UN DÍA DE LUCHA
Este 24 de marzo en Buenos Aires se caracterizó por una diversidad de actos y conmemoraciones que reflejaron las diferentes posturas de sus organizadores.
Por un lado el kirchnerismo y sus aliados armaron un festival musical en Plaza de Mayo. Organizado por la Comisión del Bicentenario oficialista, contaron con una importante lista de actores, actrices, músicos e intelectuales que se prestaron a convertir lo que debería ser una fecha en la que la lucha de los caídos en los ´70 resulta central como proyecto político, en un recital que no refleja el pensamiento y mucho menos la acción de quienes combatieron por la liberación nacional y el socialismo y que integran mayoritariamente la lista de desaparecidos en nuestro país.
Por otra parte, a la misma hora, las organizaciones que se juntan cada año a Memoria, Verdad y Justicia (MVyJ) se congregaron frente al Congreso para marchar hacia la misma plaza. Tras una negociación telefónica entre los referentes de ambos espacios, se llegó a un acuerdo aparentemente salomónico: mientras unos escuchaban a los artistas, los otros ingresaron mansamente a Plaza de Mayo para leer su documento conjunto, gritar algunas consignas y retirarse al compás de los músicos que tocaban en el otro acto realizado en el mismo lugar a la misma hora.
Diferenciándose de ambos, una tercera alternativa apareció en escena: el acto en Plaza San Martín, donde unos 2000 compañeros coincidimos en que “los actos oficialistas y los actos hegemonizados por el reformismo y el populismo no nos representan políticamente, porque estamos convencidos de que no podemos apoyar a sectores vacilantes ni despertar esperanzas en políticos que no realicen una práctica revolucionaria. Podemos compartir con esos sectores las luchas democráticas y reivindicativas, pero no los defendemos ni apoyamos, porque confiamos únicamente en las auténticas fuerzas revolucionarias de nuestro pueblo, porque no nos confundimos ante ningún vacilante, ni ante ningún partido ni dirigente que esté en todo momento bajo la influencia del enemigo”.
Los ocho oradores de este acto que fue rodeado por hidrantes, transportes de tropas de la Policía Federal , decenas de policías de civil, numerosos integrantes de los servicios de inteligencia del Ejército, cámaras con teleobjetivos en todos los techos y terrazas adyacentes, reafirmaron su voluntad de levantar las banderas de las organizaciones revolucionarias que en los años del último golpe de estado combatieron heroicamente a los enemigos del pueblo en todos los terrenos, al tiempo que reivindicar las luchas de masas que los trabajadores, los estudiantes, los intelectuales comprometidos con su pueblo, los campesinos y otros sectores agredidos por el capitalismo, desarrollaron contra el imperialismo y el gran capital concentrado.
Al término del acto que se realizó bajo la consigna “contra los enemigos de ayer, de hoy y de siempre; por un gobierno obrero y popular”, quedó el compromiso general de continuar la actividad política conjunta por los caminos de unidad en la teoría y la práctica como principal criterio de verdad.
En Plaza San Martín se coincidió también en “disputar cada palmo de terreno a los enemigos del pueblo, para desmentir que la gesta de la independencia anticolonial liderada por José de San Martín y por el Ejército Libertador, tenga algo que ver con quienes asesinaron antes y ahora a nuestro pueblo y entregaron el país a la voracidad capitalista local y foránea. Por el contrario, aquella gesta anticolonial forma parte de una continuidad histórica que hoy tiene absoluta vigencia transformada en lucha antiimperialista y anticapitalista, como señalaron nuestros Comandantes Ernesto Guevara y Mario Roberto Santucho, mostrando el camino hacia la segunda y definitiva independencia, que no será posible sin la construcción del socialismo en Argentina y en toda América latina”.
La Plaza San Martín, usada hasta hace poco por Cecilia Pando y sus seguidores que reivindican a la dictadura genocida y a los represores de antes y ahora, se convirtió así en un lugar que fue ocupado por trabajadores ocupados y desocupados, estudiantes, intelectuales, mujeres y hombres del pueblo, dispuestos a enfrentar a los sectores que instalaron la miseria popular como política de estado, sean civiles o militares, tanto ayer como hoy, en todo el territorio nacional.
De allí en más, quedó el compromiso explícito de seguir construyendo un espacio político que sin caer en ninguna tentación reformista o populista, sea capaz de convertirse en una opción de poder que se instale y constituya como una alternativa ante la indignidad capitalista en cualquiera de sus variantes.


