Hace pocos días la presidenta Cristina Fernández firmó un decreto que dispone la creación de un sistema de identificación biométrica en Argentina llamado SIBIOS. Tal sistema implica agregar a la ya existente base de datos de huellas digitales un sistema de identificación biométrica.
En la conferencia de prensa en la que realizó el anuncio, la CFK informó que a partir del 1 de enero del 2012, todos los bebés nazcan en hospitales del país serán identificados no sólo a través de sus huellas digitales de manos y pies, sino además por el sistema biométrico, con fotos del rostro.
Esta será solamente la primera etapa de la implementación del nuevo sistema, ya que como se anunciara en la misma oportunidad, el objetivo es que en dos años toda la población argentina deberá estar identificada mediante este sistema.
“…El Sistema Federal de Identificación Biométrica para la Seguridad (Sibios) otorgará a partir del 2012 un ‘DNI’ digital a cada recién nacido y pondrá a disposición de las fuerzas de seguridad los datos biométricos (huellas, fisonomía y otros) de 13 millones de argentinos…” A estos datos se agregarán los de todas las personas que estarán obligadas a realizar su identificación según el nuevo sistema. “
Los propósitos del nuevo sistema
La presidenta Fernández atribuyó la necesidad de la implementación del nuevo sistema al tráfico de niños: ‘Esto va a posibilitar que cada padre salga de la nursery completamente seguro de que la niña o el niño es su hijo y así evitar el tráfico de niños, que es uno de los males de esta época’. Sin embargo no se oculta que el verdadero fin es implementar un sistema de cerrado control social con fines “preventivos” y bajo ningún punto de vista tráfico de niños.
La sociedad de la vigilancia
Fiel a los designios de los organismos internacionales y a los dictados de la política de “seguridad” imperial, los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner avanzaron en la aprobación de las leyes antiterroristas en cuyo intento fracasara Carlos Menem, así como en materia de “seguridad y defensa” procedieron a la adaptación de las fuerzas armadas a los objetivos dictados por la Casa Blanca.
A su vez, en el plano interno, profundizaron la política de criminalización de la protesta y de la pobreza, lo que se refleja de manera objetiva en la triplicación de la población carcelaria y en el agravamiento de las penas por delitos contra la propiedad.
La implementación de este nuevo sistema de identificación está en consonancia con una “política de seguridad” que tiene como objetivo enfrentar las diferentes formas en que se manifiestas las desigualdades sociales de manera general, y de focalizar la represión en las organizaciones que luchan de manera particular. Un sistema que guarda los datos biométricos de manera “preventiva” de la totalidad de la población.
La Argentina fue un país pionero en utilizar la huella digital en los sistemas de identificación para toda la población, formando parte de los datos del Registro Nacional de las Personas (RENAPER). Sin embargo, esas huellas no eran entregadas a las fuerzas de seguridad por el RENAPER hasta ahora. Solamente cuando la persona era fichada por un delito se le tomaban las huellas digitales que quedaban archivadas por las fuerzas de seguridad, o si sus huellas eran encontradas en una escena criminal se procedía a la comparación. Este nuevo sistema invierte ese mecanismo de resguardo de los datos personales y bajo la excusa de la “prevención” nos convierte a todos en sospechosos.
Hace ya muchos años que bajo la excusa de la “inseguridad” y ahora según expresó CFK “son muchos los delitos, primero el derecho a la identidad, los delitos en materia de la trata de personas, de chicos que se pierden…) la sociedad argentina viene siendo lentamente invadida por las cámaras de videos ubicadas en lugares públicos y privados, con cada vez son más las zonas vigiladas por empresas de seguridad privadas y mayor la presencia policial en las calles, paseos, plazas, inclusive en las escuelas y universidades. Es sabido por todos que todas las comunicaciones telefónicas e intercambio de correos electrónicos son monitoreados y grabados.
El decreto presidencial que crea el SIBIOS es el último ajuste de tuercas a la política de “seguridad” que nos avanza en crear una verdadera cárcel sin muros donde todo el tiempo somos vigilados.
Cuando profundizan la represión nuestro deber es redoblar los esfuerzos por unir las luchas sabiendo que la única manera de enfrentar estas políticas es continuar en el camino de la organización y rebelión de los explotados.


