“¡¡A ver, aver…quien dirige la batuta…los estudiantes..o el gobierno hijo de puta, yuta puta..!!” era el grito que unificaba a los estudiantes secundarios de diversos colegios de Buenos Aires frente la legislatura de la capital argentina, a centímetros de la cara de los numerosos policías que custodiaban el ingreso al edificio.
Adentro, el ministro de Educación porteño, Esteban Bullrich, intentaba explicar lo inexplicable ante los legisladores de todos los bloques, dirigentes sindicales docentes y representantes estudiantiles.
Cifras de obras que comparaban con las de gestiones municipales anteriores, cuadros con dibujos y más números, justificaciones varias y otros argumentos formales, sonaban como un spot de campaña del macrismo para mostrar que la desastrosa situación de la educación pública en la ciudad de Buenos Aires era culpa de las administraciones previas y que su gobierno hacía lo posible por remediarlo. Nadie le creyó una sola palabra.
Mientras esto ocurría, los estudiantes reunidos en la puerta de la Legislatura sostenían a gritos que “por más que mientan, por más que los medios digan que somos terroristas, por más que hagan listas para darle a la policía, por más que amenacen, que la cana les pida documentos a los pibes en la puerta del colegio, por más que repriman, les vamos a demostrar que los estudiantes no nos vamos a rendir, y que si el lunes 6 no tenemos soluciones, ya no van a ser 23 colegios los que estarán tomados, sino que van a ser más de 50, y después todos los colegios”.
Otro estudiante recordó que “es necesario que vayamos a las asambleas para decidir los cortes de calles que vamos a hacer esta semana, porque la lucha no va a parar. Dicen que nuestras acciones son políticas. ¡Y claro que son políticas! Porque estamos en contra de la política destrucción de la educación pública y a favor de una política de educación pública gratuita y de calidad para todos”.
Después de cada orador, sonaban con fuerza los bombos y redoblantes y se repetían con todo la consigna “¡La educación del pueblo no se vende, se defiende!”.
Los gremios docentes por su parte, ya anunciaron diversas acciones de protesta callejera desde hoy, y poco a poco van apareciendo padres y madres de alumnos dispuestos a defender la educación pública en la calle junto a sus hijos.
Organización y lucha, discurso y acción: ese es el curso que ha tomado este conflicto en el que los estudiantes secundarios porteños se hicieron cargo de sus propias necesidades con sus propias decisiones.
Así las cosas, todo indica que el próximo 16 de septiembre, aniversario de la “Noche de los Lápices” cuando en 1976 nueve estudiantes secundarios fueron secuestrados, torturados y seis de ellos asesinados por la dictadura militar, puede ser una noche memorable que señala que las luchas de ayer renacen en las de hoy.
A puro grito, a pura organización, en plena calle, con iniciativa, chicas y chicos demuestran que con ovario y huevo se puede empezar de nuevo.


