El sistema democrático burgués es la forma de administración política que se dio la burguesía para sostener al capitalismo y a su rasgo fundamental: el llamado derecho a la propiedad privada.El sistema democrático burgués es la forma de administración política que se dio la burguesía para sostener al capitalismo y a su rasgo fundamental: el llamado derecho a la propiedad privada.Es en circunstancias históricas como la actual, cuando el predominio del sistema electoral se transforma en la principal herramienta de dominación política, donde aparece el reformismo en su versión mejor disfrazada.Las elecciones cada dos años en Argentina, parlamentarias y ejecutivas alternadamente, muestran con claridad el reformismo de ciertas organizaciones que en los años no electorales levantan una retórica de consignas combativas, y en los años electorales dedican sus esfuerzos a las elecciones. Ambas cosas son prácticas que nada tienen que ver con una revolución.Como escribió el Che Guevara, las elecciones son una oportunidad “para que el presidiario (el pueblo) elija quién habrá de encadenarlo con una bola menos pesada en la punta“.Estas prácticas encubren un fenómeno que ya no es novedoso: el accionar de organizaciones políticas y sociales de izquierda que, en ese período de farsa electoral, de discursos mentirosos y derroche de dineros públicos, optan por incorporarse legitimando al principal método de dominación del Estado burgués mediante su participación en las elecciones.Para justificar la propia existencia del régimen electoral capitalista, a los poderosos les sirve la existencia de agrupamientos de izquierda que le hagan el juego. Estos participarán en las elecciones y al año siguiente tratarán de acumular fuerza y prestigio con discursos más combativos. Y todo ello, para llegar a los siguientes comicios en mejores condiciones para iniciar la negociación que les permita armar una nueva opción electoral. Esta política es funcional al capitalismo.El Che describía de esta forma a la izquierda del sistema electoral capitalista:“¿Por qué estos planteamientos? ¿Por qué esta dilapidación de las energías populares? Por una sola razón. En las fuerzas progresistas de algunos países de América existe una confusión terrible entre objetivos tácticos y estratégicos. Hay que atribuir a la inteligencia de la reacción el que haya logrado hacer de estas mínimas posiciones defensivas el objetivo fundamental de su enemigo de clase”.Una de las premisas del capitalismo para mantener a sectores de izquierda en esa eterna lucha por los cargos y las coaliciones comiciales, no es solamente obtener la legitimación del propio sistema electoral. A su vez, la política que llevan estas organizaciones atada sistemáticamente a los tiempos de las elecciones burguesas, sus trenzas y negociaciones banales, sus esfuerzos por ajustarse a cualquier exigencia “proscriptiva” para participar aceptando todo tipo de condicionamiento, sus esfuerzos puestos en el armado de las listas y las campañas, abonan en el sentido de distraer al pueblo, alejándolo del camino que en verdad preocupa a quienes administran el sistema: la lucha revolucionaria en todas sus formas y el desarrollo de estrategias que apunten a desarrollar la lucha popular hacia la toma del poder.No es al doble discurso, sino al doble poder a lo que le temen las clases dominantes.Los partidos y sectores pertenecientes al ala izquierda del capitalismo dan sus batallas bienales citando incluso textos de Lenin y hasta de Santucho, dirigente del PRT-ERP. Esas palabras están enmarcadas en una situación concreta de un lugar concreto: Rusia en las dos primeras décadas del siglo pasado y en donde posteriormente se erigiría el primer gobierno socialista de la humanidad. Argentina en la década del 70. La dinámica y la esencia del marxismo no permiten asegurar que lo que era tácticamente correcto en la Rusia de principios del siglo XX, lo sea también en la Argentina del siglo XXI. Eso es un dogma; no tiene nada que ver con el marxismo y refleja la opción de quienes nunca tuvieron al poder como objetivo, y cuya política conduce a un acomodamiento en el seno del sistema vigente que los convierte en la izquierda del capitalismo.Sí es importante y fundamental sacar de cada experiencia de los revolucionarios en todo el mundo, a lo largo de una historia rica en procesos de lucha, las conclusiones generales, los aprendizajes más importantes que dejan cada uno, expresados en las palabras de compañeros que estuvieron al frente de los mismos. De nada sirve recortar frases de acuerdo a lo que uno quiere fundamentar, de esa forma lo que hacemos es que lo que ahí se dice pierda sentido, carezca de elementos que nos permitan sacar conclusiones generales para, con esos elementos, poder analizar con más y mejores herramientas teóricas y prácticas en este presente de lucha nuestra intervención política. En esos mismos textos que se mencionan frecuentemente de Lenin y Santucho, de acuerdo a las frases que se tomen, si se lo hace en forma parcializada, se podrían sacar conclusiones muy dispares, como de hecho se suele hacer.Los revolucionarios argentinos, más allá de la identidad política de cada uno, debemos luchar contra el capitalismo, con las formas que sean necesarias en cada momento, sin dejar de lado ninguna de ellas.Decimos con Lenin: “es obligatorio aprender a actuar legalmente en los parlamentos más reaccionarios, en las organizaciones sindicales, en las cooperativas, en las mutualidades y otras organizaciones semejantes, por más reaccionarias que sean”. Y reafirmamos, con todas las formas que sean necesarias en cada contexto determinado, diciendo también con Lenin, en ese mismo documento recién citado: “El boicot de los bolcheviques contra el “parlamento” en el año 1905 enriqueció al proletariado revolucionario con una experiencia política extraordinariamente preciosa, haciéndole ver que, en la combinación de las formas legales e ilegales, de las formas parlamentarias y extraparlamentarias de lucha, es, a veces, conveniente y hasta obligado saber renunciar a las formas parlamentarias”.Nos interesa poner en debate acerca de una situación particular, un ejemplo concreto en una situación concreta, la cual como decíamos más arriba es una y otra vez traída mecánicamente al presente. Nos interesa analizar las condiciones que se daban en ese contexto histórico, para poder sacar de allí las conclusiones generales.Cuando el PRT planteó la posibilidad de la participación electoral en 1973, lo hizo en el marco de un auge de masas; lo hizo paralelamente con el desarrollo de un ejército guerrillero en operaciones (ERP); lo hizo en el contexto de construcciones políticas a nivel de partido (PRT), sindicales (MSB – Movimiento Sindical de Base), frentistas (FAS – Frente Antiimperialista y por el Socialismo), rurales y urbanas, a lo largo y ancho de Argentina; y con una perspectiva internacionalista de carácter continental contra el imperialismo ( la Junta de Coordinación Revolucionaria- JCR). Y debe recordarse también que esa participación electoral nunca llegó a desarrollarse, porque principalmente el enemigo de clase, sabía que detrás de esa propuesta había un partido revolucionario, un ejército revolucionario, y un amplio espectro de organizaciones populares decididas a dar combate en todos los terrenos contra el capitalismo.Todo aquello sucedió en el contexto de amplios sectores de la clase obrera organizados en agrupaciones clasistas, con dirigentes de la talla de Agustín Tosco, Leandro Fote o René Salamanca, entre muchos otros, que venían de enfrentar exitosamente a las dictaduras de los generales Juan Carlos Onganía, Roberto Levingston y Alejandro Lanusse, y de experiencias insurreccionales como el Cordobazo, el Rosariazo y otros levantamientos masivos en diversos puntos del país que tuvieron a la clase obrera, los estudiantes y otros sectores populares como protagonistas.En ese contexto, todos esos sectores luchaban por la apertura de las libertades democráticas, luego de años de dictadura, persecuciones, asesinatos, sindicatos intervenidos, proscripciones. Muchos sectores del pueblo trabajador, miraban con ansias en ese contexto y depositaban expectativas en el proceso electoral que se abría en esos años, que pretendía frenar el auge de masas que venía en una espiral ascendente de la mano del desarrollo de organizaciones revolucionarias. Analizaba el PRT en relación a esto unos años antes, en 1971: “jaqueada por las explosivas protestas masivas de la clase obrera y por el desarrollo de la guerra revolucionaria, la dictadura se repliega y comienza a hacer concesiones…con ello se abre un nuevo panorama…de relativa legalidad…si sabemos utilizarlo, fortalecerá nuestra estructura al multiplicar los lazos con las masas”. Hubo otro momento particular, en un contexto político determinado, año 1965, donde planteaba el PRT: “el hecho fundamental que da un contenido revolucionario y clasista a dicho proceso (se refiere a la participación electoral en la provincia de Tucumán), lo constituye la elección de candidatos por asamblea de Ingenios y el programa levantado por el Ingenio de San José”. Reafirmamos la necesidad de sacar de cada una de estas experiencias las conclusiones generales, a no tomarlas ni mecánica ni linealmente.
El contexto actual y las tareas
Tomando en cuenta las formas que adquirió el sistema democrático burgués en los últimos años, con la restricción y acotamiento de las libertades individuales y colectivas, la represión sistematizada en forma cada vez más cruenta, y el bombardeo ideológico constante sobre los trabajadores y el pueblo, la eventual participación electoral de las organizaciones populares tiene límites impuestos por la realidad. La aceptación de las condiciones impuestas por la burguesía para la participación electoral no permite siquiera que se use en este contexto a las elecciones como una táctica para crear tribunas de difusión de las ideas revolucionarias.Mucho menos, para convertirse en el “costado izquierdo” del actual gobierno de Cristina Fernández de Kirchner o de cualquiera de sus pares a niveles provincial o municipal, e incluso de alternativas cargadas de populismo que no cuestionan ni por asomo el tema de fondo: la cuestión del poder en Argentina. Cualquier análisis objetivo nos muestra con claridad que el voto universal resultante de campañas financiadas por empresas privadas y por el saqueo de los recursos estatales, sólo sirve como herramienta del capitalismo.Hay un dato objetivo de la realidad: son millones los que no participan de las elecciones burguesas. En las del 2009, 9 millones de los empadronados no fueron a votar, votaron en blanco o anularon su voto. Hay una gran mayoría del pueblo trabajador que no deposita ninguna expectativa en las elecciones burguesas, que no espera ningún cambio a partir de las urnas, y esto no se expresa sólo en los millones que no votan, muchos que van a votar lo hacen sin poner espectativas en dicho proceso y en sus candidatos. Son minoría los que puedan defender y se muestren entusiasmados en estas elecciones.La única tribuna imprescindible para hacer crecer las alternativas revolucionarias de la clase obrera y el pueblo en esta etapa, es la organización y la lucha en las fábricas, los talleres, los barrios pobres, las organizaciones de obreros rurales y campesinos, las universidades, los colegios, las calles de la Argentina.La acumulación de fuerzas indudablemente necesaria para fortalecer al campo popular, en las actuales condiciones, pasa por más pueblo organizado para la lucha, por el crecimiento de las organizaciones revolucionarias en ligazón con sectores cada vez más amplios del pueblo trabajador, por la materialización de la ideología revolucionaria, especialmente en el seno del movimiento obrero, en los barrios humildes, entre los campesinos pobres y entre los sectores más avanzados del estudiantado.
Pasa además por los avances en los procesos unitarios -orgánicos o en la acción-, entre diversos agrupamientos revolucionarios y la aplicación concreta de líneas de acción capaces de marcar el camino hacia la construcción de poder popular, elevando al mismo tiempo los niveles de conciencia y los niveles de enfrentamiento con nuestros enemigos. Nada tenemos que ver nosotros con los procesos electorales en esta etapa. Nuestra única participación debe ser explicar en todas partes el carácter explotador y falaz de sus contenidos, y promover que los más amplios sectores del pueblo desafíen el orden burgués establecido, por la liberación y para terminar con todo tipo de explotación.


