Los estudiantes secundarios de Buenos Aires llenaron de aire puro las calles y los colegios de la capital argentina. Frente a los constantes ataques directos e indirectos a la educación pública por parte del gobierno de Mauricio Macri, alumnos de numerosas escuelas porteñas iniciaron el 12 de agosto pasado un ambicioso plan de lucha que incluye toma de colegios, cortes de calles, movilizaciones, sentadas, asambleas permanentes, campañas de concientización de estudiantes, docentes y familiares y otras formas de protesta activa.

La respuesta de la administración macrista no se hizo esperar: emitió un “Manual de Procedimientos” según el cual las autoridades de los centros educativos deberían denunciar las acciones estudiantiles a la Policía Federal y elaborar listas de quienes que participen de ellas, al mejor estilo de la dictadura militar que con el mismo “procedimiento” detuvo, secuestró, torturó y asesinó a miles de estudiantes en su época.

Sin embargo, la brutalidad del gobierno porteño no solamente no pudo detener el avance de la organización de los secundarios sino que produjo un efecto dominó. Lo que en un principio había sido una iniciativa con epicentro en los colegios Mariano Acosta, Manuel Belgrano, Lenguitas, Normal 5, Normal 6, Confederación Suiza, entre otros, se extendió a otros colegios que se unieron a las protestas de manera coordinada y organizada.

Aumento del pauperizado presupuesto educativo, mejoras edilicias frente al enorme deterioro existente, más y mayores becas, viandas para los estudiantes, apoyo a la lucha de los docentes por aumento salarial, son algunas de las reivindicaciones juveniles, a lo que se sumó ahora el repudio generalizado contra la anunciada represión oficial y contra las prácticas de delación y persecución recomendadas a quienes tienen a su cargo la dirección de los colegios.

Resulta sumamente meritoria la militancia de estos compañeros jóvenes que comienzan a desplegar sus banderas, basándose en sus reivindicaciones inmediatas que adquieren cada vez más contenido, más experiencia sobre la base de la práctica concreta, y amplían su horizonte a otros sectores de la comunidad educativa primero, como es el caso de los trabajadores docentes, y al conjunto de los trabajadores y los explotados.

Es un hecho que ciertos sectores tratarán de aprovechar la coyuntura de luchas crecientes contra el Ministerio de Educación porteño dirigido por Macri para obtener beneficios mezquinos generalmente de corte electoralista, y por eso es necesario observar hasta qué punto el gobierno nacional aplica políticas similares de recortes del presupuesto educativo, deterioro de la calidad de la educación, y represión de quienes se oponen a esas políticas en todo el país.

Lo que hace el macrismo en Buenos Aires no es distinto de lo que hace el peronismo en las provincias que gobierna; no es diferente de lo que hace el radicalismo en los municipios y provincias que administra; y es similar a lo que hacen los gobernadores e intendentes que responden a diversos partidos provinciales o locales. Esto es así porque los une un sistema, el capitalismo, y una identidad de clase común a todos ellos.

Las luchas en Buenos Aires son una llama encendida que debe extenderse a todos los rincones de nuestra Patria, enfrentando a todos los gobiernos sea cual fuere su identidad política, ya que se trata de ataques masivos y profundos a la educación pública, gratuita y de calidad para todos, y por lo tanto de ataques al pueblo.

Sólo la organización y la lucha puede vencerlos, y es hora de presentarles batalla.