la exportación, y su enriquecimiento no les exigía ni la iniciativa del burgués industrial, ni el trabajo personal del granjero. Las vacas se reproducían para ellos, y ellos juntaban tierras para las vacas. La agricultura les producía alergia y ponían el grito en el cielo cuando se hablaba de facilitar la proliferación de los agricultores. La oligarquía estancieril y comercial se apropió de las riquezas de la Pampa, y con ello edificó una civilización del cuero y la carne, basada mucho menos en el trabajo productivo del hombre que en la prodigalidad de la naturaleza.</p>
<p>Cuando más tarde la Argentina se acopló a Inglaterra como una colonia económica, pagaba con ello NO «el tributo de haber sido descubierta y colonizada por España en el período de la putrefacción» como dice una opinión insolvente de tantas (Ramos, América, 48). Lo que pagaba, en realidad, era el precio de tener una naturaleza que permitía a su clase dominante enriquecerse con escaso esfuerzo y nula iniciativa.</p>
<p align="center"><strong>Geografía y Estructura Social</strong></p>
<p>El dispar destino de las colonias inglesas y españolas en América está casi íntegramente contenido, en germen, en los distintos elementos naturales y humanos que los colonizadores encontraron en las distintas regiones. Las condiciones de la naturaleza exterior pueden agruparse económicamente en dos grandes categorías: riqueza natural de medios de vida (fecundidad del suelo, abundancia de pesca, ganado, etc.), y riqueza natural de medios de trabajo (saltos de agua, ríos navegables, maderas, metales, carbón, etc.). El capitalismo industrial se caracteriza precisamente por el uso intensivo y extensivo de los medios de trabajo que la naturaleza brinda (Marx, 1, 21).</p>
<p>Fue la fortuna de los colonizadores del Norte de Estados Unidos hallar una zona dónde los medios de vida no eran demasiado abundantes, sino más bien escasos; no había mano de obra indígena explotable ni productos que conviniera explotar importando esclavos, y dónde abundaba, en cambio, la riqueza natural en medios de trabajo, que hubieron por fuerza de desarrollar los propios colonizadores aplicándose al trabajo productivo agrícola e industrial. Así se estableció una estructura social ideal para el capitalismo industrial. En el Sur de Estados Unidos y en América Latina, por el contrario, ingleses y españoles encontraron minas y/o climas fértiles y mano de obra indígena (que cuándo se extinguía o no bastaba podía ser reemplazada por sudor africano). Y semejante combinación de factores arrojaba, sin mayor esfuerzo por parte de los colonizadores, todo aquello que el mercado mundial requería con elevados precios. La minoría parásita que así se enriquecía sobre el lomo de una inmensa mayoría semi o totalmente esclava o proletaria, vivía pendiente del mercado mundial, desinteresada del trabajo productivo, de la diversificación de la producción —que sólo perjuicio podía acarrearle— y de todo lo que podía facilitar el desarrollo de la industria capitalista. Ellos mismos eran capitalistas, pero capitalistas coloniales, capitalizadores del atraso y de las riquezas naturales apenas trabajadas por el hombre.</p>
<p>En el territorio argentino, la zona que más se pareció a lo que era el Norte de los Estados Unidos en los primeros tiempos de la colonización puritana fue, quizá, en lo que a la evolución del trabajo productivo se refiere, la zona de Cuyo. Pero esta zona se hallaba demasiado alejada de los puertos que conectaban con el resto del mundo, y no pudo recibir más población ni evitar el estancamiento al nivel de una sociedad precapitalista y mercantil, estable y medianamente próspera. Las restantes zonas del Norte y Noroeste no producían para el mercado mundial y tenían el estigma del trabajo indio esclavizado, sobre el cual se empinaba el parasitismo de los conquistadores. En Tucumán, 25 blancos vivían del trabajo de 3.000 indios. En Santiago del Estero, 12.000 indios mantenían a 48 parásitos (años 1580-85, Coni). Pero un siglo después el número de indios había disminuido como caudal de río en la seca, devorados por las minas del Alto Perú o fugados al Chaco (Levene). Allí empezó la crisis de estas regiones, porque los españoles nunca pudieron reemplazar el trabajo perdido del indio.</p>
<p>La constante absorción de mano de obra indígena que hacían los cerros peruanos —en particular el insaciable Potosí— arruinó a numerosas familias de la oligarquía mediterránea en las regiones de Córdoba, Salta, Jujuy y sus alrededores. Los indios eran arrancados de las labores agrícolas, de la cría de ganado y de las manufacturas domésticas —actividades que hacían bajo el control y para el beneficio de aquella mencionada oligarquía mediterránea y trasladados en masa al Alto Perú para ser arrojados en las minas (Bagú, Economía, 84).</p>
<p>En el Río de la Plata, dónde en términos absolutos no escaseaban los medios de trabajo suministrados por la naturaleza estos eran relativamente escasos frente a la abundancia de medios de vida que la Pampa brindaba a torrentes. La expedición de don Pedro de Mendoza trajo 44 yeguarizos y la Pampa los convirtió en 80.000. Con las vacas ocurrió algo semejante y siempre sin esfuerzo alguno por parte del hombre. Pocos hombres bastaban para levantar inmensas riquezas. Según Azara, a principios del siglo XIX el cuidado de un capataz y diez peones era lo requerido por diez mil cabezas de ganado vacuno. Estos hombres dedicados a su oficio producían al año varios millares de pesos más que si hubieran aplicado sus esfuerzos a sembrar trigo.</p>
<p>Bliss desarrolla este cálculo según el cual once hombres bastaban para atender una estancia de ganado, y señala que producían tres veces más que si emplearan sus esfuerzos en la agricultura, con la ventaja adicional que se trataba de un trabajo libre, en general de a caballo, que forjó las características del habitante de las campañas (Bliss, Virreinato, 54). En esa relación económica y no en una «confabulación» de los ganaderos se basa buena parte de la historia argentina. Medios de vida fácilmente explotables y lucrativamente comercializados con el extranjero, con escaso trabajo productivo por parte de los habitantes, eran los hilos con que se tejía la vida de Buenos Aires a fines del Siglo XVIII.</p>
<p>La ganadería, columna vertebral de la economía rioplatense, no era tanto una ocupación de los habitantes, en el sentido de trabajo productivo, como un medio de subsistencia que estaba al alcance de la mano. Esta distinción fue hecha ya por Sarmiento en su Facundo (obra tan rica en sagaces observaciones de este género como errónea en su tesis general). Marx indicó que el suelo más fructífero no es el más adecuado para el desarrollo del sistema capitalista industrial. «Este régimen presupone el dominio del hombre sobre la naturaleza. Una naturaleza demasiada pródiga lleva al hombre de la mano como a niño en andaderas. No lo obliga, por imposición natural, a desenvolver sus facultades». Y citaba Marx palabras de un economista inglés que vienen muy a propósito cuando se estudia el desarrollo de la rica zona rioplatense y su contraste con el Norte de Estados Unidos: «Como la riqueza natural es la más grata y beneficiosa, hace al pueblo negligente, orgulloso y expuesto a todos los libertinajes; en cambio, la segunda (la naturaleza hostil) impone el celo, la ciencia, la pericia, la sabiduría de los Estados&#8230; Ni puedo imaginarme tampoco que haya peor maldición para un pueblo que vivir sobre una zona de tierra en la que la producción de medios de subsistencia y de alimentos se realice en gran parte de un modo espontáneo y el clima exija o admita pocos cuidados en lo tocante a clima y techo. Claro está que también puede darse el extremo contrario. Un suelo que no dé fruto por mucho que se lo trabaje es tan malo como el que da, sin trabajar, productos abundantes» (Marx, Capital, 1. 23).</p>
<p>Con una visión que deberían envidiar muchos «marxistas» de este siglo, Alberdi decía que: «La América que da frutos sin trabajo y sin cultivo, será poblada por ociosos y por esclavos, explotada por otros ociosos usurpadores. . . Dichosos los pueblos que tienen por morada un suelo pobre; ellos serán como la Prusia, como la Holanda, como la vieja Inglaterra en Europa y la nueva pobre produce al hombre rico» (Alberdi, Obras, VIII, 198).</p>
<p>Resulta demasiado cómodo ser liberal a costa de Esparta y atribuirle a su colonización, supuestamente «feudal» (Sebreli, Historia, 13) el atraso posterior de América Latina. En realidad se impone la conclusión de que el medio geográfico—en el amplio sentido de las disponibilidades de medios de vida, de medios de trabajo y mano de obra— es la causa principal del fabuloso progreso del Norte de Estados Unidos, así como del atraso del Sur de ese país, de América Latina en general y del Río de la Plata en particular. La Pampa alumbró una civilización del cuero —que luego lo fue de la carne— tan próspera pese a su carácter atrasado que hasta obnubiló la conciencia de que se trataba de un país atrasado, haciendo concebir la ilusión retrógrada de que con vacas podía construirse una gran nación moderna. «Antes —escribía José Hernández tan tarde como en 1874— no se admitía la idea de un pueblo civilizado, sino cuando había recorrido los tres grandes períodos del pastor, agricultor y fabril. En nuestra época, un país cuya riqueza tenga por base la ganadería, como la provincia de Buenos Aires y las demás del litoral argentino, puede, no obstante, ser tan respetable y, civilizado como el que es rico por la perfección de sus fábricas» (Prólogo al Martín Fierro). Sin embargo, esa era precisamente la herencia que dejó la colonización española en el Río de la Plata: «vacas, vacas, vacas», como decía Sarmiento; aprovechamiento pasivo de lo que la naturaleza brindaba. Es decir, herencia de atraso y de sumisión al comprador extranjero de lo que se sacaba de las vacas. Pero no hay en esto ni un solo gramo de «feudalismo». Se trata de un capitalismo colonial, orientado hacía el mercado exterior y desinteresado del mercado interno, es decir, del conjunto de la nación.</p>
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