La matanza perpetrada en Libertador General San Martín contra centenares de familias pobres que reclamaban tierras para vivir, fue una acción combinada entre el gobernador kirchnerista de Jujuy, Walter Barrionuevo, y la empresa Ledesma SAAI.
La responsabilidad política y operativa de los crímenes cometidos por la policía provincial y los mercenarios que trabajan para Ledesma es tan indudable como la responsabilidad política de los dirigentes responsables de las muertes de Maxi y Darío en el Puente Pueyrredón.
La empresa Ledesma SAAI tiene una larga historia en materia de represiones y masacres. Una de ellas, quizás la más tristemente célebre, fue la conocida como “el Apagón de Ledesma” ocurrida entre el 20 y el 27 de julio de 1976, cuando las Fuerzas Armadas del capitalismo desangraban a la Argentina.
En esos trágicos siete días, los uniformados secuestraron a 400 personas. Para ello, produjeron un apagón general en la localidad, cuyo suministro eléctrico manejaba precisamente Ledesma SAAI. A pesar de la oscuridad, los pobladores pudieron identificar a las decenas de vehículos en los que se movilizaban los secuestradores: pertenecían a la misma empresa, que aportaba de esa manera al operativo militar.
Los apresados eran trasladados después al puesto de Gendarmería que funcionaba….dentro de las instalaciones de Ledesma SAAI. Allí comenzaban las torturas antes de trasladar a las víctimas al campo de concentración que funcionaba en Guerrero.
El presidente de Ledesma SAAI, Carlos Pedro Blaquier, fue protagonista voluntario de aquellos hechos, con el mismo entusiasmo con que aportó a la masacre cometida hace unos días contra los pobres que no tienen donde vivir.
Este hombre no es solamente un empresario, sino también un intelectual que se ha destacado por dar fundamentos teóricos a la explotación en Argentina. Algunas de sus ideas están en sus libros y en sus declaraciones públicas.
Una de éstas últimas es ejemplificadora: “Nada de lo que dicen estos zurdos me preocupa, pero sí me empezaría a preocupar si algún día dejaran de criticarme”.
Los “zurdos”, obviamente, son los que critican sus atropellos contra el pueblo.
Pero no se queda allí Don Carlos Pedro Blaquier. En su Manual de Historia Argentina impreso por Editorial Dunken, este amigo de lo ajeno califica a los pueblos originarios y a su colega azucarero y militar, el General Roca, de manera singular: “los indios sometidos por Roca no solamente fueron usurpadores, sino también genocidas, a pesar de que el tratamiento que se dio a los que se sometieron voluntariamente fue muy generoso”.
A confesión de parte, relevo de pruebas.
Calos Pedro Blaquier, sin embargo, no es un personaje del pasado sino una figura del presente y con proyección internacional. En 2010, la República Italiana le dio el título de “Commendatore” y este año la República Francesa lo condecoró con el título de Caballero de la Legión de Honor. Berlusconi y Sarkozy vieron en él a un igual.
Es curioso. De la misma manera en que los kirchneristas trataron de despegar a la presidenta Cristina Fernández del gobernador formoseño Gildo Insfrán cuando el gobierno de éste último asesinó a los QOM en La Primavera , hoy intentan deslindar responsabilidades de la matanza jujeña.
Lo mismo hicieron con el caso de Mariano Ferreyra: la Policía Federal que controla el Ministerio del Interior de la administración cristinista, generó las condiciones para que la patota armada por José Pedraza -también amigo de Cristina que hasta se sacó fotos con la gorrita puesta que le regaló la burocracia ferroviaria- baleara a los manifestantes y matara a Ferreyra.
Pero en el caso de Blaquier, el asunto adquiere ribetes ridículos, ya que la relación entre el mandamás de la empresa Ledesma y Cristina Fernández tiene forma de confesión.
En una larga entrevista que publicó el diario La Nación el 25 de julio del año pasado (http://www.lanacion.com.ar/1287761-en-este-pais-a-todo-el-que-tiene-guita-lo-ataca-la-zurda ) Blaquier fue clarísimo. “nadie puede negar que este gobierno ha apoyado mucho a la industria nacional, y la sigue apoyando”, dijo.
Y seguidamente, le entrego al periodista un poema de su autoría que dice así:
Se ha incrementado la venta
del cerdo vivo o carneado
después de haber escuchado
a Cristina presidenta.
Las propiedades del cerdo
eran para mí un enigma,
desde hoy son un paradigma
y la vaca es un recuerdo.
Y por potenciar la cosa
como cerdo a toda hora
y gracias a la Señora
hoy tengo novia mimosa.
Por eso soy cristinista
y nada me hará cambiar
soy cristinista a rabiar
y un convencido activista.
La explicación de semejante exabrupto literario es simple: el gobierno nacional apoyó en todos sentidos a la empresa productora y exportadora de carne de cerdo que tiene Blaquier.
Y tan simple y grotesco como es el texto en cuestión es la mentira permanente que trata de encubrir una realidad evidente: los muertos del pueblo en protestas sociales, que ya suman 14 en los últimos doce meses, forman parte de una política de estado que se pretende ratificar mediante la farsa electoral del 23 de octubre.
Quien mire con atención el panorama, sabrá entonces que cualquier candidato que se vote en las próximas elecciones tiene un reverso oculto en la boleta: le guste o no, está votando por los intereses de clase que representa Carlos Pedro Blaquier.


