10 años pasaron ya de aquellas jornadas donde comprendimos que cuando un pueblo se decide y se lanza a conquistar sus anhelos, tiene la fuerza y la turbulencia del agua que desborda los muros de contención, nada lo detiene.
Mucho pueblo, como las organizaciones que seguimos teniendo dignidad y que no negociamos con todos los que supimos echar pero no tardaron en volver, llegamos a este aniversario de la rebelión popular del 19 y 20 de diciembre de 2001 con muchas enseñanzas y experiencias acumuladas en estos años.
Herimos, pero no de muerte, a las instituciones del sistema aquel 2001, y aún sangran sin poder sanar. Ninguno de los gobiernos que siguieron pudieron reconstruir como antes la institucionalidad, así lo demuestran los millones que no votan o que votan sin ninguna clase de expectativa y los cientos de miles que elijen resolver sus problemas a través de la organización y la lucha ante los caminos engañosos que brinda el sistema. Se manifiesta también en todo el país cuando se queman comisarías, municipalidades o instituciones judiciales cuando revienta de ira el pueblo por injusticias acumuladas en estos largos años. Ellos también lo saben e invierten millones en campañas publicitarias, en editoriales de diarios, en canales de televisión y programas radiales que les son funcionales, pero es y seguirá siendo en vano. En la medida en que el pueblo sigua padeciendo los mismos males y tiene una rica historia de luchas.
Los echamos a todos y volvieron, lo hicieron para intentar sostener y profundizar este sistema.
Las causas por las que se produjo la rebelión no han sido resueltas, pretenden distraernos con supuestas dádivas, con gestos, donde lo simbólico juega el rol de intentar cubrir como la niebla todos nuestros padecimientos. El saqueo de nuestros bienes comunes, la pobreza de millones de argentinos, los millones aún sin trabajo y hambreados, las cada vez peores condiciones laborales, la destrucción de la educación y la salud públicas, la entrega de nuestro territorio a los agro-negocios, el envenenamiento de pueblos enteros que están siendo fumigados, el arrebato y la contaminación de las mega-mineras, los más de 10.000 millones por año que se pagan de una deuda que no contrajimos y que nos desangra. En última instancia, lo que sigue estando en juego es nuestra vida.
Las enormes ganancias de los empresarios y de los que gobiernan aumentan a la par que crece el saqueo de los salarios con la devaluación y la inflación, el trabajo precarizado y en negro y la superexplotación.
En la Argentina se continúa luchando y es por doquier. Así lo demuestra la existencia de los más de 6000 procesados, los presos políticos y los asesinados, que ya suman varias decenas durante el gobierno de los Kirchner, en luchas que libra el pueblo en distintos rincones del país. Así lo demuestra también todo el andamiaje jurídico, que se va poniendo en funcionamiento con el avance de las leyes antiterroristas en el Gobierno de los DDHH, avance del cual los destinatarios somos todos los que no aceptamos vivir como hasta ahora.
Cada vez son más los pueblos originarios y campesinos que resisten los desalojos y las usurpaciones de tierras por parte de los sojeros, como los trabajadores ocupados que se enfrentan a los patrones y a las burocracias sindicales formando cuerpos de delegados combativos. La dignidad vuelve a las rutas cada vez que los piqueteros que no transaron eligen el camino de la lucha. La educación no es mercancía cuando los estudiantes toman las escuelas y las universidades y levantan las banderas de la educación para la liberación. Las luchas se abren paso como un rayo de luz cuando seguimos levantando las banderas de la revolución socialista, en la voz y en la acción cotidiana.
Pero por más crisis que tenga el sistema capitalista en su conjunto, por más debilidad del gobierno y de la oposición, no significa que se caerá solo. Este es un gobierno débil, y en el transcurso de este año se hace cada vez más evidente que la aparente recomposición de sus instituciones no era tal, pero mayor es la debilidad nuestra.
Los revolucionarios, los luchadores, la mayoría del pueblo trabajador no pudimos, después de aquellas jornadas, poner en pie una alternativa que constituya una salida hacia la liberación, hacia el socialismo.
Mientras que no cuestionemos el poder que sostiene y profundiza el actual estado de cosas, mientras no desarrollemos las organizaciones en todos los terrenos que le disputen palmo a palmo a la burguesía nuestros derechos, mientras no seamos las mayorías las que nos decidamos a ponerle fin a tanta barbarie, seguiremos viendo cómo unos pocos viven de lo que la mayoría produce.
Nuestro deber es hacer que los deseos de felicidad, de libertad y de justicia sean realidad, construir una sociedad sin explotadores ni explotados, nos falta mucho, estamos convencidos y dispuestos, en eso andamos…


