En el marco de un encuentro entre organizaciones comprometidas con la lucha de los apresados y perseguidos políticos en todo el mundo, llevado a cabo en Donostia, Euskal Herria (País Vasco) en el año 2005, se decide realizar una jornada internacional de lucha por la libertad de los presos políticos el día 17 de abril e instaurar de allí en más ese día como de difusión y lucha por la libertad de los luchadores presos. Desde entonces, cada 17 de abril nos encuentra en jornadas de lucha simultáneas en muchos puntos del mundo en el Día Internacional del Preso Político y exigiendo la libertad de los compañeros que este sistema encarcela por luchar.
En todos lados del mundo hay presos por luchar, porque en todas partes del mundo hay opresión e injusticias, hambre y represión, como también hay luchadores dispuestos a dejar su vida en la pelea por una vida mejor para su pueblo. Y a medida que crece la organización de quienes enfrentan a los poderosos y ponen en juego la estabilidad de su poder y sus ganancias, los estados capitalistas -como fieles representantes del imperialismo que marca sus pasos- sacan a relucir toda su capacidad de explotación y represión atacando a los sectores socialmente más vulnerables como a los políticamente más organizados para la confrontación.
Es así como los estados capitalistas, sin importar de qué hemisferio se trate, atacan fundamentalmente a los luchadores, por ser quienes más ponen en riesgo la continuidad de su existencia. Esta es la razón por la cual los estados capitalistas fueron, son y serán represores al servicio de los intereses de esa minoría explotadora: la burguesía. La represión es inevitablemente política de estado para ellos porque el único mecanismo que tienen para subsistir es la imposición de su sistema injusto, la imposición de la opresión. Prueba de esto es que en la mayoría de los países del mundo, en todas las épocas y sin importar cual sea el gobierno de turno, todos los estados capitalistas se encargaron de aplicar y profundizar las acciones represivas contra cualquier expresión que atente contra sus políticas de hambre, represión y saqueo.
Esta política represiva tiene, a grandes rasgos, dos ejes centrales.
Por un lado intentan disciplinar mostrándose como invencibles desplegando la represión “preventiva” a través del hostigamiento, la tortura y el gatillo fácil, fundamentalmente dirigido a los jóvenes de los sectores populares tratando de evitar que se animen a reaccionar frente a las injusticias, a confrontar lo impuesto, y mucho más aun a organizarse para luchar. Paralelamente, descargan la represión “selectiva” atacando a quienes contribuyen a la lucha organizada.
Para ambos tipos de represión necesitan inevitablemente (y cuentan con ello) del apoyo constante de dos grandes aparatos estatales: el aparato represivo propiamente dicho (policías, fuerzas parapoliciales, FFAA) y el aparato judicial (jueces al servicio de los intereses de quienes gobiernan y leyes que les permitan impartir injusticia con total impunidad). Además de los medios de comunicación que hacen de constructores de “consenso social” para intentar que estas acciones puedan llevarse adelante.
Actualmente en Argentina la colaboración y complicidad de ambos aparatos está a la orden del día.
Bajo la fachada de gobierno “progre” se descubre al gobierno con más presos por luchar que este país ha tenido desde la caída de la dictadura genocida hasta hoy. Gobierno bajo el cual más se ha profundizado y perfeccionado la aplicación de las leyes antiterroristas a pedido del FMI, del imperialismo, punto emblemático de acuerdo entre oficialismo y oposición.
Este gobierno ha logrado cooptar a través de enormes mentiras y a cambio de migajas que sólo quedan en lo simbólico a organizaciones que en otros tiempos estuvieron en la calle defendiendo los derechos humanos, cuando supieron acompañar las luchas populares en defensa de reclamos justos, cuando no estaban dispuestos a reconciliarse con los asesinos y que hoy cínicamente están en la primera fila de la campaña por la reelección de Cristina en el 2011.
Sólo basta sacar cuentas para notar que los cerca de 200 procesados vinculados a la dictadura sobre los que este gobierno no se cansa de hacer campaña, no llegan a representar ni siquiera uno por cada uno de los más de 500 centros clandestinos de detención que estuvieron en actividad bajo ese régimen. Más evidenciada queda la mentira si tenemos en cuenta que solo 40 de ellos están condenados. Y este disfraz termina de traslucirse por completo si agregamos que paralelamente, los procesos a luchadores populares crecieron de a miles bajo los gobiernos de Néstor y Cristina. La política del doble discurso de este gobierno, que trabaja sobre lo simbólico para profundizar la dominación sobre el pueblo trabajador. Pero a pesar de haberse esforzado mucho por mostrar esa imagen progresista en favor de los derechos humanos, al gobierno de Cristina se le cae la careta cada vez que miente sobre índice de inflación e ignora el hambre que vive la gran parte del pueblo, cada vez que deja impunes a los asesinos (algunos genocidas de “ayer” y muchos otros de hoy), cada vez que lamentamos la muerte de un nuevo compañero asesinado en el marco de movilizaciones populares.
Son la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y sus aliados los que salen incansablemente por los medios a declarar descaradamente que “no reprimen” mientras bajo el gobierno de los K sigue creciendo el número de compañeros muertos en las calles que fueron asesinados por las balas de represión estatal, ya sea proveniente de la clásica represión policial, o de viejos aliados como las patotas sindicales de las patronales (como en el caso de Mariano Ferreyra). A esto se suma que 1 chico es asesinado por día por gatillo fácil y tortura en el gobierno kirchnerista.
A los que este gobierno asesina y tortura por ser pobres; a los que persigue, procesa y encarcela por ser luchadores y a los que mata por manifestarse hay que sumarle a los que desaparecieron: Jorge Julio López (2006) y Luciano Arruga (2009) son dos ejemplos que exponen la hipocresía de quienes dicen que este es “el gobierno de los derechos humanos”
Queda claro que la autoproclama que hace este gobierno de defensa de los derechos humanos es sólo una fachada que se derrumba día a día.
Todo esto demuestra que todo vale cuando se trata de frenar la resistencia. Donde sea que el imperialismo ejerza su opresión, donde sea que los estados capitalistas reproduzcan este sistema de pocos ricos a costas de millones de pobres, crece la resistencia de los pueblos.
Éste es nuestro compromiso, el de organizar la resistencia y enfrentar a los poderosos que nos hambrean, torturan, encarcelan, desaparecen y asesinan. Por el cese de la persecución a los luchadores, por el cierre de las causas y anulación de las condenas, por castigo a los asesinos de nuestros compañeros, por la libertad de todos los presos por luchar.
¡Más organización y más lucha para arrancar a los presos del capitalismo!
Desarrollar poder popular en el camino de la construcción de una sociedad donde no exista la explotación del hombre por el hombre.


