El 24 de marzo de 1976 los poderosos de la Argentina dieron un golpe de estado que tenía tres objetivos centrales: terminar con la resistencia obrera y popular que se oponía a las políticas económicas y represivas que ya venía aplicando el gobierno peronista encabezado por Isabel Martínez de Perón; aniquilar a las organizaciones revolucionarias que desde varios años antes combatían al imperialismo y al capitalismo, para tomar el poder en nuestra Patria y encarar la construcción del socialismo; y profundizar la política de concentración económica que provocó desindustrialización, desempleo y pobreza .
El golpe y sus métodos aberrantes no fueron decisiones unilaterales de los militares, sino de la burguesía local que siguió obediente el mandato del imperialismo yanqui en toda América latina: aplicar la Doctrina de la Seguridad Nacional. Las grandes multinacionales y sus socios nativos, las dirigencias partidarias del sistema, la jerarquía eclesiástica, y los organismos armados del capitalismo actuaron de conjunto.
Una vez que la dictadura se desgastó por sus propias contradicciones y por una incesante resistencia popular, los uniformados entregaron el gobierno a las administraciones civiles que continuaron su tarea en materia económica y diseñaron un país con hambre, miseria, desempleo y represión para sostener a un capitalismo en crisis que profundizó la explotación como medio para asegurar sus ganancias.
Alfonsín, Menem, De la Rúa , Duhalde, Néstor y Cristina Kirchner, cada uno con su estilo, intentaron e intentan conservar los rasgos principales de la sociedad capitalista, en este caso, usando a la democracia representativa de los intereses de los poderosos como sistema de gobierno, ofreciendo al pueblo la posibilidad de elegir cada dos años en las urnas a sus verdugos.
En ese marco, las Fuerzas Armadas del capitalismo siguieron formándose como estructuras represivas de los poderosos. El general Luis Pozzi, oficial destinado en Campo de Mayo durante el período más sangriento del mayor campo de concentración que hubo en el país, está al frente del Ejército, nombrado por el gobierno kirchnerista, y la formación de los mandos militares está a cargo de las instituciones descentralizadas yanquis que reemplazaron a la Escuela de las Américas. Sus oficiales de inteligencia dan cursos en Paraguay para combatir a la guerrilla y a los campesinos que se rebelan en ese país, y al mismo tiempo forman parte de la ocupación de Haití. Pero el gobierno dice que los militares actuales son “democráticos”, lo que representa una mentira más.
Con un falso discurso sobre defensa de los derechos humanos el oficialismo trata de encubrir sus políticas antipopulares: pago de la deuda externa, represión, presos y procesados políticos, desaparecidos como Julio López y Luciano Arruga, inflación, miseria extendida, falta de viviendas, de agua potable y de condiciones sanitarias para millones de personas, entrega de los recursos naturales a capitales locales y extranjeros, mayor enriquecimiento de los poderosos y represión a los que resisten, gracias a las medidas de un gobierno que defiende los intereses capitalistas y que este año va a tratar de mantenerse a través de las elecciones para seguir explotando a los trabajadores y al pueblo pobre.
Ante esta realidad, proponemos más organización y más lucha, hasta alcanzar la liberación definitiva e instalar un gobierno de los trabajadores y el pueblo.


