Este 24 de marzo reivindicamos en las calles la verdadera historia de todos los luchadores caídos durante los regímenes capitalistas.
Se trata de la historia de compañeros organizados que fueron parte de un pueblo en el que la conciencia de clase iba forjándose al calor de las luchas. Un pueblo que empezó a despertar y a darse cuenta de que sus manos eran el motor de la historia, y logró que su enemigo de clase, la burguesía, temiera por sus privilegios.
En toda América Latina, la burguesía ha utilizado principalmente dos sistemas de control político y social: los “regímenes dictatoriales” encabezados por militares que seguían la Doctrina de Seguridad Nacional, y los “regímenes democráticos-constitucionales”.
La finalidad de ambos fue y es siempre la misma: asegurar la gobernabilidad para preservar el “orden” de los negocios de las empresas y de los bancos locales y transnacionales que saquean América Latina dejando sólo pobreza y exclusión social a su paso.
Democracia burguesa y dictadura militar son dos caras de la misma moneda: la burguesía las utiliza para continuar explotando y oprimiendo al pueblo. Son los mismos titiriteros los que mueven a sus funcionarios, sus jueces, sus medios de comunicación, sus fuerzas represivas, en democracia burguesa o dictadura militar, para frenar la revolución y eliminar la resistencia popular.
Este 24 de marzo que pasó, esos titiriteros pretendieron vaciar de contenido la lucha y sacrificio de los compañeros secuestrados, torturados, asesinados a manos de sus fuerzas represivas.
El gobierno, y todos los partidos fieles representantes de los intereses de la burguesía, pretendieron condenar la dictadura y contraponerla a la “democracia” actual, como si acaso la dictadura militar no hubiera sido orquestada para asegurar esta democracia burguesa. Y además como si los partidos del sistema, PJ, UCR y demás no hubieran sido parte de ese plan.
Pretendieron eliminar en esta fecha aquellas palabras que el 24 de marzo de 1976 ya sonaban cada vez más fuerte en las fábricas, en las universidades, en las asambleas de trabajadores, en el campesinado pobre, en los panfletos, en las marchas. Aquellas palabras que proponían la revolución socialista y que quisieron borrar con la sangre de los mejores hijos e hijas de nuestro pueblo.
Sin embargo, en esta fecha, en todo el país, se realizaron actividades, manifestaciones, actos, escraches, que dejan claro que a pesar de la historia escrita por los enemigos del pueblo, en Argentina siguen vivas las llamas de la revolución.
No estuvimos recordando una efemérides junto a los representantes de la burguesía. Tampoco derramamos lágrimas en actos ni en marchas junto a aquellos que pretenden hacer del enorme sacrificio de millares de luchadores una cuestión del pasado,
Por el contrario, nosotros levantamos bien alto las banderas por las que nuestros compañeros lucharon. Reivindicamos la necesidad, hoy más que nunca, de pelear por el poder real en todos los terrenos.
Este 24 de marzo, los titiriteros de siempre intentaron reforzar la idea de que el camino a la transformación es gradual, lento, siempre dentro de las reglas del Estado burgués.
Una visión así, sólo proviene de quien se está beneficiando del sistema, y sólo aboga por su sostenimiento. La burguesía engaña con promesas de cambios que no cuestionan la esencia explotadora y opresiva del sistema. Sus representantes ocupan los puestos del poder estatal para mantener la opresión y explotación.
Creer que el Estado hecho por y para los capitalistas es neutro o un aparato útil para la transformación, es reformismo. Es negar un hecho ampliamente demostrado por la historia: las clases dominantes jamás cederán sus privilegios, jamás querrán perder su autoridad de mandar, explotar y humillar a millones. Utilizarán todos los recursos a su alcance para evitar la revolución socialista, ya que ello implica la expropiación de su capital, que fue producido por los trabajadores, y que ellos expropian a diario.
Muchos “Organismos de Derechos Humanos” que años atrás tuvieron un rol importante en las luchas de nuestro pueblo, hoy son parte de las políticas de continuidad del aparato represivo, conciliando y reduciendo la lucha a juicios que llevan adelante los mismos jueces que en los `70 encarcelaron a los compañeros o fueron parte de las desapariciones, ocultando la existencia de presos políticos, procesados por luchar, represiones y gatillo fácil. Son parte porque eligieron olvidar que las muertes por hambre o enfermedades curables son también un genocidio. Son parte cuando como el caso de la ex compañera Hebe de Bonafini, que se transformó en una vocera oficial del gobierno K. Son parte cuando llaman a defender las instituciones y a apoyar un gobierno que paga la deuda externa contraída durante la dictadura militar y sobre todo con el hambre de todo un pueblo. Los 30.000 compañeros desaparecidos mueren nuevamente cuando se paga la deuda externa. Los caídos en la lucha popular, hoy vuelven a nacer en las luchas del pueblo trabajador y no en las instituciones del estado burgués.
Aquellas organizaciones que mantienen una política oportunista y reformista, que no marcan una línea clara frente al gobierno o lo hacen sólo en el discurso, que reducen en estas jornadas el planteo a un reclamo contra la impunidad, que no les parece contradictorio marchar junto al gobierno represor y todos sus agentes, que plantean que ese día “tenemos que estar todos juntos”, represores y reprimidos, hambreadores y hambreados, saqueadores y saqueados, terminan siendo funcionales a la política de este gobierno de intentar limpiar las fuerzas represivas y ocultar la verdadera cara de la democracia burguesa.
Este 24 de marzo, nuestro mensaje fue claro. No estamos dispuestos a generar confusiones sobre el verdadero sentido que tuvieron las dictaduras militares, y que siguen teniendo las democracias burguesas. Hoy, como ayer, nuestro pueblo no se resigna a seguir dando su sangre para que unos pocos vivan mejor. Hoy, como ayer, la única salida es la revolución socialista.
“Mi tumba no anden buscando
porque no la encontrarán,
mis manos son las que van
en otras manos tirando,
mi voz la que está gritando,
mi sueño el que vive entero,
y sepan que sólo muero
si ustedes van aflojando,
porque el que murió peleando
vive en cada compañero.”
Carlos Gutierrez


